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[OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.<Cap 6>
Viejo 12-20-2010, 10:13 PM   #1 (permalink)
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[OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.<Cap 6>

Bien eh aqui otra idea original, las mente maestra tras este fic es adballa(miembro de Foros Dz) amigo mio y yo elgatoblanco como co-autor llevamos mas de una semana preparando este trabajo en conjunto de ambos, yo trabajo como escritor y diseñador de personajes de la serie y adballa es el editor y escritor tambien de los capitulo , primero que todo publicaremos el primer capitulo, los dibujos de los diseños de cada personajes vendran despues por ahora los dejo con el capitulo uno.


PATRIOTS
Battles for Liberty
CODE: 01----The Beginning.

Ciudad de New York, base subterránea, 6:00.

ADVENT… En letras grandes, y en medio de una doble hélice, compuestas por los lazos de la libertad. El estado natural del hombre, es la guerra; la mayoría de las veces, la guerra fría. La base subterránea de ADVENT, vino a convertirse en el lugar más seguro de América y el mundo, cuando la III Guerra Mundial, dio comienzo.

Aquel malentendido (Al menos la ONU, quiso que se viera de esa manera), se gestó en él año 2014, durante la convención de Basilea, Suiza.

El mundo estaba ante la presencia, de un potencial recurso energético, que según los científicos, sería infalible por los siguientes 500 años. Aunque el nombre de dicho componente, jamás fue revelado, se dio por sentado que ninguna de las naciones pudo ponerse de acuerdo en el momento y el lugar que debían hacerlo.

La ONU quiso minimizar el número de muertes y desastres humanos, con un acuerdo por el cual los países que participaran del conflicto, pusieran en marcha una Guerra fría, por los siguientes tres a años. Ya para ese entonces, se había creado ADVENT y su proyecto: Patriot, se ponía en marcha.

•Y pensar que estábamos diseñándolos desde mucho antes… A veces creo, que los políticos podemos leer el tiempo.

•O simplemente ocultarlo. En tiempos como este, resulta lo más conveniente.

El gigante blanco no podía escucharlos, ni leer sus mentes. Pero fue el único testigo, el día que la armada rusa, dio la señal de alerta. Los Estados Unidos, tenían siete días para prepararse, y ya había pasados seis…

El hombre de traje, con la chapa presidencial, dejó en las manos del científico, una carpeta blanca con el dibujo de una gloriosa y llamativa llama. Al tope de la misma, rezaba en letras pequeñas la palabra: Liberty.

•¡Querido Sr. Presidente!, me temo que se ha equivocado de individuo. Este no es mi trabajo.

•Ciertamente. Su trabajo será esperarme en su oficina con esa carpeta. Me parece conveniente, que sepa algo de nuestros pilotos.

•Además de ser mocosos egocéntricos y malcriados, ¿Qué más debo saber?

•Bueno… Supuse que le gustaría saber, el nombre de esos “mocosos egocéntricos y malcriados”

La carpeta se abría con tal gracia, que no hacía extrañar el uso de la tecnología para cosas como esta. La primera impresión del científico, no fue de asombro, sino de aceptación. El nombre de Rachel Barret, centrado en la cabeza de la página, con una foto a manera de detalle; justo debajo del distintivo, lo decían todo.

•Después de todo, esta niña estaba aquí por algo…

El científico recalcó en el físico de Rachel, antes que en el suyo:

Cabello castaño largo, que se camuflaba hermosamente con la luz que atravesaba tenuemente los árboles; ojos color miel, dignos de una verdadera señorita y un cuerpo que encajaba en las medidas. Parecía que ADVENT, escogía modelos, más que prospectos.

Pasando a su aspecto psicológico, Rachel podía aportar mucha de su autoestima para cualquiera de las misiones a las que fuese asignada, pero también podía sacar fácilmente de quicio, a todos sus compañeros, si es que podía tener alguno…

El científico revisó el resto de los documentos, que se hallaban en la carpeta, y luego la cerró.
Suspiraba y miraba de nuevo al gigante. El presidente y él, eligieron el nombre, cuando los ministros de Rusia y China, quisieron denigrar la soberanía estadounidense.

•“En su país, ¡No hay patriotas!” - Le dijeron.

Fuera de sus pensamientos, el científico dijo.

•Aquí tenemos uno.

10:00, tercera planta subterránea de ADVENT.

Largos y angostos pasillos. Iluminados aunque muy cuadrados. El hombre alto, de cabello rubio corto, pero muy la moda, por así decirlo. Un sujeto que cuidaba bien su físico, con intenso ejercicio, que distaba bastante del militar.

Una barba con forma de “candado”, una chaqueta azul marino, muy mal combinada con las condecoraciones que portaba. Otro modelo, esta vez como capitán en ADVENT para misiones tácticas.

Edward Connors, Jefe y capitán de misiones tácticas, ADVENT.

El joven capitán parecía nervioso. A sus veintiocho años (Tres en ADVENT), no había tenido que tratar con científicos y mucho menos, aprender su léxico. Ahora, no solo tenía que indagar en los planes de uno, sino que ADVENT, pretendía que el capitán Connors, amenizara una relación cercana con jefe de ingenieros de la Alianza de América: Maxwell Richter.

Connors tocó la puerta dos veces… Después de unos segundos, no hubo respuesta.

El joven capitán se dio cuenta, de que la puerta no poseía un seguro interno. Paulatinamente, su mente le intuyo el pasar hacia delante, “No había peligro”, pensaba él.

Dentro, apenas se podía divisar una muy fina cuerda, que colgaba del techo. Connors extrañado, jala de ella y prende poco más de un 10% de la habitación. El haz de luz, apenas se concentraba en lo que él creía, era la parte central de la misma.

Lo que más llamaba la atención, era la cantidad industrial de papeles y folletos. Algunos con información muy técnica para ser detallada y otros solo con nombres clave y parámetros computacionales, cosas en las que Connors, no era y mucho menos, lo que llamaríamos un erudito.

“Un montón de incomprensible tecnología”, pensaba él. Otros, lo veían como la clave o la pieza angular para inclinar la balanza de la guerra a su favor. En este caso, la Alianza americana.

El capitán se acercó a una pared, que destacaba por una pizarra con no menos papeles que el suelo y varios chinches. En la misma, se hallaban los cuatro modelos diseñados por los americanos, cuyo nombre de pila, era “Patriot”, Unidad 1; 2; 3 y 4, respectivamente. Connors ya sabía de ellos y había diseñado una nomenclatura especial para cada uno Eagle, Falcon, Fox y Shark, respectivamente.

Connors solo veía dibujos. Idénticos a los bocetos que haría un artista para una tira de historietas cómicas. Decidió acercar esos bocetos, más a su vista, por medio de sus manos. Lo que Connors no sabía, es que ese iba a ser el detonante para la presentación del extravagante doctor.

•Deje sus manos, lejos de esa pizarra, capitán.

Connors dio un gran salto de la impresión y las luces terminaron de prenderse, revelando una habitación, o más bien, una “Gran habitación”. Connors, había encontrado la guarida del mismísimo Dexter.

•Doc… ¿Doctor Richter?

•En persona…

Detrás de Richter, se hallaban tres científicos más. Connors no les prestó mucha atención y enseguida, después de recomponerse, arrojó despectivamente la carpeta con letras en grande: LIBERTY.

•¿Por qué me trae estos documentos?, ¡No me diga que los recibió hoy!

•Quéjese con la administración, yo estoy aquí para verificar el estado de los doce prototipos.

•Está muy desactualizado capitán. Solo cuatro, de esas doce unidades, están listas para el combate real, y apenas contamos con una piloto.

•Rachel está bajo mi jurisdicción. Lo que yo quiero saber, es cuando puedo asignar a tres de mis soldados para no dejarle todo el trabajo sucio, a una niña.

•¿Tres de sus soldados?, ¡No me haga reír!, usted recibirá tres… Adolescentes.

Connors arrastró sus botas de cadete con furia por el suelo, abriendo el paso de aquella colina de papeles y tomó con fuerza el cuello de la camisa con el logo de “Guns n’ Roses”, del Dr. Richter.

El Doctor, se reía a carcajadas, solo logrando enaltecer más la furia del joven capitán.
Los tres científicos, permanecían impasibles ante la situación.

Una mano salvadora y de mucho estirpe, se colocó con paz, sobre el hombre de Connors.

•Baja al hombre desañilado y de mal aspecto, Connors. Tú y el, son nuestro salvación.

El capitán no tuvo que voltear para reconocer la voz de quién le hablaba, aunque le extrañaba que fuese él y no uno de sus dos gorilas, quién viniera a calmar sus ánimos.

•¡El Sr. Presidente aparece nuevamente!, con su política salvadora.

•No olvides, que sin Los Patriots, estaríamos completamente indefensos. Por no decir, que con orgullo, perderíamos ese título de la potencia militar, más prominente del mundo.

Connors, soltó al Richter y este ni siquiera se molesto en acomodar su muy arrugada bata de laboratorio.

Eso no le importaba a Connors, quien más que venir a socializar, buscaba respuestas.

•¿Qué significa esto? –Señalando la pizarra del profesor.

•Creo que habla por sí solo, ¿O no? Son los Patriots, su patrón y función de comando, y la foto que ves en la parte superior izquierda de los bocetos, es la de los pilotos designados. Reconocerás fácilmente, a la piloto de la Unidad 2, supongo…

Connors no sabía hacer otra cosa, que mirar incomprensible la situación. Volteo su vista para confirmar las cosas con el mandatario. En efecto, Rachel Barret y otros tres chicos, serían los pilotos de las primeras cuatro unidades Patriot, que se pondrían en funcionamiento.

•Richter, tal vez quieras presentar a tu equipo…

•Dejaré que ellos mismos se presenten – Dijo, luego de tomar un poco de café - ¡Hmmm…! ¿Sería mucha molestia, si me traen otra taza, con diez cubos de azúcar está vez?

Con un ademán, el presidente movió a uno de sus guardaespaldas para cumplir los caprichos del doctor.

•El capitán Connors – Dijo el presidente, mientras le pasaba de lado – Ha sido encargado para el proyecto Patriot; para el cuidado y vigilancia de los pilotos puestos en responsabilidad de manejar dichas unidades.

•¿Y el proyecto Liberty?

•Será realizado en conjunto conmigo – Expresó alegremente Richter, mientras alzaba su taza de café.

Connors quiso dar una mirada más a la pizarra. Había algo que no encajaba…

•Pero… ¿Y el tratado de Basilea?, (Tratado que prohibía la tenencia de más de cuatros unidades por nación y la prohibición de poseer pilotos, de distintas nacionalidades).

•¿Lo dice por la nacionalidad de los pilotos, no?

•Tenemos un país repleto de adolescentes, como los que usted quiere, doctor.

•Pero solo hay un lugar posible, del cual esos mocosos pueden salir, capitán… - El doctor abre un archivo en la computadora, con el nombre de: Instituto Stocker.

Dentro del archivo, muchas fotos y párrafos, que describían a detalle cada una de las pautas y paradigmas que seguían en el instituto para seleccionar a potenciales pilotos. El que Stocker fuese, el lugar con el índice académico más alto de toda América, poco importaba para la causa, parecía…

•Ahí estudiaba Rachel…

•Y también ellos.

Richter paso dos carpetas, con fotos y detalles al por menor, de los dos pilotos asignados para dos de las cuatro Unidades.

•Rachel ya tiene tiempo y experiencia con la Unidad 2…

•¡Fox!

•¿Disculpe?

•He decidido llamar a las unidades por nombres clave. No quiero complicarme con cosas técnicas.

Hay un silencio incómodo en la habitación. El doctor se pasa la mano por la cabeza, carraspeándose dos o tres veces, el área que hay entre ceja y ceja. Luego prosigue…

•¡Bien!, ¡Fox!, ya tiene tiempo con Rachel. Al perder a nuestro primer piloto en una fase de pruebas en Florida; lugar del cual recibimos estos documentos – El doctor hace una ademán, refiriéndose a la carpeta con los datos de Patriot -, nos vimos en la necesidad de reforzar al doble nuestras defensas, y para eso seleccionamos a los dos alumnos, con los promedios más regulares, en Stocker.

Connors, presta atención solo a esto último y luego revisa los papeles, hallando lo que tanto anhelaba encontrar…

•“Alexander Nikolaiv Schneifer Morgenster y Michael Bidden”…! Estos chicos no son estadounidenses!

•Pero son criados en Estados Unidos. Suficiente para la Alianza americana y las Naciones Unidas.

•Doctor, uno de ellos es, ¡Alemán!

•¿Se refiere a Alexander?, ese chico fue descubierto en Hamburgo, a los cuatro años de edad. Sus padres estaban muertos para ese entonces. El gobierno de Alemania, no quiso a la prensa sobre el asunto, por lo que el chico pasó al cuidado de la única nación, que se iso responsable de su jurisdicción. Lo curioso de su caso, es que este chico, es hijo de los famosos físicos, que desarrollaron la fuerte de energía de los Patriots: La batería N2 o “MorningStart”. El mismo día del incidente, los macabros sicarios, escribieron con su propia sangre, la palabra: “Cerdos traidores”

•El chico debe estar muy perturbado. No parece ideal para pilotear un Patriot.

•El trauma le ha servido de una manera bastante jocosa. El muchacho tiene un desempeño extraordinario ante las adversidades y ha respondido de manera correcta a todas las evaluaciones que le hemos hecho.

El capitán ponía a prueba al doctor. Necesitaba corroborar su posición como jefe de ingenieros a nivel continental.

•No podemos violar tan fácilmente el tratado de Basilea.

•La ONU ya está al tanto de todo y ha aceptado las condiciones, con la patente, de que intentemos una última conferencia para evitar la guerra caliente, con Rusia.

•¿Y…?

•Fue un fracaso.

El capitán suspira…

•Bidden, es venezolano. Su padre es un importante ingeniero que hoy en día, trabaja para ADVENT. No le fue difícil obtener la nacionalidad norteamericana por sus orígenes y desde que tiene memoria, está residenciado en Florida.

• A esos niños, les tomará demasiado tiempo dominar esa cosa…

•No me insulte, capitán. El Patriot responde a las órdenes de RAFAEL. La computadora diseñada por su servidor, domina todos los lazos de compatibilidad, electro-relatividad y autoestima del piloto. Todo acoplado al sistema EDEC, que permitirá un mayor desempeño, por medio de los niveles de voluntad. Eh ahí, la razón del porque utilizamos adolescentes…

•Entonces todo se debe, a su fuerza de voluntad.

•¡Así es!, quiero seres humanos pilotando los Patriots, capitán. No cabezas frías, con uniforme de manchas.

Todos en la habitación, a excepción de Connors, rieron. El capitán dio un último vistazo a la carpeta y la cerró. El presidente tomó la palabra.

•Los chicos llegan mañana a las 12:00, tiempo suficiente para prepararlos; antes de que la ciudad sea sumergida, por debajo de la tierra. Veo muy idóneo, que lleves a Rachel contigo, en pro del primer encuentro.

Connors asiente con entusiasmo.

El capitán desvío su mirada para observar a las tres estatuas que se hallaban detrás de Richter.

El ingeniero en jefe, volteaba hacia ambos lados con regularidad confundido, luego soltó una exclamación que aclaraba sus dudas e incitó a sus colaboradores para que se presentaran.

•¡Perdónenme!, tome la palabra cuando no debía. Estos son mis ayudantes…

Los tres sujetos se quedaron en sus lugares. Se notaba a leguas, que ADVENT tenía talentos, muy heterogéneos.

•“Noah Ebrand, experto en mecánica y reparación de cualquier equipo existente, graduado del M.I.T.” – Hablo el único hombre del grupo. Físicamente era alto, con un bronceado característico de quién habita en una zona costera. Musculatura aceptablemente desarrollada y un peinado bastante distintivo, en forma de tazón. Un aspecto importante, además de la típica vestimenta del equipo de mantenimiento, era una banda roja, con el logo de “Jefe de mecánicos”

•“Millicen ’’Milly’’ Thomson experta en computación” – Extendió la mano, la chica más joven del grupo. Cabello castaño oscuro, arreglado con una trenza. Estatura baja, resguardada detrás de una bata de laboratorio y unos lentes “Carey”, que ocultaban sus esmeraldinos ojos.

•“Dra. Elisabeth Morristown, psicóloga a cargo de los pilotos”- La mujer, menos inocente del grupo, se presentaba como una hermosa señorita, de cabello rubio, suelto; adornado con un simpático lazo de color rojo y una indumentaria bastante similar a la de su compañera, con un recatado traje de oficina, color rojo.

Connors notó algo, que hasta ese momento le había parecido intrascendente. Una banda negra, alrededor del hombro del doctor.

•Richter… Tú cargas, el símbolo de luto, en nombre de quienes fallecieron, en el incidente de “La Base Brookemaut”, pero eso fue hace ya dos años y tú todavía…

El doctor, acarició con recelo la banda que traía puesta. Contestó mirando hacia el suelo.

•¿Escuchaste que no hubo supervivientes?

•Eso dijeron los medios…

•Pues te informaron mal. Yo soy el único ser vivo que resta de aquel lugar.

•¿Todo fue como dijeron?, ¿Una bomba atómica?

•¿¡Una bomba atómica!? ¡No me hagas reír!, todo se debió a un accidente con el primer Patriot, llamado vulgarmente Proto-Patriot, por los ignorantes que conducen las noticias. El dispositivo pasó de un estado armónico, a uno inestable y se desató una explosión de la batería N2, provocando la destrucción de la base.

•¿Supongo que alguien tan listo como usted, sabrá el porqué de todo?

•¡Lamento decir que no!

El presidente no quiso tratar su misma táctica salvadora con Richter, quien estaba sumido en sus sombríos recuerdos…


•¿Y mi taza de café?...

El presidente tomó eso, como señal para salir de la habitación. Dejo solos al capitán, con el doctor y su equipo técnico. Richter quiso sacar a flote sus divagaciones, configurando la ventana panorámica, con una vista fehaciente del “Gran cañón”. La base subterránea, brindaba esas posibilidades.

•Me hubiese gustado ver esto, con una taza de café…

Aeropuerto militar de Clearsky, 12:00.

Connors tenía un buen gusto para vestir, cuando no se hallaba de servicio. Una camiseta, irónicamente de los “New England Patriots” y unos jeans rajados; a su lado, una chica de vestido informal y largo sombrero, del cual se despojó luego para darse aire.

Rachel Barret, la egocéntrica segundo piloto. Corroboraba con su actitud y sin decir nada, lo que todos hablaban de ella. Una hermosa chica, con una insufrible personalidad.

•¿Falta mucho para que lleguen? – Notablemente disgustada por tener que esperar.

El capitán reviso su reloj. Ya era un experto en esto de tratar con Rachel. Luego sacó un cigarrillo…

•No falta mucho… ¡Mira!, ahí viene su avioneta.

El móvil aéreo aterrizó con prisa sobre la pista del aeropuerto militar. Rachel se hallaba disgustada y Connors expectante.

Las compuertas de la avioneta se abrieron enseguida y un chico de cabello largo y rubio, sintió el sol y el viento por primera vez.

Sus ojos azules, apuntaron al puente donde esperaban Edward y Rachel. Ese era el primer piloto… Detrás de él, un muchacho caucásico, de sudadera negra y cabello negro desordenado, acompañado de unos ojos cobrizos.

Según las fotos, el rubio, era Alexander y el caucásico, Michael.

•Los nuevos pilotos no parecen tener mucha autoestima.

•No confundas seriedad con autoestima. Cualquiera que tenga, que pilotear un Patriot se vería igual que ellos.

•¡Yo no me veía así, el primer día!

•Porque tú no has tenido primer día, Rachel.

Los chicos subieron al Convoy que los esperaba. Rachel y Edward, hicieron lo mismo con la camioneta que tenían atrás.

Connors iso gala de su nuevo teléfono celular para dar la primera orden oficial, previa a la batalla

•Que los Patriots, Eagle, Fox y Falcon; entren en la jaula de sincronización y sean conectados al sistema EDEC. Los pilotos han llegado…

Espero que hayan disfrutado tanto leyendolo como yo y adballa haciendolo esperamos sus comentarios en siguente capi tal vez este listo entre el miercoles y el sabado.

Editado por ElGatoBlanco en 02-22-2011 a las 01:22 PM.
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.
Viejo 01-02-2011, 03:59 AM   #2 (permalink)
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.

Algo enredado, pero es bueno
P.D: Soy de pocas palabras
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.
Viejo 01-02-2011, 08:59 PM   #3 (permalink)
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.

CODE 02: The test in the base.
Las calles completamente despejadas de New York, acompañadas por el leve susurro de los pájaros y algunas gaviotas, al pasar en auto por el puente.

Una ciudad tan movida, pasaba a su más oculta faceta de pueblo fantasma. Recordando mucho a aquel clásico film de Will Smith: ¡Soy leyenda!

Un oficial de policía, resguardado del sol en una esquina de alguna avenida en Manhattan; sin esperar nada que hacer. Muy pronto, una particular Jeep, algo andrógino y poco contemporáneo, surco con velocidad esa y muchas cuadras más. El oficial, ni se inmuto en perseguirlo, tan pronto el Jeep, dejo como vestigio de su presencia, algo que parecía un volante en el pavimento.

En él, se hallaba el símbolo de ADVENT, tal cual.

· Vayan despejando la entrada… - Connors, guardó su celular.

· ¡Deberías concentrarte en el camino!, aunque no haya nadie en las calles, las paredes siguen teniendo oídos.

· ¿Lo dices por la radio que tengo?

· La misma que te permite hablar mientras sigues mirando hacia delante.

· Es un dispositivo aburrido y fácil de interferir.

· ¿Y eso te importa?, ¿Acaso está mal, que algún afortunado se entere de los planes mesiánicos de ADVENT?

· Sí es por una orden… ¡Sí!

El oficial reconocía el logo como ningún otro; en cuestión de dos años, el símbolo de ADVENT, ya era más popular y gozaba de mayor publicidad que los escudos del Buro Federal de Información o la Casa Blanca.

El opaco sonido de las gaviotas se tornó tranquilizador, después de que aquel típico y trivial funcionario público, se salvara literalmente por un pelo, de ser aplanado por un convoy, de la misma organización.

El convoy no parecía llevar una carga importante, pero lo hacía. Un chico que jugaba, entusiasmado a la DS y otro, que simplemente se dedicaba a mirar por la ventana.

· ¡Ya pase de nivel!

· Es raro, que un DS tenga tanto tiempo de carga…

· Todo eso, se debe a mi particular ingenio.

· ¿Un cargador portátil?

·

·

· ¡Haces que parezca aburrido!

Un estornudo interrumpió la interesante plática de los jóvenes mesías.

· ¿Poco tiempo en la superficie?, ¡Eh, amigo! – El joven y entusiasta rubio, le dedicó una sonrisa con
petulancia al guardaespaldas.

· ¡Mucho tiempo con topos!, diría yo.

· ¿Topos como el Dr. Crazy?

La mirada de complicidad, entre ambos funcionarios privados, sugería un completo desentendimiento, de lo que Alexander, estaba diciendo.

De pronto y sin que lo llamarán, llegaba su camarada al rescate.

· El Dr. Richter, ¿Lo conocen?

· Sí, lo conocemos…

El ambiente en el convoy, no era de tensión, pero sí de expectación. Sentimiento que fue en aumento, tan pronto el acorazado ingreso a lo que parecía ser, un túnel completamente obsoleto. La excusa y el lugar perfecto, para un pasadizo secreto.

· ¿No tienen más preguntas?

· ¿Más?, ¿Cuantas hemos hecho?

El rubio Alexander, se chocó las manos con el caucásico Michael, después de decir eso. Los guardaespaldas, por supuesto, no podían estar muy animados.

Uno simplemente se dedicó a cerrar su circunstancial encuentro, con una predicción.

· Tienen suerte, de haber sido elegidos como pilotos…

El convoy se detuvo.

Esta vez, ni las gaviotas y tampoco los anuncios electrónicos, estarían ahí para acompañar a la camioneta, que se detenía delante de un muro de piedra, vestigio claro de una demolición a medio acabar.

Los guardaespaldas eran dos, uno muy pecoso y bajo y otro muy flácido y alto. El flácido, sacó un dispositivo de manos-libres, que no pertenecía a ningún modelo celular.

El pequeño “gadget”, funcionaba con comandos de voz y un ligero tacto con el tambor auricular de la oreja. Desplegaba una sencilla luz, azul fosforescente y luego titilaba.

· ¿Te falta mucho para llegar?

· “Estoy en la calle Broad”, en diez segundos estoy ahí.

· ¿¡Diez segundos!? ¡Llegar aquí te tomara por lo menos, cinco minutos!

· ¡A ti!... Te toma cinco minutos.

El guardaespaldas, flácido y alto, guardó su dispositivo con paciencia. Se mostraba bastante confundido y atareado… Luego estaría atónito y despeinado. El capitán Connors, acababa de llegar.

· ¿Sonará muy retórico decir, que lamento haber llegado tarde?

· ¡La verdad!....

· ¡Señores!, ¿Ustedes ya saben quién soy, no?
El caucásico y el rubio, giraron ambos sus cabezas en un movimiento vertical; tal cual lo hacen los escáneres de seguridad y lo confirmaron.

· Usted es el capitán, Edward Connors. Indumentaria, demasiado informal, corte de cabello anticuado, totalmente despreocupado, y una barba de muy mal gusto en forma de candado –Dijeron ambos al unísono.

· Ya me conocen…

El chasquido continuo, de los tacones que portaba Rachel, era tan molesto, que no se podía ignorar o hacer caso omiso de su presencia.

· Y tú…

· ¿¡Yo qué!? – La de cabello castaño, solía responder con voz tajante, a quienes gesticulaban en nombre de sus muecas y expresiones.

· ¿Tú eres la famosa chica, qué le hace la vida imposible, a todos en la base?

La manera tan seria y comedida de Michael para con su nueva compañera, no dejaba lugar a dudas. Todos los nuevos pilotos, deben tener un perfil acertado y oficialmente aprobado, de los que serían sus compañeros más cercanos de trabajo.

Por supuesto, al ser solo chicos, Alexander y Michael, solo se fijaron en quienes más les interesaban.
Rachel no iba a responder a eso. Solo volteo y busco respuestas que evidentemente consiguió, de manera paulatina, cuando el capitán Connors y su equipo de conductores y guardaespaldas, hicieron un recital de silbidos al unísono.

· ¡Idiotas!...

12:25, ascensor de transporte y carga, ADVENT.

Los veinticinco niveles de veinte metros de longitud, verticalmente hablando, se hacían eternos. Cuando la incomodidad de portar tres adolescentes, con polivalentes personalidades, era tan notoria como aquella vez.

Por alguna razón, a Connors le pareció buena idea no romper el hielo.

El ascensor finalmente paró y las luces que permanecían encendidas, se apagaron simultáneamente, dejando implícito la apertura del elevador, pero inútiles a los sentidos humanos.
De fondo, una voz…

· Pilotos nuevos…

El primer comentario, fue un leve suspiro que apenas golpeo el aire.

· … ¡EN MI BASE!

El segundo fue un desgarrador alarido de crueldad, que junto con la iluminación por completo del lugar, presentó a un imitador bastante arraigado de “Leatherface” y Jason Voorghes. En lo que a la moto sierra y la máscara de Hockey, se refiere.

El grito de los que todavía estaban en el ascensor, se escuchó por lo menos a veinte manzanas de distancia.

· ¡Michael!

· ¡Preparado!

La ventaja de algunas competencias, en las artes marciales mixtas, son las peleas en pareja. Así como
en el tenis, si tu pareja es idónea, entonces tienes el doble, de posibilidades de ganar.

Alexander y Michael, conectaron un fuerte golpe a la barbilla y el abdomen, respectivamente.

· ¿¡Qué diablos fue eso!? ¿Cómo entró este loco a la base?

El singular jefe de mecánicos, Noah Ebrand, explicó de manera muy elocuente la situación, mientras caminaba a través de las sombras.

· Este loco, vive prácticamente aquí – El mecánico se agacho y con perspicacia, desenmascaró al nada predecible, Dr. Richter.

· Esta… Fue mi carta… De presentación.

· Lo que él quiso decir, fue: “¡Bienvenidos, muchachos!”

Laboratorio y observatorio de pruebas, ADVENT, 13:05.

· El Dr. Richter, no tenía lesiones graves, aunque le costaba notablemente sostener su particular, taza de café con forma de pelota de béisbol.

· ¡Bueno!, ¿Qué tal estuvo el camino a New York, muchachos?

· ¿Está en posición de hacer una pregunta como esa, después de?… ¿Eso?

· Evidentemente, alguien la pasó muy incómodamente, en el camino de regreso a la base.

El doctor miraba de reojo y por encima de su tasa, al rendido capitán Connors.

· ¡Doctor! – La palabra la tomo el latino de nacimiento.

· ¿Dime?

· Nuestros Patriots… ¿Dónde están?

Richter sonreía, sin complicidad. Esperaba esa pregunta ya con anterioridad.

Con displicencia, giró ciento ochenta grados, su silla de computadora y quedo mirando hacia las ventanas panorámicas del laboratorio.

Delante, lo que supuestamente debería ser, un gran campo de pruebas, y parte tácita del gueto subterráneo neoyorquino.

Richter pulsó un botón, muy rojo y llamativo. De esos que no deberías pulsar nunca.

Ahora la pequeña sala de observación se esclarecía mucho más. Detrás de las ventanas panorámicas, se ubicaba el campo de pruebas y entrenamiento para las unidades Patriots, de combate.

El sitió, se mostraba como un pequeño domo, que de manera simpática, revelaba con notoriedad los enclaves subterráneos, que permitían a la ciudad de New York, ocultarse en menos de quince minutos, en caso de combate o bombardeo.

Una fortaleza, que podía sobrevivir aislada del mundo por un año, sin insurrecciones de ningún tipo, y infinitamente, con la movilización necesaria, que se daba, gracias a los trenes bala más seguros y rápidos del mundo.

“La gran muralla china del mundo”, los llamaban. Esta extensa red de trenes, se podía trasladar por túneles subterráneos, que surcaban el océano y gran parte del globo; comunicando así, a todas las ciudades y países que podían resguardarse bajo tierra.

Ahora Richter bajaba una palanca.

El equipo de mecánicos, se desplazaba con prisa y entusiasmo a través del lugar; despejando el sitió y al mismo tiempo preparándolo.

La escena, causó risa en Michael, quien comparó al equipo de mantenimiento con hormigas obreras.

· ¡Y por fin!, lo que vinieron a ver.

El doctor se sentía orgulloso, ¿Y cómo no?, si podía jactarse de ser autor y principal idealizador de aquellas majestuosas armas de combate.

Colores simples, pero llamativos: Negro, blanco y cobrizo; Sus detalles, su parafernalia, y sobre todo, su presentación, dejaron las bocas de los dos pilotos novatos, como mangas de la túnica de Merlín.

· ¡Noah!, deberías darles, un recorrido por el lugar.

El mecánico sonreía con complicidad. Richter, no tenía otra cosa que hacer, más que apretar botones y abrir con ellos, compuertas desplegables.

Campo de entrenamiento “A”, 13:15.

El peculiar móvil, parecido a uno de esos transportes que llevan a los turistas por los estudios de Hollywood, paseaba con holgura por el extenso campo de entrenamiento.

Cada unidad de pilotos, iba sentado del lado derecho en el auto, (Como si más sincronizados, no pudieran ponerlos), aunque los Patriots, estuviesen del lado contrario.

Noah, de co-piloto, se entusiasmaba con un altoparlante, mientras iba explicando los detalles técnicos del lugar.

· La Unidad 2…

· ¡Fox! – Interrumpió el capitán, en una pose seria.

· … El Fox, pertenece a la piloto Rachel Barret. Fue junto con la Unidad 1…

· ¡Falcon!

Noah ya tenía la cresta de petulancia en el costado superior izquierdo de su frente. Intentaba proseguir.

· … Las dos primeras, en terminar de ser diseñadas, por…

Lo que no se había detallado antes, es que Noah, portaba un discurso impreso en papel, en el que se le detallaba lo que debía decir, aunque el ya supiera todo sobre las unidades.

Cortesía del Dr. Richter.

El jefe de mecánicos, volteaba y veía con inseguridad a su excéntrico tutor.

Inhalaba aire y continuaba.

· … Por el glorioso y estúpidamente… ¡Guapo!, Dr. Maxwell Richter.

Las expresiones de crápulas, el gesto contaminado de Noah y la sonrisa petulante del doctor; eran poco, comparado con lo que se venía.

· Y por último, la Unidad 3...

· ¡Ajam!... Eagle.

Noah, lanzó el altoparlante, a la cabeza del capitán, luego de ese comentario.

El longevo auto, de recorrido, se detuvo frente a un par de puertas corredizas.

· Las credenciales de los pilotos…

Los tres chicos, ofrecieron sus pases al unísono. Noah tomo el de Alexander, que se ubicaba en el centro y estaba más cerca.

La engreída chica y el caucásico latino, observaron a su compañero, bastante exaltado y extrañamente feliz.

· El compartimiento para pilotos 1, esta diseñado básicamente, como una serie de pequeñas recámaras, que no servirán más allá, que para cambiarse en la intimidad de un cuarto personal… Sin embargo, por cuestiones de fuerza laboral, nos hemos visto reducidos de tiempo y solo hemos podido terminar uno, de los cuartos. Por lo cual, los otros dos, solo estarán divididos por una cortina. Aún así, todos en ADVENT confiamos en su capacidad para mantener alejados sus ojos de lo que no deberían ver.

Muy extrañados y poco confiados, estaban los tres pilotos; quienes después de semejante aclaración, no podían verse a las caras, ¿Llamada para los pervertidos?

El bolsillo en el traje de mecánico de Noah, empezó a vibrar y emitir sonido.

Noah quiso disculparse para luego atender su celular, de espaldas a los presentes.

· “Ya le distes las pulseras”

· Se me había olvidado, pero… ¿¡Cómo puede escuchar todo lo que digo, a cincuenta metros de distancia!?

· “Mira a tu derecha”

El moreno jefe de mecánicos, no contaba con el soplón, más evidente de toda la historia, con un Walkie-Talkie en su mano derecha. Extrañamente, Noah, no lo notó.

· “También vi, como los pilotos y el resto del personal te miraba, bastante confundido… Creo que deberías prestar más atención, a quienes están a tu alrededor de ahora en adelante”

La llamada se corta de manera tajante.

· ¡Milly!, trae el maletín.

La chica más joven y menos notada del equipo de mecánicos, ayudada en eso último, por su baja estatura quisa. Se traslado, o mejor dicho, se escurrió por entre los pilotos, como una sanguijuela.

· Las pulseras de contacto, desplegaran sus trajes “NSS”, cuando pulsen el botón que se haya en el centro. Por supuesto, se les tiene prohibido usar el traje, fuera de las instalaciones de ADVENT o bien fuera de un Patriot…

· ¡Dame acá!

Rachel tomo con violencia, una de las pulseras del maletín. Milly, quien todavía estaba en trance por la arremetida de la molesta piloto, no pudo decir más y se quedo contemplando el paisaje, en un estado similar al comatoso.

Bidden, iso caso omiso de lo anterior y también tomó la pulsera.

Alexander, se mostró un poco más comprensivo.

· Pese a que pareces un pequeño “pudelé”, he de aceptar que eres la más normal de todos, en este lugar.

Milly por supuesto, se sonrojó.

Dentro de las recamaras. Rachel y Michael, se vestían, separados por la piadosa cortina.

El latino de nacimiento, quiso cortar el hielo.

· ¿Tú sabes, lo que significa traje NSS?

· Neuronal Sintetic Skin. El traje mide tu pulso cardíaco, sintaxis nerviosa, nivel de sincronización, estabilidad emocional y autoestima.

· ¿Autoestima?

· El programa de la supercomputadora RAFAEL, ¿No has escuchado hablar de él?

Michael olvidó que estaban separados por una cortina y negó con la cabeza. Aún así, la bella piloto complementó.

· El programa EDEC, fue diseñado por Richter para emitir los controles y potencial de las Unidades, en pro de la confianza y los niveles de autoestima de los pilotos. El Patriot no se exprime en todo su potencial, si el piloto no depende en algún momento del programa EDEC.

· Ya veo…

La piloto más experimentada, instintivamente, quiso voltear hacia donde se encontraba su peculiar compañero, ya en calzones.

El click de la pulsera, fue omnipotente. Un traje que emulaba a la Unidad 1, “Falcon”, de Michael,

apareció como una tela poco gruesa, pero si muy resistente.

Bidden sintió curiosidad por lo que sentía al momento de tocarlo; era como estar desnudo.

· No quieres hablar de…

· ¡Ni lo menciones!

Extrañamente, ya Alexander, estaba listo al momento de haber salido sus compañeros.

· ¿Cómo?...

· Se desvistió delante de nosotros para no “perder tiempo” – Dijo entre comillas el capitán Connors.

Faltaba alguien. Aquella asistente, que siempre aparece de último cuando no se le nombra.

· ¡Noah!, tengo los dispositivos de combate.

· ¡Faltaban los visores!, Elisabeth, por favor…

Aquella monumental mujer, iso gala de su sensualidad y entregó los visores de combate, a cada uno de los pilotos. Con Michael, iso algo especial y le puso con delicadeza el visor, personalmente. Luego, vino el susurro para sus oídos.

· ¿Sabes?... ¡Me encantan los latinos!

· ¿Latinos de nacimiento o de nacionalidad?

Alexander quiso complementar las palabras de su compañero, quien ya se alejaba.

· No se considera venezolano, sino nacido en Venezuela. ¡Cómo sea!, creo que tu eres un poco mayor
para él.

14:00, comienzo de pruebas.

· “Ok, muchachos. El entorno de la Unidad, se les hará bastante familiar. No es nada diferente a los simuladores que han probado en Stocker, además de contar con unos simpáticos controles para
videojuegos, como plus, adicional.

Las cabinas de los tres pilotos, se presentaba como un lugar cerrado pero largo. Parecido a un ascensor, con un techo más prominente y colocado en posición diagonal.

· “La prueba de hoy, solo consistirá, en desplazar sus Patriots. Sera un test, corto de diez minutos”
Sorprendido, el capitán Connors, interrumpió al muy seguro doctor.

· ¡Richter!, le recuerdo que los rusos, han emitido un comunicado de ataque, hace ya varios días.

· Lo sé, pero malgastar la maquinaria y recursos en un combate de entrenamiento, es casi un suicidio, ¿No crees?, lo verdaderamente importante, será medir sus niveles de sincronización.

Nueve minutos después.

· RAFAEL ha concluido… 73% para Michael, en su primera prueba; 76% para Rachel y…

· ¡Déjame a mí!, ¿Sí?

Milly, permitió, de muy mala gana, concederle la palabra a su desbaratado jefe.

· ¡Bien!...

· ¡100% para Alexander!

Todos en el laboratorio, revisaron de nuevo sus papeles buscando una explicación.

· No hay nada que buscar, pupilos. Ellos fueron seleccionados por sus habilidades y su nivel de sincronización. ¡Por eso!, capitán, no se hicieron pruebas.

· Siguen siendo niños…

· ¡Ya nos ocupamos de eso!, ¡Elisabeth!

Una voz computarizada, anunció a lo largo y ancho del campo de entrenamiento, que la prueba había terminado. Los pilotos, no pudieron salir de sus cabinas y en lugar de eso, la imagen de un risueño y complacido Dr. Richter, aparecía en una de las pantallas holográficas que desplegaba la computadora.

· Señores, señoras, equipo de científicos y pilotos de Patriot… Sin tiempo para protestar y con una decisión ya tomada por el cuartel general, les presento, a todos, su nuevo hogar. ¡Aprecien!
Una foto, sacada (Arrancada), de una revista inmobiliaria. Diez habitaciones; cinco baños, un patio trasero y un cobertizo, similar a una cubículo de confesiones.

Michael, quien todavía podía mantener sus pensamientos dentro de sí, especulaba.

· ¿Stocker está?...

· ¡Totalmente!, esto es parte de ADVENT, señores, al igual que ustedes.
Interrumpido por las sirenas, la alarma se desplegó. ADVENT, se tiñó de rojo.

Rusia o mejor dicho un barco ruso, era avistada en las costas de Miami.

El Tercer capi ya esta listo y recien subo el segundo.
Muchas Gracias ShineWarrior eres el primero en dar una critica a la serie y el primero en postear.

Editado por ElGatoBlanco en 01-02-2011 a las 09:09 PM.
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.
Viejo 01-19-2011, 02:31 PM   #4 (permalink)
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.

CODE 03: Robot-Crash

Una base sumida en el rojo, que simbolizaba la alerta, antes de la llegada de un enemigo o la sangre que derramarán estos, en conjunto con sus rivales. Por suerte, las guerras de hoy en día, se desarrollaban de una manera… “Más fantástica”, por así decirlo.

Androides gigantes, piloteados por adolescentes, bastante heterogéneos. Sujetos, que muy seguramente, habrían tenido que visitar un psicólogo, cuando les informaron que su trabajo sería matar personas con un verdadero Caballo de Troya, que si podía moverse y escupir fuego.

El Laboratorio de Defensa y el Sector de Inteligencia, en ADVENT. Estimaron la llegada de las fuerzas rusas, a New York, en poco más de unas seis horas, con quince minutos. El Doc, podría haber estado tranquilo.

¡Si tan sólo Rusia, fuera lo suficientemente ingenua, como para venir a los Estados Unidos, con unas cuantas tropas y tanques!

•Confirmada la presencia del Potemkin, Doctor – Informó Milly con sobriedad.

•¿Está tripulado?

•¡No, señor!, El portaviones, se encuentra rodeado por acorazados armados, pero ante la ineficacia de las defensas costeras, han querido congelar el fuego. Al menos hasta que lleguen a New York.

Richter, sonreía con notoriedad. No había nada, que le gustará más, al excéntrico Doctor (Además del café, con sobredosis de glucosa), como que su enemigo, le dejara tiempo para pensar.

•¡Capitán Connors! – Edward volteó por axioma, sin esperar nada importante – Aliste a los pilotos, y prepárelos para recibir las explicaciones pertinentes, sobre el prototipo enemigo a enfren…

El Capitán, jocoso de corazón, reveló su condición de gula, cuando ingería un brownie, al mismo tiempo que fingía escuchar al Doctor. Pero la realidad, era que tanto Richter como Connors, se hallaban en el mismo escalón y nivel. No era como El Doc creía: “Estoy un paso delante de ti” y en cierta manera, eso le alegraba.

•No se moleste, Doctor. Mis contactos, me notificaron de las pretensiones rusas, semanas antes, de venir a nuestro territorio. ¡Descuide! Apagué la impresora, después de imprimir los folletos.
Comedor de ADVENT, 16:00.

¿Cuánto faltaba?, ¿Quizás cuatro horas?, parecía irreverente, pero la burocracia, siempre lograba colarse en los sectores más recónditos de la tierra y su utilización, en ciertos sectores de la milicia, parecía empleada a los golpes. Sin embargo, eso no evitaba que los tres pilotos, tuvieran que distraerse, leyendo un documento de cincuenta páginas, sin nada interesante que ver, invirtiendo una o dos horas de su valioso tiempo, y otros treinta minutos, firmando donde se les requería.

El documento se hallaba, a un costado de la mesa, donde muy callados y hasta incómodos, almorzaban. De un lado los hombres, y del otro la mujer, pero siempre en la misma mesa. El convulso primer encuentro, del par maravilla y la ególatra piloto, quedaba en el olvido, como todo a la hora de comer.

No parecía importante, pero el que Alexander fuese el único, que no comiera cerdo, aquella tarde, extrañamente, llamó la atención de Rachel.
Michael, quien poseía, la mala costumbre o don, de observar a los demás, cuando no lo observaban a él, veía venir, lo que sucedería.

•¿No te gusta el cerdo?

Rara vez, pensó Rachel, que escucharía una respuesta seca, del animado alemán.

•No.

•¿Eres musulmán?, parece gustarte mucho la carne…

•Soy ateo. Puedo comer de cualquier animal, siempre que no haya caído en un residuo de desechos tóxicos, minutos antes – La respuesta pasaba a ser de seca, a molesta.

Michael ahora, se alarmaba. Alexander estaba comiendo con la boca abierta, característica de su compañero, cuando algo le molestaba, y de casualidad, se hallaba comiendo.

Lo lamentable, era que una dama como Rachel, carecía de la facultad para quedarse callada cuando lo requería y lo lamentable, era que Michael, ahora tenía que posar su brazo izquierdo sobre la mesa. Muy cerca de Alexander.

•¡Comes como un cerdo! – El detonante, se activó.

La enfurecida cara de Alexander, no podía ser contenida por Michael. El latino de nacimiento, era lo más cercano, que tenía el rubio, a un amigo y si algo conocía de él, era sus ataques de furias descontrolados por la palabra en clave CERDO.

El brazo izquierdo empujó a Alexander y lo hizo caer momentáneamente al piso. El chico no respondió. Sabía que su psicosis, era una condición subyacente, de la cual Michael, no tenía ninguna culpa.

Lanzó su mirada asesina a Rachel, con la poca ira que le quedaba y pidió perdón a su compañero, que no le dedicaba una sonrisa, ni mucho menos.

•¡No vuelvas a llamarme cerdo! – Alexander se retiró rápidamente del comedor.

Michael esperó el sonar del par de puertas entre sí, y luego siguió comiendo. No pudo continuar por mucho tiempo, sintió que lo observaban, esperando también, una reacción. Por supuesto, no hacía falta aclarar de quien era la mirada.

•¿Sabías? – Pregunto Michael - ¿Qué los cerdos, son el animal más parecido al hombre, según el Corán?, en cierta forma, muchos no lo comen por eso y le dan poca importancia, si son comparados con él.

•Yo le pregunté, si era musulmán.

•Él no. Los que mataron a sus padres y los rociaron con sangre de cerdo, sí.

Rachel, observó su plato. Una solitaria chuleta, del andrógino hombre, se hallaba totalmente inerte e indefensa delante de sus narices. Lo menos que podía hacer, la bella chica de cabellos castaño, era valorizar la utilidad del animal y comérselo; pero no pudo.

En lugar de eso…

•¡Gracias!

Un cruce de miradas. Algo que también valía la pena rescatar, es que Michael por primera vez en toda la conversación, tragó, antes de hablar.

•De nada.

Túnel pre-cognitivo, 16:45.

Una plataforma que se desplazaba horizontalmente, a través de una semi-circunferencia que se alargaba hasta donde la vista lo permitiese. Un hermoso panorama, revelaban los vidrios panorámicos, mostrando buena parte de la Gran Manzana, ocultándose bajo tierra, otorgándole más protagonismo al incandescente y estoico sol. Las enormes columnas de concreto, que se erguían con majestuosidad, eran un complemento, una paradoja al campo de batalla.

Sobre la misma plataforma. Solo Noah y Michael, observaban el hermoso paisaje, mientras charlaban, ¿Alguna vez, les aconsejaron no estudiar, minutos o horas antes de un examen importante?, aquí los pilotos hacían lo mismo.

Alexander escuchaba música de su iPod, recostado de la baranda y con su cabeza de perfil; tendría sendas posibilidades de padecer de tortícolis cuando cambiara la postura. Rachel, por su parte, lo observaba todavía con cierto temor. Tampoco era de esperarse, una reacción diferente de una chica de diecisiete años, que estuvo a punto de ser agredida.

El venezolano y el Jefe de Mecánicos, parecían muy amenos, en su conversación. Michael solo dejó de sonreír, cuando Rachel tomó su brazo con fuerza y se refugió a sus espaldas.

Primero, se sonrojó y luego, en un movimiento unísono con el empático mecánico, voltearon a ver a Alexander, quien seguía de perfil.

La verdad era una sola, y es que el alemán, la había crucificado con la mirada, tan solo segundos antes.

Segundos después, las compuertas electrónicas, se desplegaron ante ellos para dejar al descubierto las tres Unidades Patriots, formadas en una fila, que los hacía lucirse, junto con su imponente porte y tamaño colosal.
Segundos después, Michael razonó.

•“La piel de ella… ¡Es muy suave!
Unidades Patriots, elevadores de despegue, 15:25.

•¡Milly! – Gritó el Doctor, con algarabía.

No era una muestra de afecto o cariño. Richter, podía ser tan centrado como bipolar. En resumen, solo gritaba por gritar. Milly, la más normal dentro del lote de anormalidad, patentado por ADVENT, ya sabía, porque su jefe pronunciaba su nombre en voz alta; o al menos ella prefería, referírsele de esa manera.

•Solo contamos con las pistolas ZERO y los Puñales de pulso. Los rifles y cañones, están retrasados, por inconvenientes que ha tenido relaciones exteriores, con las aduanas australianas.

•¡Y después dicen que el norteamericano, es un irresponsable! – Dijo Connors, recostado sobre una silla de oficina, con sus pies alineados y puestos con petulancia sobre un escritorio.

El Doctor, quien se hallaba sentado, con su pecho contra el espaldar de la silla y dando vueltas sobre su propio eje con ella; pensaba. Luego tomó un poco de café y siguió pensando.

•¿Qué porcentaje de efectividad registró Rachel, en el combate cuerpo a cuerpo y el combate a distancia?

•RAFAEL, descifra un 70% y 65%, respectivamente.

•Muy para nuestro pesar, no contamos con datos de combate, de parte de los otros dos – El Doctor, tomaba otro poco de café -¡Muy bien, capitán!, llegó la hora de lucirse. Usted es el estratega.

Connors, destapó su párpado derecho, con incredulidad. Para él, su trabajo llegaría, cuando las Unidades estuvieran en el campo de batalla.

•Bien…

En las cabinas de pilotaje, un somnoliento Alexander, había dormido como un bebé, cuando supo que lo sacarían de California para trasladarlo a New York. La emoción, no podía con él. Lo que sí pudo, fue el comentario de Rachel, minutos atrás.


•“Comes como un CERDO…”

Su cara cabizbaja y pensamientos profundos. Ojos decaídos, tan profundos, que se podía ver un atisbo de algo, lo que sea, a través de ellos. Alexander, gozaba de la suerte, de no estar siendo observado por nadie, justo cuando sus ojos, eran rota folios, que repetían la misma película, que tantas noches le toco ver, cuando era niño.

•“¡Son cerdos!, ¡Quémenlos, chamúsquenlos, empálenlos y quítenles la piel!, luego, rellénenlos con el líquido que su Dios les quito cuando fueron suciamente concebidos…”

Un leve tosido, repercutió la atmósfera de la cabina. Nuevamente, su sub-consciente lo traicionó.

Alexander si estaba siendo observado. Lo bueno, era que lo observaba, quién lo tenía que observar.

Elisabeth, se había hecho psicóloga para poder degustar y ser remunerada, con su pasatiempo favorito de niña, adolescente, universitaria y ahora adulta. Espiar a la gente.

Muchas conclusiones pudo sacar, cuando observó a una Rachel, dándose ánimos a si misma; a un Michael, jugando con una consola de videojuegos con suma facilidad y un Alexander taciturno, que soñaba despierto.
Elisabeth sonreía, al mismo tiempo que su cómplice de toda la vida: Una pequeña libreta, auxiliada por un elegante lapicero; tomaba notas de todo lo que sus transparentes y preciosos ojos, eran testigos.


•¿Y qué crees? – Le insinuó el Capitán Connors.

•Me parece que están listos – Respondió con una sonrisa.

Edward le correspondió y dio la señal al único que recibiría sus órdenes directamente y tendría el privilegio de no llamarse subordinado.

•Despegue, Noah.

Un megáfono y una actitud de basta energía y optimismo. Cuando los neumáticos se adhirieron a los rieles y el chasquido de la maquinaria comenzó a generar revoluciones. Los ojos de todos en la base, fueron invadidos por momentáneos segundos, en un flash incandescente, que lejos de molestar, hizo sonreír a más de uno.

El único espectáculo, del que todo New York, tenía acceso. Los hangares de los Patriots, totalmente descubiertos, detrás de una gran ventana panorámica, que dejaba constancia, aún a kilómetros de la ciudad, que algo grande se gestaría ahí arriba, con el trabajo que se desempeñaba acá abajo.

El precio, desgraciadamente, siempre sería el de la vida humana. La Ley de Murphy, estaba presente.

Superficie, a treinta kilómetros por encima de New York, 15:40.

Columnas de concreto, que ya se habían erguido. Servirían como una improvisada defensa, bloqueando en cuanto puedan, los embates enemigos, y fortaleciendo la destreza de las Unidades Patriots.

La duda quedaba sembrada de todas formas ¿Eran los pilotos de Patriots, más hábiles que los pilotos rusos?

Cuando la caminata, a pasos agigantados y las minúsculas, pero mentirosas sombras aparecieron, la expectativa quedó de lado.

Órdenes de un serio, Capitán Edward Connors, redactaron de manera eficaz, el plan de ataque. Rachel, estaría armada tanto con el Puñal de pulso, como con la pistola ZERO. Los dos nuevos pilotos, solo tendrían el dispositivo de batalla, a corta distancia.

El plan consistía, en emboscar, con ayuda de las plataformas de concreto (Marca ADVENT), uno por uno, los Potemkin enemigos y con la pistola ZERO, a una distancia no superior de los quince metros, y con un blanco obligatorio en el tórax del Androide ruso; con el fin de detener su sistema de refrigeración y dejarlo así, fuera de combate. En caso tal, de que el plan no funcionase, el combate y la astucia de los pilotos Patriots, conformarían enteramente el Plan “B”

Las palabras que los chicos, no olvidarían de su Capitán, y en las cuales, todo ADVENT estaba de acuerdo, eran las siguientes:

•“No los culparé si lo hacen, pero me gustaría que el piloto viviese. Respetando el Tratado de Basilea, será puesto como prisionero de Guerra, pero todo con el fin de minimizar las bajas por ambos bandos. Si no tienen otra opción, entonces chicos, les permitiré recordar, que están en una guerra”

¡Potemkin!, ¿Qué significaba?

Potemkin: Unidad creada en Rusia, similar al Patriot, sumamente grande y pesada. Especializada en el combate físico cuerpo a cuerpo, distinguida, por sus dos potentes cañones de aceleración, en sus brazos.

Lo último fue el preámbulo del destello.

Literalmente hablando, un destello fino, que rozo la envergadura, del Fox.
Rachel, instintivamente, supo que tenía que retroceder y maniobrar hacia donde fuera, con el único objetivo, de esquivar el disparo concentrado de aceleración, proveniente de aquellos dos cañones, que sustituían los brazos, de un humano gigante hecho de metal.

Varias plataformas fueron destruidas, y una que otra alarma de
advertencia, llamó con cautela a la puerta de ADVENT, más precisamente a la computadora de Milly. Richter, no se veía, ni remotamente, preocupado.

Cuando las Unidades Potemkin, descubrieron al Fox, desenfundaron fuego con insistencia y sin misericordia. La hábil Rachel, solo podía esquivar. Sus disparos a distancia, tenían un efecto completamente nulo, ante la maquinaria rusa.

Debía acercarse y disparar a distancia, pero el trio oriental, estaba muy unido y un solo Patriot, aunque bien tripulado, tendría escasas posibilidades de acercarse y abrir fuego; además de vivir para contarlo. Es en estos momentos, furibunda, La Hermosa piloto de cabellos castaños se preguntaba:

•¿¡Dónde están, idiotas!?

La respuesta, a la tónica de Rachel, fue contestada con el desplome coloquial, sobre las columnas de concreto, de dos de los tres Potemkin, luego de ser “emboscados”, por las Unidades Eagle y Falcon. La sonrisa guasonesca, dibujada en el rostro de Connors, no podía ser más evidente.

•¡El último Potemkin! – Dijo inspirado y petulante, el Doctor Richter.
Un título de película. Y una escena final, que relataba todo, lo que el espectador esperaba.

En un intento desesperado, el piloto de Potemkin, ya adulto aunque visiblemente asustado, no pudo ocultar su sorpresa, cuando al violar el Tratado de Basilea, cometió la osadía, de dejar revelar ante sí, el rostro de quien, en estos momentos, era su redentor.

Rachel Barret, se jactaba de ser, en buena parte, causante de la distracción, que propició la primera victoria del Frente americano, con maquinaria ultra pesada de guerra. Y que mejor, que contra Rusia.

Ella no se interpretó a sí misma como un señuelo. Prefiere decir, que robó cámara.

Superficie, del campo de batalla, 19:11.

Richter y Connors, ambos de brazos cruzados, entre dos convoys militares, que retiraban tranquilamente los Potemkin. Androides, que habían demostrado la carencia de buenos pilotos y buena tecnología.

•Ganamos, sin embargo…

El silencio de Richter y la expectación de Connors, delante de un terreno, que cada día, estaba visiblemente más muerto.

•Rusia vino y trajo lo que inteligencia creía, era la nova más de su tecnología; Rusia vino y les ganamos con facilidad; Rusia vino y dejó a sus pilotos a nuestra merced, haciéndonos creer superiores y viéndolos como incrédulos. Rusia vino y sacó datos, de Los Patriots. Tal vez los ingenuos, fuimos nosotros.

Connors mira a la luna creciente y hermosa. Las palabras del doctor, tenían lógica. Mucha lógica.
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.
Viejo 02-04-2011, 04:43 AM   #5 (permalink)
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.

CODE 04: Home Sweet Home

Ya en los hangares, una cantidad multitudinaria de trabajadores adventistas, se congregaron para recibir con vítores y aplausos, a los tres héroes que previnieron la
invasión rusa.

Orgullosos en sus cabinas, desplegaban las puertas, que herméticamente selladas, impidieron la entrada de plomo, uranio y mercurio; elementos de guerra. Pero no así, su deseo de vencer y de despojar al enemigo de sus tierras.

Rachel y Alexander, de pies y recibiendo congratulaciones. Michael, todavía recostado de medio torso hacia adelante, con sus dos brazos cruzados por delante de sí y soportando su cabeza pensante sobre los mismos. Abrió la cabina, permaneciendo en la misma posición, y aunque su seriedad no se apoderó del lugar, si llegó hasta los rincones más importantes de ADVENT, dígase, el laboratorio de pruebas.

Su mirada fija en el Capitán, el Doctor, la Psicóloga y la pequeña “geek” que permanecía de brazos cruzados, sosteniendo con inocencia una carpeta. Michael, se dio cuenta durante la batalla, que el enemigo parecía manejado por un comando de computadoras para entrenar. De hecho, la batalla en sí, fue como un entrenamiento al aire libre.

Michael no creía en las coincidencias y por eso los miraba serios. ¿Contagió al público presente?, no. Solo a Rachel. Solo ella, quiso mirarlo y borrar de inmediato su sonrisa vivaz.

Había un sujeto más, un militar de contextura física, poco común en sargentos. Se le notaba su rango por las escarapelas que portaba encima de sus dos hombros. Una mirada perdida, pero no así distraída. Un corte de cabello claramente militar y un propósito, que discutía sin chistar con el Capitán Connors.

Laboratorio de entrenamiento, 20:00.

Cuando vestían de civiles, los chicos ya no eran más pilotos. Eran personas, como cualquier otra. Podían pasar desapercibidos por entre una multitud y eso poco importaría, porque el trabajo de ADVENT, jamás había sido, resaltar la figura de sus principales “estrellas”

Era la causa.

El Doctor Richter, tomó la palabra.

•¡Seguro, están cansados! – Dijo con una sonrisa comedida en los labios.

Ajetreados, sí. Cansados, no tanto. Dentro de lo que cabe el termino, “cansado”, no era algo aceptable para aquellos tiempos.

•Sí – Dijo con sobriedad, Michael – La verdad, es que quiero irme a mi departamento.

•¡A tu departamento! – Exclamó histérico Alexander - ¡Estamos en New York, Compadre!, yo quiero pasear por Broadway, visitar Central Park y comprobar de una vez por todas, lo que es la Gran Manzana.

Rachel no dudó en mirarlo con tajancia. El alemán, sin malas intenciones, estaba claramente perdido en el sueño americano (No estadounidense), del que ve películas hollywoodenses en televisión. Podríamos llamarlo: El Síndrome de New York.

•Ya lo habíamos discutido – Recalcó Michael – La Gran Manzana es un nombre que se le da a Manhattan, gracias a la cultura popular. ¿Los puntos de referencia en vías automovilísticas de ciudades?, se llaman manzanas. Pues, debido a la extensión, de Manhattan, recibe el mote de la Gran Manzana.

Richter, quien tenía la mano arriba desde hace ya rato. La bajo con cautela y dirigió la mirada hacia otro lado.

No quería explicar lo de la Gran Manzana, prefería recordarles a los pilotos, donde iban a vivir.

•Entonces, sí… ¡Esta es su nueva casa!

Richter mostró de nueva cuenta la foto sacada (Arrancada), de una revista de bienes raíces.

Los chicos soltaron al unísono un gran gesto de: “¡Aaaaaaah!...”

•Y ya que todos están de acuerdo, ¡Les quiero presentar, a su nuevo guardaespaldas! – El Doctor iso alarde de una gran entrada, meneando su brazo izquierdo sobre él Sargento.

Ahí presente, el hombre de corte militar, pasó rápidamente de la seriedad a la contrariedad.

•¿¡Guarda qué!?

•Creí que ya habíamos discutido esto, Marcus….

•¡Nada de Marcus!, ¡A mí llámeme por mi rango! ¿Y cómo es eso de que voy a servir de guardaespaldas para estos mocosos?

El Doctor ríe.

•¿Por qué no se lo dices a ellos?

Cuando Marcus volteó, pasó de la contrariedad a la tenebrosidad, y no era para menos. Los ojos de Rachel y Alexander, no eran muy diferentes a los ojos rojos, de aquel amigo imaginario que Chelsea Lutz (Terror en Amityville) ideó en la famosa película de los años setenta.

•¡Su Guardaespaldas, señores!, El Sargento, Marcus Kenneth.

Michael, quien mostraba síntomas de ser el más tranquilo y relajado, tenía sus manos dentro de los bolsillos de suéter y en un ademán que claramente expresaba: “Metiste la pata”, torció un poco el labio y dio media vuelta. Lo demás, es historia…

Suburbios de New York, 21:10.

Todos los que se temían lo peor, al abrir la puerta principal de aquella enorme morada, estaban rotundamente equivocados. No hubo polvorones, telarañas o criaturas arácnidas, saltando de repente hacia uno de nuestros protagonistas, y lo que era más increíble, la casa, ¡Sí se parecía a la de la revista!

Los cinco ahí: Rachel, Milly (Perdió el derecho a permanecer en el laboratorio, en un juego de piedra, papel o tijeras), Alexander, Michael y Marcus. Todos con las bocas y ojos bien abiertos. ¡No lo podían creer!, por fin Richter, había dicho algo coherente y a la vez salido de su fantástico mundo Magorium.


•¡Muy bien! – Dijo Alexander, entusiasta - ¡Ahí que checar el hogar, no!

Ni bien, puso el pié, delante del tapete con el enunciado de: “Bienvenidos”, una trampa primitiva, lo tomó del pie y lo dejo colgando a un nivel prudente del piso… Ciento ochenta centímetros.

El alemán comenzó a reírse y todos a su alrededor concordaban en algo.

•¡Esto fue obra de Richter! – Dijeron al unísono.

Que en la pared de la izquierda, hubiese un mensaje con aerosol, diciendo: “Richter, estuvo aquí” es mera coincidencia.

•Sí… - Dijo Marcus, mientras se pasaba una mano por su nuca – El Doctor me dijo algo de esto. Creo que las trampas se desactivan con este control.

Sacó un aparato pequeño, bonito a la vista por la simetría de sus botones y perillas. El negro brillante que emitía, los tres grandes botones de color rojo, aludía a un resultado inminente.

Una lección para todos los lectores: ¡Jamás!, pulsen el botón rojo… O los tres.

El primer botón: Un par de monigotes metálicos, con un aspecto bastante medieval, similar al de los verdugos, con palas para pizza, en lugar de hachas. Empezaron a golpear sin compasión a un despavorido alemán.

•¡Páralo, páralo ya! – Gritó Milly, desesperada.

•¡Pero!... ¿Cuál es el botón?

•¡Oprime el segundo!

Mala decisión…

El segundo botón: Los verdugos, guardaron sus palas para pizza. Eso, de buenas a primera, podía parecer una buena noticia, ¡Pero se equivocan!
De quien sabe dónde, los verdugos, revelaron controles aturdidores, y luego de una cuenta regresiva, descargaron un voltaje de 50V, en el alemán.

Todos se encontraban atónitos. Michael, que todavía conservaba sus ojos en su sitio, sintió curiosidad.

Se cuela por detrás de Marcus y fija sus pretensiones en el llamativo control negro, que
El Sargento sostenía.

•¿Qué hará este botón? – Oprime el tercer y último botón rojo.

Alexander cae al suelo y los verdugos, vuelven a ocultarse detrás de las paredes. Un suspiro de alivio invadió el pórtico de la casa. Pero Michael, ahora se mostraba extrañado y en lugar de mirar a su apaleado y electrocutado compañero, observaba con curiosidad el control remoto que sostenía Marcus.

•¿Por qué no deja de titilar?

Milly de pronto, soltó una mirada centrada y apocalíptica. Como un deja vu, se acordó de la función del tercer y último botón rojo.

Ya era demasiado tarde. Lo último que se oyó, fue el grito de Alexander hasta impactar con el suelo, y posteriormente, los gritos de un sujeto que sufre siendo atacado por perros salvajes y rabiosos.

•Debe estar en el sótano – Propuso Rachel.

Todos asintieron al unísono.

Cinco minutos después…

•¡Ok! – Dijo Marcus con entusiasmo – Ahora sí. Luego de chequear todos los alrededores y rincones, ¡Cinco veces! – Dijo esto último haciendo alusión con la mirada a Alexander, quién aún exhalaba humo – He comprobado que más allá de este pórtico, la casa es segura para los seres humanos. Así que pueden pasar.

Diez habitaciones; cinco baños, un patio trasero y un cobertizo, similar a una cubículo de confesiones. Todo era como Richter, había dicho, excepto claro, por las trampas.

Una cocina moderna y repleta de alimentos y utensilios de cocina, baños pulcros, con duchas, con excusados y lavamanos de porcelana. Sí ADVENT no iba a tratar como celebridades a sus pilotos y subordinados más importantes, entonces les ofrecía al menos, una casa de celebridades.

Eran tres pisos: Dos habitaciones y dos baños, cocina y una amplia sala en el primero.
Ocho habitaciones y tres pasillos, con el resto de baños en el segundo piso y un cobertizo en el tercero.

Cada quién se instaló en su cuarto, tan pronto como pudo. Arrojando su maleta por encima de las camas ya tendidas, con círculos de luz, picados en cuatro, sobre las posaderas rectangulares.

Era confortable. Al menos quienes estaban ahí, lo pensaban de esa manera.

Michael, ordenaba sus cosas de inmediato, no podía descansar sin antes, ver su cuarto como su “cuarto”. No sabía que tenía visitas.

•Ya llevas tres minutos ahí parada – Dijo Michael a espaldas de Rachel – Puedes pasar si lo deseas.

•Estás ordenando tu cuarto.

•La cama sigue estando desocupada. Ahí puedes sentarte.

Rachel observó la cama y de inmediato intentó juntar ambas cejas. Michael, ya notaba la expresión de rareza, en los ojos de Rachel.

•¿Sucede algo? –Pregunta retórica, Michael sabía, que Rachel se sentía incómoda, pero aun así, seguía de pie en la entrada de su cuarto.

•Me han dicho, que es de mala educación sentarse en la cama de un hombre.

•Si el hombre no te da permiso, lo es.

•Eso no importa.

Sosteniendo la franela del FC Barcelona y el perchero con el que la guindaría en el armario, Michael concentraba toda su atención en Rachel. Cuando la bella piloto de cabello cobrizo, dio unos cuantos pasos a la izquierda, las dudas se despejaron.

Rachel, sujetaba la maleta con ambas manos muy juntas y los brazos estirados. Casi llegando al suelo.

Michael guindó su franela de franjas azules y granas, para acudir a donde estaba la chica y estacionar a escasos centímetros de ella.

Rachel soltó un leve suspiro y cerró por inercia sus ojos. Los abrió segundos después que se sintió despojada de algo. Algo importante.

Tomo su maleta y salió al pasillo. Ella volteó a mirarlo, aún con la boca ligeramente abierta.

•¿Dónde queda tu habitación?

La chica sonrió.

Cuarto de Alexander, 22:00.

Ya era muy tarde, aún con todo y eso, el rubio alemán, no conseguía conciliar el sueño.

Sus mejillas, rozaban continuamente con la superficie suave, aunque a veces áspera de la almohada recién salida del empaque. Sus ojos apuntaban al techo con afiches y afiches por doquier de dibujos japoneses y series animadas del mismo nombre.

Por toda la habitación se encontraban. Al pie de la cama, dos maletas, una completamente abierta y vacía y otra aún cerrada, con un trozo de media sobresaliendo por una de las comisuras del empaque.

Alexander pensaba y pensaba. Distraído en la mirada fija de Ichigo Kurosaki, protagonista de la popular serie Bleach, quien triunfara en el Medio, hace ya cinco años atrás, cuando la serie terminó.

Estiro su brazo y apuntó al techo, luego movió la extensión de piel, músculo y hueso; imitando de cierta manera a un director de orquesta. La televisión, seguía encendida en el canal número 14, pero eso no lo hacía especial. Todos los canales hablaban de lo mismo, todos tenían al presidente y su gabinete, gastando saliva en la sala de conferencias de la Casa Blanca.

Alexander no cambió, siguió con lo suyo, hasta que la figura de Ichigo Kurosaki, se transformó en un ser andrógino, de imponente apariencia y vivaces colores negros, que imitaba los movimientos de su dedo y brazo, al pie de la letra.

¡Por fin lo había conseguido!

Cafetería de ADVENT, 22:15.

Esos lugares donde la gente se sienta a menudo para recargarse, descansar o simplemente pasar el rato. No siempre tiene que tratarse de cargar combustible, el único que cumplía con esa regla, era Noah, sus demás colegas, poco o nada de importancia, le prestaban al Jefe de Mecánicos cuando ingería de forma bestial sus alimentos.

De brazos cruzados sobre la mesa, Elisabeth y Connors, miraban fijamente un aparato electrónico de telecomunicaciones, que se hallaba entre los dos, esperando que se moviera, vibrara o sonara (Una redundancia, puesto que las vibraciones, son las que emiten ondas para producir sonido)

Richter por su parte, hacía algo más creativo, como solo él. Su taza de café, cuyo líquido era más blanco que café, decidió darle una utilidad artística a los tres cubos de azúcar que no pudo incorporar a la fuerza a su mezcla de cafeína y glucosa: Hacer equilibrio, superponiendo uno a uno, los cubos de azúcar sobre su nariz.

•¿Cuánto lleva así? – Pregunta Connors.

•¡Hmmmm!… - Elisabeth, revisa su reloj – Unos cinco minutos.

Connors llamó la atención a Noah. El Jefe de Mecánicos pasó a mirarlo con unos cachetes inflados hasta el hartazgo de celulosa y unos ojos expectantes. Connors, le iso señas para que le pasara el tenedor de plástico, que no estaba utilizando. El buen Noah, sin reproches accedió a dárselo. No guardaba rencores, porque Connors, decidiera tomar el cubierto plástico, con su mano protegida por un pañuelo.

Y en la mano del Capitán, el cubierto no duró ni diez segundos, cuando de espaldas, lo había arrojado y con una exactitud de espanto, el utensilio impactó en el ojo derecho de Richter, haciéndole, no solo perder su marca, sino pasar por un gran susto y caerse hacia atrás por la fuerza de su propio impulso de auto defensa.

•¡Deje de payasear, que estamos esperando una llamada importante! – Exclamó Connors, con molestia.

•No sé para qué te molestas – Responde Richter – Es claro que Marcus, no va a llamar…

Cocina, 22:30.

La televisión también se hallaba prendida. Iluminaba gran parte del cuarto, más grande la casa con sus emisiones de rayos no cópticos de alta definición. Para acompañar las palabras del presidente, la Dulce Milly, sirvió un bol lleno de palomitas de maíz y compartió el resto de la noche con Marcus.

Cuando no se vestía como científica, Milly, parecía una mujer, que llegaba del trabajo en alguna oficina y se recogía el cabello, amalgamándolo en una coleta sencilla y sin despojarse jamás de los lentes.

No era una Ama de Casa, más bien una buena esposa, que disfrutaba las noches rutinarias de ver televisión con su pareja.

Sin apartar la vista del televisor, Milly interrumpió a la autoridad más prominente del polo norte americano.

•Todavía no entiendo, porque aceptaste.

•¿Aceptar?

•No me contestes así – Dijo Milly, ahora mirándolo – Ambos sabemos, que deberías estar con el ejército intentando asaltar las costas inglesas o formando un campamento en algún lugar de Siberia. Tu solo aspecto, me dice a leguas, que te sacaron de campaña a último momento.

•Esas son suposiciones. Basas tus fundamentos en hechos hipotéticos que…

•Entonces las imágenes en la televisión, ¿Son también obra de mi imaginación?

Efectivamente, un asentamiento en las costas inglesas y un campamento en algún lugar de Siberia. Repleto de personas, que en físico, eran bastantes similares a Marcus.

Ya el Sargento no pudo seguir siendo evasivo. Por alguna razón, sentía que esta chica, merecía toda su credibilidad.

•Cuando iba a montarme en el avión, me despojaron de mi maletín bélico, donde guardaba mi rifle. Fue el mismo presidente quien me lo arrebató.

A continuación, el Presidente, apareció delante de ellos en televisión.

•… “No podemos permitirte subir a ese avión. Lo siento…” Fue lo que dijo. Me interrogaron y me hicieron una prueba de aptitud técnica. La primera donde mi coeficiente se vio superado. Me sentí inútil luego de eso, pero aun así, los científicos no me reprocharon nada, “Bien hecho” Fue lo que dijeron.

•Esa prueba…

•¿Qué sucede con ella?

•¿Recuerdas algo de lo que te preguntaron?
Taciturno, Marcus empleo su mente a fondo, pujando para sacar a flote algún recuerdo de la tesis, que le habían hecho.

•“¿Estás familiarizado con el Motor N2?”, fue lo que preguntó uno de ellos.
ElGatoBlanco está fuera de línea   Citar y responder

Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.
Viejo 02-16-2011, 06:19 PM   #6 (permalink)
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.

CODE--05: School Day.

¿Qué son los despertadores? Aquellos aparatos que nadie quiere escuchar, pero que cuida tanto de los seres humanos, que día a día dependen de él para sus quehaceres diarios.

¿Cuándo suenan los despertadores? Suenan cuando la gente quiere que suenen. No hay otro momento.

¿Por qué no queremos que suenen los despertadores?, por la misma razón que no queremos acostarnos temprano todos los días. Por esa razón.

Habitación de Alexander, 6:30.

El póster de Bleach iluminado por la intensa luz, que traspasa la ventana y daba por sentado la gran capacidad de diafanidad que poseen estos elementos para permitir el paso de la misma.

El póster de Bleach, en la habitación de Alexander, es lo único que recibe luz a esas tempranas horas de la madrugada. Sólo el póster, nunca su dueño.

Un muchacho rubio de diecisiete años, contempla la realidad desde su cama. En esas horas donde la gente se permite a si misma reflexionar y luego proceder, Alexander tiene poco en lo que inferir. Aquél día estaba anunciado desde antes que el naciese.

•Instituto… ¡Buenos días, Ichigo!

Habitación de Rachel, 6:31.

“Toc-toc”, resuena luego de que dedos engarrotados, golpearan una y otra vez contra la puerta de la egocéntrica piloto de Patriot. “Toc-toc”, otra vez…

•¿Qué?...

•Tienes que levantarte – Decía una voz masculina desde el pasillo.

•Pero es viernes.

•No hay viernes en ADVENT, ahora párate.

Silencio…

•¿Ya se despertaron los idiotas?

•Se levantó uno.

Silencio un poco más prolongado que el anterior…

•¿Cuál de los dos?

•El que te ayudo a acomodar tu cuarto ayer. Ese idiota.

Pasaron cinco segundos….. Luego Rachel, abrió la puerta con furia y su estela de humo por el pasillo, quedo como testigo de su presencia en aquel lugar.

Comedor, 6:35.

Michael era tan estoico y sistemático a las seis de la mañana, como podía serlo a las cuatro de la tarde u once de la noche. Si no fuese por sus escasos diecisiete años y su gusto tan selectivo, estaría tomando café y leyendo el periódico en lugar de comer cereal y mirar la televisión.

Alexander fue el primero en llegar. Saludó a su compañero rutinariamente y luego soltó un bostezo.

Dio un vistazo a la cocina y noto que seguía tan impecable como el día que la había visto por primera vez (Osease, ayer), eso, en términos culinarios, era una mala noticia. Sobre todo si lo único fuera de la despensa, era una caja de hojuelas de maíz y medio litro de leche.

•¿Nadie se dignó a cocinar? – Preguntó sorprendido Alexander.

•Creo que nadie sabe cocinar.

Michael continuó tomando su cereal. Cronometraba las cucharadas con una diferencia de siete segundos entre una y una. Era milimétricamente escalofriante.

El ritmo se alteraría, ¿Han visto a una mujer sin maquillaje por las mañanas?, algunas, se ven bonitas, pero ese término solo puede acuñársele a aquellas que gozan de buena actitud. Otras como Rachel, simplemente no.

Al verla plantada en el pórtico, con pijama y lagañas, los dos pilotos no pudieron evitar contemplarla por escasos segundos. Alexander, sacaría a relucir su objetividad luego.

•El baño, es la última puerta, antes de llegar a la sala – Dice en tono sarcástico.

Bastó una mirada tenebrosa para acallarlo. Michael continúo comiendo.

El piloto de raíces latinas, quiso observar un momento su reloj… Ya estaba dicho.

•Y sí… - Michael dejó el comentario en el aire, luego prosiguió – Se nos hace tarde.

El rubio y la chica de cabello castaño, se abalanzaron sobre el cereal, como si del último vaso de agua se tratara.

Pórtico de la casa, 6:45.

Tres chicos a punto de quemar su etapa adolescente y un sargento con complejos de Cabo Kennedy. La hora de llegada al instituto, era como máximo, diez minutos después de las 6:50,

¿No costaba mucho decir las 7:00?

Marcus fue repartiendo pequeñas bolsas de papel Kraft a cada uno de los muchachos. Ninguno pregunto por qué y que había dentro de la bolsa. Las cosas comenzaron a ponerse raras, cuando Marcus fue entregando tarjetas de crédito con el logotipo de ADVENT, resaltante en el medio de cada una de ellas.

•No hay necesidad de que las utilicen el día de hoy. Preví eso e hice los almuerzos temprano en la mañana.

•Esto… - Mencionó Rachel – Me entregaron una tarjeta de débito en la base para mis gastos, ¿Cuál es la diferencia?

•Esta es una tarjeta de crédito.

•Sigo sin entender…

•Cada una, posee un límite de un millón de dólares.

Alexander cayó desmayado ipsofacto.

El retumbar de su caída, iso vibrar un maletín mal apoyado a una de las piernas de Marcus. Cuando el maletín de un color cromado metálico, cayó al suelo, se abrió de par en par y reveló una serie de armas de bajo calibre, como: Pistolas de manos, escopetas recortadas, granadas, binoculares e intercomunicadores, entre otras cosas...

Nadie dijo nada. Marcus, notablemente avergonzado, tardó cinco segundos en reaccionar. Nadie apartó la mirada de los artefactos bélicos y de espionaje desparramados en el suelo.

En ese momento, el claxon de la camioneta ejerció las veces de campana de la libertad o campana de la salvación, y Milly, era su campanera.

•Ok… Vámonos – Dijo Marcus apresurado.

Nadie lo creería, pero la joven científico, encargada de sistemas y bases operacionales de todas las Unidades Patriots, conducía como toda una experta(pero experta piloto de formula 1).

Los policías y fiscales, no podían decir que iba a exceso de velocidad, pues apenas se podía decir que un auto había pasado. ¡Claro!, a semejante velocidad, era una proeza que alguien alcanzase a decir, que vio algo.

Llegaron a Stocker, cinco minutos antes de lo estimado. Rachel tomó ese receso para arreglarse de nueva cuenta, Michael para despojarse de sus diez cinturones de seguridad y Marcus para sacar a Alexander del maletero.

•Ok. Con calma, quiero que uno a uno, traten de colocar sus pies en la superficie.

Los tres pilotos cayeron como fichas de dominó, tan pronto pusieron un pie en tierra firme.

•¡Qué tengan un buen día! – Dijo Milly con una sonrisa.

•Aja… - Respondieron los cuatro al unísono.

¡Momento!, ¿Los cuatro?

•Ahora que los tres han logrado estabilizarse, me tomaré unos minutos para explicarles algunos detalles.

La toz previa a la tormenta, no era un buen augurio para los muchachos. Marcus señaló varios puntos en el aire con su dedo índice, aún sin decir una sola palabra.

•En cada uno de esos tejados, se encuentra un francotirador y su respectivo respaldo, preparados para abrir fuego, en cuanto detecten alguna amenaza.

•¿Amenaza? – Preguntó Rachel con miedo.

•Sí. Y solo para estar más seguros, he instalado cámaras en todos los lugares posibles, con tal de tenerlos vigilados las veinticuatro horas del día.

•¿Todos los lugares posibles? – Preguntó, ahora temerosa, Rachel.

•Tranquila, el servicio de seguridad está compuesto por mujeres y es el que se encarga de monitorear el baño de chicas, las veinticuatro horas del día.

La bella chica soltó un leve suspiro. No le molestaba ser observada por mujeres, total, ya se había cambiado una y otra vez, entre vestidores con varias de sus amigas y compañeras presentes.

•Bueno… A veces se aparece Richter…

Michael, reaccionó rápido luego de que Rachel se desmayase. Ahora eran dos pilotos de Patriots que cargar.

Aula del Quinto año, 7:00.

La bella Rachel, entró al salón de manera muy similar, a como lo hacen las divas de época. Mujeres que brillan en los escenarios por su sobriedad, estilo y personalidad. Aun cuando las miradas, caían como flechas sobre su espalda y frente, ella las recibía con gusto. Ya estaba acostumbrada.

Para Alexander y Michael, en cambio, fue toda una odisea llegar a sus respectivos asientos.
Niños frikis, chicas alborotadas y adolescentes del montón; les llovían, también como flechas, pero de una manera más realista. Los dos pilotos de Patriot, buscaban por debajo de sus mochilas un escudo improvisado.

Fue un brazo, alargado y resplandeciente, que surco la selva de mortales espinas para sacar al caballero y a su caballo. Su gran autoridad, practicidad y sobre todo: Sus enormes gafas, hicieron que los paparazis, se alejaran paulatinamente hacia los matorrales oscuros, como temiendo la presencia del audaz señor, pero sin dejar nunca de verlo con los ojos bien abiertos de primate.

Michael tuvo que acomodar un poco, su no tan elaborada cabellera y colocar en su sitio, varios de los cuadernos, que pasaron de una posición vertical a una horizontal. El joven latino nunca supo cuando eso sucedió.

Ahora el señor, extendía la mano y se dejaba ver para revelar que no era un señor, sino un muchacho, como ellos, pero con más experiencia. En la milicia, lo llamarían “veterano”, ¡Irónico!, ¿No?

•Espero, sepan comprenderlos – Dice, mientras extiende la mano para saludar – Después de todo, ustedes pilotean robots gigantes.

•¡Bueno!... – Contesta Michael – Tampoco esperaba que todos aquí fuesen como tú. Si te soy sincero, habría sido decepcionante.

•Entonces, ¡Me alegro de que hayamos cumplido sus expectativas! – Dice con una sonrisa, y los brazos cruzados por la espalda.

Michael, como de costumbre, necesita evaluar a su conversador. No le importaba que esto fuese una mala costumbre, él lo hacía de todos modos.

•Me llamó Michael, pero de seguro, eso ya lo sabías.

•Lo que no debes saber, es mi nombre. Jonah River, delegado de la clase.

No conversaron mucho después de eso. Alexander, recostado de su pupitre, como si de una hamaca se tratara, esbozaba una sonrisa jovial, ¡Muy jovial!, demostrando lo mucho que le había molestado la situación anterior.

•Igual que en Evangelion… - Susurró el alemán.

Delegado y alumno nuevo, se miraron con complicidad y las bocas apenas entreabiertas. Luego suspiraron al unísono y tomaron asiento para continuar con lo suyo: Una nueva amistad.
Al otro extremo del salón, una mirada que difería entre el amor y el odio. La atención que amaba recibir y lo mucho que odiaba el ya no tenerla. Rachel hubiese combinado mucho mejor las llamas ardientes, que hacían de sus ojos un gran caldero de combustión, con una melena enteramente roja; pero su cabello era castaño. ¡Lástima!

Estaba rodeada por una coraza de cinco o seis amigas, pero su mirada, lograba filtrarse por las hendiduras que dejaban los brazos a medio cruzar de una de ellas y los espacios vacíos, colados en la melena de otra de ellas. Pronto se fue relajando, pero sus amigas no dijeron nada.
Más atento parecía estar Marcus, con sus binoculares en la azotea del edificio B, que sus propias compinches y eso lo hacía aún más degradante.

Rachel le iso un gesto de desaprobación, desde su pupitre a lo que Marcus respondió con señas de beisbol que cortara rápido la comunicación, cosa que termino por espantar todavía más a la chica. Estaba sumida en sus pensamientos, cuando un impacto repentino, sobresaltó a todos y a ella en particular.

•¡Maldito profesor! – Exclamó la piloto.

Eso por supuesto, sus amigas si lo escucharon.

Alexander, todavía dormitaba en las hamacas de Afrodita. Difícilmente despertaría hasta el final de la clase.

El piloto aun despierto, no evitaba enseñar sus dudas con las expresiones de su rostro. Jonah, como todo buen delegado, debía explicarle el porqué, el maestro de turno, caía como un sonámbulo sobre su escritorio y emitía sonidos cacofónicos, muy similares a eso que llamamos ronquidos.

•El profesor Benley… Seguro te hablaron mucho de Stocker y de su alto índice académico, ingreso masivo a universidades y becas; pero también estoy seguro, que de todos los profesores, nadie te hablo de Stanley Benley.

El piloto, solo negó con la cabeza.

•Ya te puedes ir acostumbrando, siempre hace lo mismo. Pero no te preocupes, nuestros libros de física, son nuestros mejores profesores.

•¡Concuerdo contigo!

•Total, para manejar una de esas cosas, hay que saber mucha física, ¿No?

Suena la campana, 8:15.

Si pudiésemos sustituir los gruñidos de nuestro estómago, por otro sonido en particular, ese sería la campana del desayuno. Misericordiosa como ella sola. Ha liberado del yugo de la trivialidad y el aburrimiento a más de uno, y Stocker, con todo y su alto performance, no estaba exenta de ello.

El comedor, era como cualquiera de nosotros lo imaginaríamos. Amplio, con un gran bufé hacia el fondo y espacio suficiente para que los cocineros y meseras, pudiesen desplazarse con comodidad. Centenares de asientos, ocupados por diversos grupos de amigos y compañeros, unidos por diversas índoles, todas sustentadas en base a una idea: Cosas en común y cosas en desacuerdo.

Rachel caminaba de rutina, junto a sus amigas, llevando consigo un bosquejo mental ya más que memorizado, pero contemplando palabras que todavía ahora, no creyó escuchar tan rápido, aun viniendo de una persona tan cordial y desentendida de banalidades, como lo era Michael.

Flashback, salón de clases, 7:55.

Ya las chicas acomodaban sus útiles y arreglaban sus asientos. Rachel, estaba en una situación parecida, pero a diferencia de sus “compinches”, ella no recibía la visita espontánea, de un compañero de guerra.

•Rachel – Dice serio - ¿Vendrías a desayunar con nosotros?

La chica de cabellos castaños, hecho una mirada por detrás de Michael, al delegado Jonah. Ya lo conocía de bastante tiempo atrás y no le caía mal, ni nada por el estilo. Tampoco tenía nada contra Alexander, aunque su comportamiento tan extraño, se ganaran la atención del cuatro ojos, quien lo toqueteaba con un dedo para ver si despertaba.

Los observó por tres segundos más y luego miró a Michael. No era una mirada de odio, era más… De comparecencia.

•¡Lo siento!, pero no desayuno con raros. Prefiero hacerlo con mis amigas.

•Como quieras – Contestó el.

Ya se daba la espalda para retirarse, pero se notaba que el joven Bidden, aún tenía al más que decir.

•Pero sabes… Tú… No eres muy diferente a nosotros.

Rachel detuvo el movimiento de sus brazos y dejo los cuadernos sobre el escritorio. Razonó y siguió escuchando.

•¡Salvo por el sexo, claro! – Michael reía.

Fue una de las pocas veces que lo vio reír, desde que lo conoció y a la joven Barret le gustó.
Fin del flashback.

Ella se sentó y los quiso observar comer. Por un rato, le pareció tener la premonición de que algo particular, pero ya conocido por ella, sucedería.

•¿Qué ves Rachel? – Preguntó una de las chicas.

•El menú – Contestó sistemática – Hoy no hay pizza, ¡Qué mal!

Los muchachos comían amenos, nada parecía poder perturbarlos. Jonah no dejaba de sorprenderse por ver como dos pilotos de Patriots, en tiempos de guerra y sin llevar mucho tiempo de conocerse, podían llevarse tan bien. Por otro lado, parecía que el delegado de la clase, o no hablaba muy a menudo o no tenía muchos amigos, ya que prácticamente, era una conversación de uno.

Aunque eso, a los pilotos, no les molestaba. Total, Jonah, era gracioso.

Gracioso no fue, cuando en un despabilamiento, Michael tuvo la suerte de verlo venir y esquivar la charola de comida que ya parecía destinada a impactarlo de frente.

Notablemente contrariado y extrañado. Michael juntó las cejas y volteó a ver la charola equivocadamente, buscando respuestas en ella.

Alexander se le adelantó. Ya estaba parado y de camino al mesón del busca pleitos, cuando su compañero se había dado cuenta.

¿El artífice?, un típico estúpido, con el ego incorrectamente inflado y el suéter del equipo de fútbol americano. Su cabello rubio y en forma de agujas, hacían equipo con el infaltable mentón para calificarlo de tal.

Alexander, se le plantó de frente. El idiota, lo superaba notablemente en tamaño y musculatura, pero eso, más que intimidarlo lo molestó más.

Jonah veía la escena y se paró ipsofacto para intentar detenerla. Michael lo tomó del brazo que todavía se apoyaba a la mesa y con un gesto recomendó no gestar la acción del delegado. En lugar de eso, le aconsejo sentarse a mirar.

El caso es que Jonah, no pudo sentirse muy incómodo, cuando vio y escuchó a Michael claramente contar con los dedos mientras observaba muy pendiente a Alexander. El latino, se aprovechaba de la situación para pasar desapercibido de sus gesticulaciones.

•Es mi primer día – Dijo Alexander – Y ya tengo que encontrarme con idiotas como tú.

•En esta escuela, no hay homosexuales.

Todos los compañeros de la mesa del matón, rieron al unísono. Alexander parpadeó su ojo derecho sin dejar de prestarle atención.

•Eres su novio y como él es el más mariquita, tú te paraste a defenderlo, ¿Verdad?, porque esa es la misión del novio marica: Defender a su novio, ¡Jajajajajaja!

•¡Qué idiota! Ni siquiera merece la pena que te golpee.

Continuaron riéndose, ¿Y el detonador?

•¡Ustedes los maricas, son tan aberrantes y asquerosos como los cerdos!

El detonador desde luego, se activó.

Michael sonreía, porque eso era lo que esperaba y Rachel lo había escuchado muy claro. Sus pupilas se contrajeron y sus labios se abrieron de par en par, dejando al descubierto sus herméticos dientes.

El matón pasó a ser historia. Michael no contó más allá de tres dedos, cuando se levantó apresurado y puso las manos para intervenir el impacto de la silla, sobre el matón, quien ya se encontraba en un aspecto que daba lástima.

El resto fue un silencio sepulcral. El que Alexander sintiera la mano salvadora de Michael deteniéndolo, de alguna manera, lo tranquilizaba. Los profesores no tardaron en llegar y tomar al chico como un convicto que va detenido y con un destino más que profetizado hacia los cubículos con barrotes de metal, en lugar de puertas.

Por alguna extraña razón, nunca se trataba al que respondía como aquel que exigía sus derechos, sino como el loco o el psicópata; aunque bien Alexander, podía llegar a masacrar una etnia solo de idiotas, solo con escuchar la palabra cerdo.

Michael lo veía salir a través de las puertas de par en par, igual que aquella última vez. Ahora, podía sentarse y terminar su desayuno.

Jonah apenas y podía voltear a verle. Michael, tendría una conversación muy larga con el delegado de la clase, antes y durante la hora de educación física.

•Ya sabes – Recalcaba Michael – Como nunca debes llamarlo.

Oficina del director, 8:30.

El viejo, sin pelo en su superficie, revoleteaba y reordenaba sus papeles una y otra vez, buscando nada. En realidad solo quería hacer tiempo, ya que posiblemente, esa era la manera más molesta de castigar a Alexander.

El alemán, notó que la hora ya se le había pasado y eso fue motivo suficiente para llamar la atención del director.

•Señor… Ya comenzó mi clase.

•Lo sé.

•Entonces, si me disculpa…

•No.

Era difícil de creer. ¡De verdad lo iba a dejar ahí, esperando, sin decirle nada! Solo abrió una gaveta para sacar una hoja de papel, muy burocrática que leyó no más de cinco segundos y luego pasó a Alexander con naturalidad.

•¿Qué?...

•No te molestes en completar la frase. Por favor, tu firma aquí – Le indicó el área subrayada con un bolígrafo.

Atónito, buscó reclamar, pero antes de poder decir “pero”, un azote leve a la puerta, se manifestó de pronto en la habitación.

Un bien uniformado Marcus Kenneth, como no había salido de aquella mañana, se presentaba ante ambos personajes, interpretando el papel de cualquier cosa que no fuese un guardaespaldas infiltrado.

El director ya lo sabía, pero Marcus, con una sonrisa sarcástica, se lo haría recordar.

•Mi representado, tiene clase de educación física, así que con su permiso.
La pistola apuntando a la cabeza del director, (Estaba literalmente pegada, a la cabeza del director), era un aliciente tan característico, como también lo era el tartamudeo incesante del ejecutivo escolar y la cara petrificada del rebelde alemán.

Un minuto después, ya estaban por los pasillos caminando. El silencio no duró más de diez segundos.

•Esa pistola – Preguntó Alexander – ¿También la utilizaste con la secretaria?

•No hubo necesidad, Doris (La secretaria, no le presten mucha atención), ya me conoce como el coordinador de seguridad del plantel.

•¿Coordinador de seguridad?, ¡Ese puesto!...

•A mí no me preguntes; todo fue idea de Richter.

•¡Ah!...

Continuaron su caminata habitual por el pasillo, hasta llegar al vestidor de hombres. Ahí, representante y representado, debían separarse.

•Bueno… Aunque me parece difícil que una organización como ADVENT, consienta medidas como esta para solucionar las cosas y más aún cuando vienen de Dr. Crazy (Mote de Richter, si han prestado atención), te agradezco que te hayas tomado la molestia de sacarme de este apuro – Alexander le extiende la mano, a la vez que su cara, refleja el sentimiento de una persona agradecida.

•¡No hay de qué!, yo también vi lo que sucedió y francamente, hubiera hecho lo mismo – Corresponde al gesto.

Hubo un momento de silencio. Marcus tenía que decir algo, pero le incomodaba.

De alguna manera, lo terminó diciendo.

•Por cierto… Si alguno de ustedes tiene problemas de nuevo y no los pueden controlar, pues… ¡Hay un código clave para que acuda de inmediato a donde están!

•¿Un código? – Pregunto Alexander - ¿Cuál código?

•PIKACHU…

Silencio sepulcral.

•¿Idea de Richter?

•Sí…

El alemán reventó a reír, su compañero Sargento no pudo evitar imitarlo, aunque de una manera mucho más comedida. Luego de volver en sí (La risa duró más de tres minutos), ya Alexander podía recordar lo siguiente que tenía que hacer.

Alexander abrió la puerta del vestidor y volteó a ver por última vez a Marcus.

•¡Gracias, amigo!

Campo deportivo, 8:55.

El uniforme masculino de deportes, era bastante simple: Una franela blanca con un logotipo del lado derecho y pantaloncillos negros que llegaban hasta la media luna de las rodillas. El sol era intenso, aunque no tanto como para poder llamarlo sofocante. La brisa compensaba la calidez de la estrella para ofrecer a los chicos un clima tibio, perfecto para cualquier deporte, pero en especial uno, que había cobrado notable popularidad en los Estados Unidos, luego de que la selección, se alzara con el campeonato mundial en 2018.

¡Sí!, los rusos dejaron a Norteamérica participar. La resaca por las celebraciones anglosajonas, luego de quedarse con la copa, han sido uno de los escollos que los comunistas, todavía toleran, hasta el día de hoy.

Los balones, no han cambiado ni cambiarán su fisionomía, hasta que el deporte deje de existir. Seguirá siendo redondo y tendrá manchas negras y blancas, como característica principal. La diversión, como siempre ha dicho MasterCard, no tiene precio.

Jugaron separados. Michael y Alexander, eran compañeros en el campo de batalla, pero no así, en el campo de juego, sus miradas desafiantes, y la bola de paja rodando cerca de donde reposaba el balón, era complementado con la encasillación de película hollywoodense de pistoleros. A Alexander y Michael, solo les faltaba sacarse la franela con violencia y revelar la camiseta de su equipo favorito.

El Real Madrid (Alexander) y el Barcelona (Michael), cuando no. La rivalidad de los gigantes españoles, seguía con o sin guerra.

Alguien pitó, jamás se supo quién y el partido comenzó. Diputaron el balón sin dejar posibilidades a un saque inicial, como en el Hockey y tal vez, el Baloncesto.

Hacían alarde de su gran habilidad, soltando la pelota con pases cortos, que eran devueltos con precisión y prontitud. Nunca perdían el balón y si pasaba a posesión del contrario, era por una falla de sus compañeros.

Llegó el momento, uno de los equipos se acercó lo suficiente a la portería como para poder rematar con peligro. Corrió a cuenta de Alexander. El alemán podía hacer alarde de que su país natal, tenía un talento empírico para el fútbol.

Su mirada, provocó en Michael sentimientos de revancha y el latino no esperó. Golpeó al balón con tal fuerza desde la media cancha, que apenas se podía decir que lo iso. Ya para cuando Alexander había bajado los brazos de su cintura, el balón estaba en su portería.

•¡EL REAL MADRID ES MEJOR!

•¡El BARCELONA ES EL CAMPEÓN!

Truenos, relámpagos, el cielo se nublo, la leve brisa, pasó a transformarse en una fuerte ventisca. Casi un huracán. Fueron a disputar el balón al medio campo con tal peligrosidad, que el resto de sus compañeros, se habían tomado la molestia de abandonar el campo de juego.

Un pitazo, el pitazo del árbitro. Ahora sabemos quién era, porque el chute, no fue perfecto, el desvarío de fuerzas, provocó que el balón saliese despejado y quién lo detendría, no sería otro más que el entrenador.

Justo después del blanco y el negro, el uniformado solo vio estrellas y pequeños remolinos a su alrededor.

Era evidente, que el juego había terminado.

Base de ADVENT, 11:45.

•¡Doctor, Doctor!

Las cucharas sostenidas sobre la nariz de Richter, ya estaban en perfecto equilibrio. Su concentración, era consecuencia directa de las largas horas que invertía tomando clases de meditación por internet. Se podía decir que estuvo a punto de levitar, de entrar en contacto con su alma y el universo, de darle la mano a Dios.

Pero…

•¡Déjate de juegos! – Dijo Connors con un carpetazo – Milly te está llamando y es muy importante.

Richter suspiró.

•Tienes que respirar hermano… - Dijo haciendo un gesto hippie, bastante atemporal.

•Díselo a ellos.

Con su brazo izquierdo, tomó el monitor de la pequeña Milly, quién todavía escribía.

Lo puso casi al nivel de su rostro, a punto de pegar plasma con carne. Las imágenes, no eran más que estática y sombras raras, pero la intuición, al buen Richter, nunca le fallaba. Ese era el desierto de Nevada y las sombras que a través de él se desplazaban, tampoco eran desconocidos para el atípico Doctor.

•Kazelnu – Dijo Richter, (Lo cual significa Perro del viento) - son Kazelnu. Prototipos antropomórficos de la Unión de Asia. Seguramente entraron al territorio por medio de comerciantes informales o el mercado negro. La buena noticia, es que ya sabemos, donde se localizan esos “comerciantes”

•Hay que llamar a Marcus – Respondió Connors.

•Sí – Contestó elocuente Richter – El también debería ir.

•¿Ir?, Marcus es uno de mis mejores sargentos, tengo que preservarlo en la ciudad, en caso de que esto se trate de una coartada.

•Para eso tenemos tres pilotos y en misiones así, podemos disponer de uno de ellos.

•Tu no entiendes – Recrimina molestó Connors - ¡Necesitamos tres pilotos!

•¡Y los tendremos!, pero uno, se quedará aquí.

•¿De qué hablas?

Richter nunca pudo estar más confiado. Cuando le iso el ademán con la cara a Milly, quien asintió con la cabeza y quitó con fuerza el monitor de las manos del Capitán, todo quedo muy claro.

Las ventanas, que proyectaban la imagen holográfica de la ciudad para hacer el ambiente de trabajo, más agradable, fueron difuminando la imagen, hasta revelar los hangares de los Patriots.

•Los Patriots, ¡Vaya sorpresa!

•Milly – Responde Richter sin dejar de mirar al capitán – Abre el compartimiento número cinco.

El botón presionado con delicadeza y el hangar abriéndose a manera de una flor en la primavera.

Un prototipo nuevo, hasta ahora desconocido. Su color azul oscuro y aspecto notablemente más grueso de lo normal, despejaron las dudas de Connors.

El Capitán quiso cerrar la boca para devolverle la mirada a Ricther, quien todavía sonreía.

•Entonces Marcus…

•¿En serio te creíste lo del guardaespaldas?

Entrada al instituto Stocker, 12:05.

Charlas entre amigos a la salida después de clases, en la entrada del instituto. Clásico para muchos.

Lo que no era costumbre (O bueno, tal vez sí), es que una camioneta, con un matón idéntico al anterior, pero más grande, se atravesase en el estacionamiento, ocupando tres puestos del mismo, por haberse estacionado de manera horizontal.

El hombre no dijo una sola palabra, fue directo a Alexander. Parece que el “idiota” dio una muy buena descripción de su “agresor”. Pero después de todo, quien iba a olvidar una cara como la de Alexander, luego de haber recibido una paliza semejante de su parte.

Rachel también caminaba cerca y espero escuchar de nuevo al detonador activarse, pero no fue así.

En lugar de eso, escuchó algo, que estaba vinculado a ella. No sabía porque, solo sabía que estaba vinculado a ella y ya.

•¡PIKACHU!

Acto seguido una gran explosión, de la que el equipo Rocket, hubiera estado orgulloso.
Sobra decir, que la camioneta, salió volando por los cielos. Su dueño por supuesto, se desentendió del pleito y corrió tratando de perseguirla. Solo Dios sabe, hasta donde llegaría.

•Eso… - Dijo inconcluso Michael.

•¡Que Marcus te lo explique! – Le interrumpió Alexander.

Rachel, desesperada, ya caminaba dispuesta a pedir una explicación, ¡Peeeeeero!, otra camioneta se estacionó en el mismo puesto y de igual manera que la anterior; solo que esta, bajó el vidrio antes de provocar otra explosión.

Se trataba de Marcus, ¿Cuándo demonios, había bajado de la azotea?, se preguntó Rachel.

•Ustedes tres, ¡Suban!

Obedecieron como soldados que NO eran. De camino a la base, Marcus parafraseaba y se enredaba explicando el porqué de la abrupta salida, el propósito de la misión y el volante del automóvil; hasta convertir sus explicaciones en trabalenguas.

Todo eso amalgamado, fue motivo suficiente para que los chicos desearan estar con Milly de conductora, luego de pasar por el puente de New York y estar a punto de caer al mar, tres veces.

Era el mar o el desierto, pero no ambos.

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Especial de San Valentín

El alba de la mañana era tan resplandeciente como en otros días, pero esta vez, el sol quería mandar un mensaje.

Alexander, que apenas podía lidiar con las lagañas vespertinas que suele adquirir, después de una larga noche de animé y mangas; percibe la luz colarse por su ventana e impactar con el afiche de Ichigo Kurosaki, como todas las mañanas. Esta luz y esta mañana, sin embargo, lo siente diferente.

Para comenzar, siente un peso. Hay algo sobre su pecho. Puesto con recelo y cuidado por encima de las sábanas de satén que todavía le cubrían. Las lagañas, se han amilanado ya un poco más.

Extiende su brazo al descubierto de las sábanas, el cual siempre tiene apoyado sobre el escritorio, en caso de querer prender la lámpara o tomar agua. Lo posiciona lentamente sobre el objeto y comienza a palparlo. De a poco, va conociendo su fisionomía, sus características…

De pronto, se da cuenta que es una caja y la caja, tiene un lazo. Semi - dormido, no podrá abrirla.

Han pasado diez segundos y Alexander, comienza a relacionar la caja con un órgano primario muy conocido y popular entre los de su clase y con clase, no me refiero a otakus, sino adolescentes.

Las lagañas terminan por derretirse y Alexander ahora puede abrir bien los ojos. Ni ellos y tampoco sus brazos, pueden mentirle.

Lo que tiene sobre su entrepierna, con forma de órgano primario y un lazo, no es otra cosa más que una caja de bombones.

Y ese día, no era otro que el 14 de Febrero de 2017

Habitación de Rachel, 7:10.

•¿Los entregaste a la dirección que te pedí?

•“Sí. Ninguno se despertó, como usted dijo. Tampoco tuve problemas, con burlar la seguridad, gracias a los tips y al bosquejo de la casa, que me proporcionó”

•Entonces… ¿Misión cumplida?

•“¡Misión cumplida! Señorita.”

Rachel (Era obvio, ¿No?) esboza una sonrisa de complicidad. Con su plan habiéndose ejecutado a la perfección, ahora podía darse el gusto de sentarse, ver por la ventana el alba y esperar… ¡No todo el día, claro!, solo hasta la noche.

Pero… ¿Por qué hasta la noche?

La bella chica, tomó la carta entre sus manos y la observó por unos eternos cinco segundos. El blanquecino material que resguardaba el papel, se camuflajeaba con facilidad con la luz del sol.

El sobre, se hallaba abierto. Rachel solo tuvo que ajustar la intención de sus manos, a la fuerza exacta que estas debían ejercer para abrir el contenedor y extraer la epístola sin tribular.

Leyó el mensaje de nuevo y sonrió como pocas veces. PAZ, era una palabra que no solía ir de la mano con la egocéntrica piloto de Patriot, pero esa mañana, su alma irradiaba paz. Inclusive más que el propio sol.

“Si no quisiera decirte lo que siento, seguramente no te habría enviado la caja de bombones, que tanto tiempo invertí pensando en si debía enviarte.

Puede parecer precipitado, pero si piensas un poco como yo: Estamos en guerra y no quiero ser pesimista, pero prefiero que sea ya, antes de que alguien pueda decir “demasiado tarde”

Te espero ESTA NOCHE, a las 19:00, el traje que humildemente sé, no tienes, es un regalo de mi parte, añadido al confite y la hermosa velada que planeó pasar contigo. Espero verte vestido con él, esta noche.

Descuida. Marcus y Milly, estarán todo el día en la Base, celebrando con los demás la fiesta de San Valentín. Me tomé la molestia de contratar a un modesto mesero y la comida, será enviada a domicilio. También soy de gustos callejeros.
¡No faltes!”

Quería empezar a reír. La triquiñuela, obviamente era de ella.

Aunque bien, si ella no era la diosa de las probabilidades. Pocas o ninguna, abrían apuntado a que alguien, la acompañaría en su risa.

La suya, era comedida y alegre. La otra… La que venía desde otra habitación, era más empalagosa, de hecho, no parecía una risa. Más bien se trataba de alguien atragantándose.

Atragantándose… Por comer chocolates.

Comedor, 8:10.

Michael, se hallaba como siempre, desayunando un plato de cereal con leche. Las noticias, eran un acompañamiento típico. Raro sería que alguien más las escuchara, pero ese no era el caso de
Michael. Él estaba ¡Concentradooooouuu! (Mirada y pose ridícula del narrador)

¡Ejem!... Como decía. El escuchaba las noticias. No podía darse el lujo de andar desactualizado. Al menos no en los tiempos que corrían.

La compañía no tardaría en llegar. Sus colegas pilotos, llegaban en situaciones que ameritaron acciones diferentes, pero sentimientos muy parecidos.

Rachel, arrastrando su pijama de fina tela blanca, como una novia poseída por el hechizo del AMOR y Alexander, por algo mucho más simple y efectivo: Los chocolates.

Si leyeron la conversación por celular, la carta y la mirada de algarabía de hace tan solo diez minutos, entonces pensarían que la chica, es muy inteligente y tiene un talento nato para esgrimir planes.

Posiblemente algún día, sería una gran confabuladora.

Pero eso pueden irlo descartando ya. Rachel, no fue capaz de reconocer los pequeños trozos de chocolate, que reposaban alrededor de los labios de su otaku compañero y lo confundió con algo… ¡Más escatológico!

•¿¡Pero qué!?... ¿Cómo llegó esa asquerosidad a tu cara?

•Me lo dejalon eshta manana. Esdaba soble mi sádana y me lo tomí pala no tened qe deslunar – Respondió Alexander con la boca repleta de chocolates.

Se fue alejando con cautela. El pánico invadió la habitación, cuando uno de los pedazos que Alexander, todavía masticaba con holgura, cayeron sobre la pijama de Rachel. Lo siguiente fue un maratón de una sola persona, que la chica corría de manera muy similar, a como lo hace un estúpido cuando se da cuenta que se está quemando.

•¡Aaaaaaah! ¡SOY COMPAÑERA DE UN CROPROFAGOOOOOO!

Luego de diez segundos, el sonido del locutor de noticias, fue lo único permanente en la cocina. Eso y la mala costumbre “Michalesca” de tomar la comida de la cuchara, masticando él utensilio de cocina.
Alexander tragó y después habló.

•¿Qué es un coprófago? – Pregunta Alexander.

•¿En serio quieres saberlo?

Base de ADVENT, 10:00.

¡Cómo ha pasado el tiempo!, ¿No?, ahora estamos en la base de ADVENT y han pasado casi ¡Tres horas!, ¡Vengan conmigo!, indaguemos un poco…

¡Oh!, ponche, tentempiés, globos y una gran esfera disco. Si estuviera en una escuela preparatoria, diría que es la fiesta de fin de curso (De los años setenta), pero en realidad, es mucho más simple.

Se trata del Día de San Valentín y nuestro estimado Dr. Maxwell Richter es, extrañamente, el encargado de la decoración.

El Capitán Connors, lo mira tácito desde el suelo. La gran escalera hace sentir a Richter poderoso. El cree que nadie le escucha, pero todos le escuchan y el cree que escucha a todos, pero en realidad no escucha a nadie.

De hecho, nadie le está ayudando.

¡La Dra. Elizabeth y su consabido don del oportunismo! El querer hacerle compañía a Connors, no es obra de la casualidad. Se trata del día de San Valentín, ¿Recuerdan?

•¿No te parece que lo está haciendo bien?

La Dra. Morristown, puede decir lo que quiera con un tono que jamás saldrá del adjetivo “SEDUCTOR”, espero, la haya descrito lo suficientemente bien como para que los lectores, se den una idea de lo que quiero decir.

•Sí. Me parece que sí. Al menos no ha puesto a los Patriots a dar un espectáculo extraño o algo peor.

•¿A qué te refieres exactamente?

•Pues… Esta mañana vi como vestían al Falcon de DJ y pintaban al Fox con colores muy vivos. ¡No sé!... Ya no sé qué esperar de Richter.

•Bueno…

•En caso tal de que quieras evadir esta “fiesta” conozco un restaurante excelente al final de la calle Maines.

Connors se retiró, dejando una muy buena impresión en la Doctora. Lo miró por detrás cuando se alejaba y él se detuvo para hacer lo mismo.

¡Lástima!, Richter poseía el don del importunísimo.

•¡Fuera abajoooooooo! – Gritó desde la cima de la escalinata.

•¿Ah?

¿Han visto a las mascotas de los parques de Mini Golf?, en ese momento, Connors parecía una. La esfera de disco, suplantaba muy bien a la pelota del sofisticado juego blanco.

Habitación de Rachel, 12:00.

“¡Toc – toc!”, se escuchó. De inmediato Rachel, preguntó:

•¿Quién es?

•Michael…

•“¿Será conveniente dejarlo pasar?, ¡Diablos!, no se me ocurrió una excusa para esta ocasión. Bueno…” - ¡Adelante!

El picaporte giró normalmente. Giró con la tranquilidad y serenidad con la que un chico como Michael, haría girar un picaporte.

Lo que sus ojos vieron, fue inaudito. Todo hombre en su vida, querría ver algo así. A cualquier hora del día.

El vestido rojo, relleno de lentejuelas, sacado y pagado, de quién sabe dónde y quién sabe cómo (¡Esperen!, la tarjeta de crédito); le quedaba a la medida. A Michael, ya no le quedaban dudas de que Rachel, había sido la artífice de esa seguidilla de cartas.

¡Esperen! (De nuevo), ¿Cómo es que Michael lo sabe?

•¿Qué opinas?

•Podría decirte muchas cosas, pero temo quedarme corto…

•Dime lo primero que se te venga a la mente.

•¡Te ves muy bella!

La chica, poseía un porte natural para el modelaje. Se notaba a simple vista. Michael no pasaba el pórtico de la habitación. Se sostenía al marco de la puerta con ambos codos colocados en diez y cinco, respectivamente.

¿Pero a qué había venido?

•¡Cierto!, ¿Qué es lo que deseas?

•Tengo una duda con respecto a la carta que me mandaste.

•“¡Lo sabe!... Igual, tendré que seguir con el plan, no quiero desperdiciar esta ocasión” - ¿Cuál es tu duda?

•Me dice que debo llegar cerca de las 18:00, pero “cerca”, no me convence, ¿A qué hora te gustaría que llegase?

•Bueno… Siempre que no sea después de mí, estará bien. Ya sabes que a las damas no se les deja esperar.

•Sí – Michael ríe - ¡Tienes razón!, entonces a las 18:30, estaré ahí.

•¡Ok!

Luego de la despedida a Rachel le llega el mal augurio, ¿No se supone que la carta que ella había mandado, decía muy claramente a las 19:00?

De hecho, lo que había dicho Michael, sonaba muy parecido a la carta que ella había remitido al que sería él…

•¡No!, ¡Deben ser imaginaciones mías! – Dice para sí misma – Creo que se me ve bien este vestido.

El parabán compuesto por espejos, le daba la razón. Se veía muy bien con el vestido.

Pronto pasaremos a las 19:00, antes de llegar, les aconsejaría releerse el episodio, en caso de que no hayan entendido algo o estén perdidos. Recuerden, este es un ESPECIAL y no tiene nada que ver con el tópico original.

Así, sin más dudas, pasemos al momento cumbre: ¡La cena!

Comedor, 19:00.

Una mano plácida y experta, encendía las velas con un yesquero clásico y muy elegante.

Seguramente aportado por la anfitriona de la cena en cuestión.

La contextura física, hablaba de una persona alta y bien vestida, pero no tanto como para asistir a una comida de noche. Más bien, como para asistirla.

Esa misma persona, colocó las finas bandejas de plata sobre los platos redondos de porcelana y dio por finalizada su tarea previa. Ahora, solo debía coger el gran pañuelo blanco y colgarlo de su brazo izquierdo, como si de un perchero se tratara. No tuvo que esperar mucho. Las puertas se abrieron dos minutos luego.

La entrada triunfal de Rachel Barret. La diva, la más elegante, la más bella y talentosa; la que tuvo el gran ingenio de crear la velada que impulsaría su ego hasta las nubes. Aquella con la que estaba segura, atraparía al único chico que ella había considerado lo suficientemente “No idiota”, como para andar con ella, tomados de la mano.

¡La Gran Rachel Barret!, sin embargo, la Gran Rachel Barret, olvidó un detalle importante. Un detalle de esos, que ganan campeonatos.

•¡Michael!, ¿Por qué estás vestido como un esmoquin?

•Es lo que decía tu carta: “Requiero tus servicios para esta noche y bla, bla, bla…”

•¡Pero!... ¡No puede ser!, ¡Esa no era la carta que yo!...

La Gran… ¡Bah!

¡Rachel fue interrumpida por Alexander, que llegó vestido con un kimono y oliendo a pollo frito!, ¡He dicho!

•¿¡Pero qué demonios!?

•¡Perdón por llegar tarde!, pero accidentalmente, se me cayó un poco de chocolate sobre el traje, luego de que me quedara congelado leyendo en internet el significado de: Coprofilia, y el repuesto más parecido que tenía, era este kimono… El traje, está en la lavandería.

La ya no tan grande, Rachel Barret, había quedado estupefacta. Posiblemente, su figura, ahora era lo más parecido a un monolito sin petrificar, que se pudiese imitar en estos tiempos. Una precisión y tacto, que hasta un mimo envidiaría.

Espabiló, luego de que Michael rozará una de las patas de la silla, a propósito para llamar la atención de la bella chica.

Michael todavía, la consideraba bella.

Por eso hecho hacia atrás el asiento para que ella notara su caballerosidad y la aceptará, sentándose con la elegancia con que lo haría, una dama… O simplemente porque era el trabajo del mesero, ¡Qué sé yo de meseros!

La cena transcurrió con lo que se podría decir, una relativa normalidad. El silencio, era sepulcral y Alexander parecía prestarle más atención al Bife de Chorizo delante de él, que a Rachel, quién apenas pinchaba su trozo de carne con la punta del tenedor.

El alemán no dejaba de preguntar una y otra vez: “¿Cuánto falta para el postre?”, ¿Y quién no lo haría?, si Rachel prácticamente no hablaba.

De brazos cruzados y apoyado a una de las mesas, Michael los observaba. Sus expresiones faciales, apenas y lograban disimular los inmensos celos que sentía hacia su compañero, aunque lo peor estaba todavía por llegar.

•¡Esa música! – Pensaba Michael – Esa música yo la conozco.

•-¡Entonces tú también! – Exclama Alexander.

•¿A qué te refieres? – Pregunta Rachel

Todo eso es para que no queden dudas de quien es quien.

•Luego de pasar la sorpresa por descubrir el significado de Coprofilia en internet…

•¡Podrías dejar de traer esa palabra a la mesa!

•¡Cómo sea!, luego de descubrirlo, me puse a indagar sobre música romántica para veladas y decidí llamar a un cuarteto de mariachis y una cantante.

El mesero viró treinta grados la cabeza y miró con cara de “¿¡Qué diablos!?”, a su colega.

¿Música de mariachis?, ¿En serio?

Cuando la música se detuvo y lo que se comenzó a escuchar fue los gritos desesperados de los servidores públicos; entonces las cosas, quedaron más que claras.

•¿Les dijiste de las trampas en el pasillo? – Preguntó Rachel.

•…

Vereda, 21:00.

•¡Señor!, el contrato de nuestros trabajadores, no contempla un seguro médico. Si desea no ser demandado, entonces le recomiendo que pague los daños personales.

•¿¡Qué!?

•¡Le digo que nuestros trabajadores, no tienen seguro médico!

•¿¡Seguro qué!?

El que Alexander, sepa alemán e inglés, lo hace bilingüe. Posiblemente, hubiese sido una buena idea que contratase personas a las que si entendiera, puesto que los mariachis, hablaban enteramente español.

Al final de cuentas, tuvieron que llamar por teléfono a la agencia y solicitar a un traductor. Alexander se desembolsó con quinientos mil grandes, se despidió con un típico: “¡Sayonara!” y una sonrisa típica de la persona, que no sabe ni entiende lo que acaba de hacer.

En el umbral de la puerta, se encontraban unos Rachel y Michael, muy cerca el uno del otro, pero no lo notarían, hasta que el alemán, se retirara. No sin antes, preguntar por el postre.

•¿Hay postre?

•La bandeja que quedó sobre la mesa, tiene flan – Le responde Michael.

La diva y el mesero. La noche, vista desde los suburbios era maravillosa. Posiblemente, lo más rescatable de la velada.

•¡Bien! Yo ya me voy.

•¡Rachel!

La piloto jamás hará oídos sordos, cuando escucha su nombre proveniente de la boca de Michael.

•El aspersor no está prendido, ¿Qué dices?, ¿Me acompañas?

La Gran Rachel Barret, asintió con la cabeza.

Charlaron y contemplaron la gran ciudad bastante rato. Si la velada había sido un desastre y su desenlace algo todavía peor; entonces, al menos, se podía rescatar ese momento. Momento aderezado, con otra sorpresa inesperada.

•Mira, ¡Fuegos artificiales!

En efecto y no estaban a diez metros de ellos, ni salían despedidos desde alguna de las habitaciones.

Eran reales y provenían de muy lejos.

El origen... Los fuegos artificiales eran despedidos desde una aurora, muy parecida a la que dejan los incendios. ¡Se trataba de fuegos pirotécnicos, activados por un incendio!

De hecho, ahora que los pilotos lo pensaban, venían de enserio muy lejos. Tan lejos, como se encuentra localizada la base de…

•¡ADVENT!

Y la siguiente palabra que se les vino a la mente a ambos, fue:

•Richter…

Risas y una mirada de catorce segundos, como catorce de febrero es el día de los enamorados.

Al menos, mal, ellos dos no se habían llevado.

•¡Feliz San Valentín, Michael!

•¡Feliz San Valentín, Rachel!

Al día siguiente…

Hangares de los Patriots, 14:00.

Los tres pilotos no podían concebir mayor vergüenza.

Sus Unidades y principales armas de combate, se encontraban en condiciones realmente deplorables y no a causa del incendio, sino de la fiesta en sí.

El personaje responsable, está demás mencionarlo. Ellos solo entraron a la base y procuraron ignorar a los trabajadores pasados de tragos, que se hallaban desparramados por el suelo.

Si los Patriots pudiesen beber, serían uno más de ellos. Pero eso no iso falta.

•¡Ya qué! – Expresó resignada Rachel.

•¡Alex!

•¿Nani ga okoru no ka? (¿Qué sucede?, en japonés)

¡Y sí!... Michael lo entendió.

•La cabeza de tu Eagle, tiene un enorme lazo encima.

El que voltearan a ver a Rachel, ya tenía que ser una reacción instintiva. La diva, solo se dignó a negar repetidas veces con la cabeza y esto solo aumentó la curiosidad de los pilotos.

Michael se trepó hasta la cabina del piloto y con el seguro manual, consiguió abrirla. Dentro, se hallaba una caja de bombones.

Desde las alturas, el piloto de origen latino, arrojó el obsequio con forma de corazón; el cual traía una nota adherida a la cobertura del lazo.

La carta, solo tenía una gran “K” en el centro de la hoja.

Ante la inercia, duda y misterio; nuestro héroe de origen alemán, solo podía hacer una cosa.

•¡Chokorēto o taberu tame ni! (¡A comer chocolate!)

¡Ha dicho!
ElGatoBlanco está fuera de línea   Citar y responder

Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.
Viejo 02-16-2011, 06:20 PM   #7 (permalink)
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.

CODE--05: School Day.

¿Qué son los despertadores? Aquellos aparatos que nadie quiere escuchar, pero que cuida tanto de los seres humanos, que día a día dependen de él para sus quehaceres diarios.

¿Cuándo suenan los despertadores? Suenan cuando la gente quiere que suenen. No hay otro momento.

¿Por qué no queremos que suenen los despertadores?, por la misma razón que no queremos acostarnos temprano todos los días. Por esa razón.

Habitación de Alexander, 6:30.

El póster de Bleach iluminado por la intensa luz, que traspasa la ventana y daba por sentado la gran capacidad de diafanidad que poseen estos elementos para permitir el paso de la misma.

El póster de Bleach, en la habitación de Alexander, es lo único que recibe luz a esas tempranas horas de la madrugada. Sólo el póster, nunca su dueño.

Un muchacho rubio de diecisiete años, contempla la realidad desde su cama. En esas horas donde la gente se permite a si misma reflexionar y luego proceder, Alexander tiene poco en lo que inferir. Aquél día estaba anunciado desde antes que el naciese.

•Instituto… ¡Buenos días, Ichigo!

Habitación de Rachel, 6:31.

“Toc-toc”, resuena luego de que dedos engarrotados, golpearan una y otra vez contra la puerta de la egocéntrica piloto de Patriot. “Toc-toc”, otra vez…

•¿Qué?...

•Tienes que levantarte – Decía una voz masculina desde el pasillo.

•Pero es viernes.

•No hay viernes en ADVENT, ahora párate.

Silencio…

•¿Ya se despertaron los idiotas?

•Se levantó uno.

Silencio un poco más prolongado que el anterior…

•¿Cuál de los dos?

•El que te ayudo a acomodar tu cuarto ayer. Ese idiota.

Pasaron cinco segundos….. Luego Rachel, abrió la puerta con furia y su estela de humo por el pasillo, quedo como testigo de su presencia en aquel lugar.

Comedor, 6:35.

Michael era tan estoico y sistemático a las seis de la mañana, como podía serlo a las cuatro de la tarde u once de la noche. Si no fuese por sus escasos diecisiete años y su gusto tan selectivo, estaría tomando café y leyendo el periódico en lugar de comer cereal y mirar la televisión.

Alexander fue el primero en llegar. Saludó a su compañero rutinariamente y luego soltó un bostezo.

Dio un vistazo a la cocina y noto que seguía tan impecable como el día que la había visto por primera vez (Osease, ayer), eso, en términos culinarios, era una mala noticia. Sobre todo si lo único fuera de la despensa, era una caja de hojuelas de maíz y medio litro de leche.

•¿Nadie se dignó a cocinar? – Preguntó sorprendido Alexander.

•Creo que nadie sabe cocinar.

Michael continuó tomando su cereal. Cronometraba las cucharadas con una diferencia de siete segundos entre una y una. Era milimétricamente escalofriante.

El ritmo se alteraría, ¿Han visto a una mujer sin maquillaje por las mañanas?, algunas, se ven bonitas, pero ese término solo puede acuñársele a aquellas que gozan de buena actitud. Otras como Rachel, simplemente no.

Al verla plantada en el pórtico, con pijama y lagañas, los dos pilotos no pudieron evitar contemplarla por escasos segundos. Alexander, sacaría a relucir su objetividad luego.

•El baño, es la última puerta, antes de llegar a la sala – Dice en tono sarcástico.

Bastó una mirada tenebrosa para acallarlo. Michael continúo comiendo.

El piloto de raíces latinas, quiso observar un momento su reloj… Ya estaba dicho.

•Y sí… - Michael dejó el comentario en el aire, luego prosiguió – Se nos hace tarde.

El rubio y la chica de cabello castaño, se abalanzaron sobre el cereal, como si del último vaso de agua se tratara.

Pórtico de la casa, 6:45.

Tres chicos a punto de quemar su etapa adolescente y un sargento con complejos de Cabo Kennedy. La hora de llegada al instituto, era como máximo, diez minutos después de las 6:50,

¿No costaba mucho decir las 7:00?

Marcus fue repartiendo pequeñas bolsas de papel Kraft a cada uno de los muchachos. Ninguno pregunto por qué y que había dentro de la bolsa. Las cosas comenzaron a ponerse raras, cuando Marcus fue entregando tarjetas de crédito con el logotipo de ADVENT, resaltante en el medio de cada una de ellas.

•No hay necesidad de que las utilicen el día de hoy. Preví eso e hice los almuerzos temprano en la mañana.

•Esto… - Mencionó Rachel – Me entregaron una tarjeta de débito en la base para mis gastos, ¿Cuál es la diferencia?

•Esta es una tarjeta de crédito.

•Sigo sin entender…

•Cada una, posee un límite de un millón de dólares.

Alexander cayó desmayado ipsofacto.

El retumbar de su caída, iso vibrar un maletín mal apoyado a una de las piernas de Marcus. Cuando el maletín de un color cromado metálico, cayó al suelo, se abrió de par en par y reveló una serie de armas de bajo calibre, como: Pistolas de manos, escopetas recortadas, granadas, binoculares e intercomunicadores, entre otras cosas...

Nadie dijo nada. Marcus, notablemente avergonzado, tardó cinco segundos en reaccionar. Nadie apartó la mirada de los artefactos bélicos y de espionaje desparramados en el suelo.

En ese momento, el claxon de la camioneta ejerció las veces de campana de la libertad o campana de la salvación, y Milly, era su campanera.

•Ok… Vámonos – Dijo Marcus apresurado.

Nadie lo creería, pero la joven científico, encargada de sistemas y bases operacionales de todas las Unidades Patriots, conducía como toda una experta(pero experta piloto de formula 1).

Los policías y fiscales, no podían decir que iba a exceso de velocidad, pues apenas se podía decir que un auto había pasado. ¡Claro!, a semejante velocidad, era una proeza que alguien alcanzase a decir, que vio algo.

Llegaron a Stocker, cinco minutos antes de lo estimado. Rachel tomó ese receso para arreglarse de nueva cuenta, Michael para despojarse de sus diez cinturones de seguridad y Marcus para sacar a Alexander del maletero.

•Ok. Con calma, quiero que uno a uno, traten de colocar sus pies en la superficie.

Los tres pilotos cayeron como fichas de dominó, tan pronto pusieron un pie en tierra firme.

•¡Qué tengan un buen día! – Dijo Milly con una sonrisa.

•Aja… - Respondieron los cuatro al unísono.

¡Momento!, ¿Los cuatro?

•Ahora que los tres han logrado estabilizarse, me tomaré unos minutos para explicarles algunos detalles.

La toz previa a la tormenta, no era un buen augurio para los muchachos. Marcus señaló varios puntos en el aire con su dedo índice, aún sin decir una sola palabra.

•En cada uno de esos tejados, se encuentra un francotirador y su respectivo respaldo, preparados para abrir fuego, en cuanto detecten alguna amenaza.

•¿Amenaza? – Preguntó Rachel con miedo.

•Sí. Y solo para estar más seguros, he instalado cámaras en todos los lugares posibles, con tal de tenerlos vigilados las veinticuatro horas del día.

•¿Todos los lugares posibles? – Preguntó, ahora temerosa, Rachel.

•Tranquila, el servicio de seguridad está compuesto por mujeres y es el que se encarga de monitorear el baño de chicas, las veinticuatro horas del día.

La bella chica soltó un leve suspiro. No le molestaba ser observada por mujeres, total, ya se había cambiado una y otra vez, entre vestidores con varias de sus amigas y compañeras presentes.

•Bueno… A veces se aparece Richter…

Michael, reaccionó rápido luego de que Rachel se desmayase. Ahora eran dos pilotos de Patriots que cargar.

Aula del Quinto año, 7:00.

La bella Rachel, entró al salón de manera muy similar, a como lo hacen las divas de época. Mujeres que brillan en los escenarios por su sobriedad, estilo y personalidad. Aun cuando las miradas, caían como flechas sobre su espalda y frente, ella las recibía con gusto. Ya estaba acostumbrada.

Para Alexander y Michael, en cambio, fue toda una odisea llegar a sus respectivos asientos.
Niños frikis, chicas alborotadas y adolescentes del montón; les llovían, también como flechas, pero de una manera más realista. Los dos pilotos de Patriot, buscaban por debajo de sus mochilas un escudo improvisado.

Fue un brazo, alargado y resplandeciente, que surco la selva de mortales espinas para sacar al caballero y a su caballo. Su gran autoridad, practicidad y sobre todo: Sus enormes gafas, hicieron que los paparazis, se alejaran paulatinamente hacia los matorrales oscuros, como temiendo la presencia del audaz señor, pero sin dejar nunca de verlo con los ojos bien abiertos de primate.

Michael tuvo que acomodar un poco, su no tan elaborada cabellera y colocar en su sitio, varios de los cuadernos, que pasaron de una posición vertical a una horizontal. El joven latino nunca supo cuando eso sucedió.

Ahora el señor, extendía la mano y se dejaba ver para revelar que no era un señor, sino un muchacho, como ellos, pero con más experiencia. En la milicia, lo llamarían “veterano”, ¡Irónico!, ¿No?

•Espero, sepan comprenderlos – Dice, mientras extiende la mano para saludar – Después de todo, ustedes pilotean robots gigantes.

•¡Bueno!... – Contesta Michael – Tampoco esperaba que todos aquí fuesen como tú. Si te soy sincero, habría sido decepcionante.

•Entonces, ¡Me alegro de que hayamos cumplido sus expectativas! – Dice con una sonrisa, y los brazos cruzados por la espalda.

Michael, como de costumbre, necesita evaluar a su conversador. No le importaba que esto fuese una mala costumbre, él lo hacía de todos modos.

•Me llamó Michael, pero de seguro, eso ya lo sabías.

•Lo que no debes saber, es mi nombre. Jonah River, delegado de la clase.

No conversaron mucho después de eso. Alexander, recostado de su pupitre, como si de una hamaca se tratara, esbozaba una sonrisa jovial, ¡Muy jovial!, demostrando lo mucho que le había molestado la situación anterior.

•Igual que en Evangelion… - Susurró el alemán.

Delegado y alumno nuevo, se miraron con complicidad y las bocas apenas entreabiertas. Luego suspiraron al unísono y tomaron asiento para continuar con lo suyo: Una nueva amistad.
Al otro extremo del salón, una mirada que difería entre el amor y el odio. La atención que amaba recibir y lo mucho que odiaba el ya no tenerla. Rachel hubiese combinado mucho mejor las llamas ardientes, que hacían de sus ojos un gran caldero de combustión, con una melena enteramente roja; pero su cabello era castaño. ¡Lástima!

Estaba rodeada por una coraza de cinco o seis amigas, pero su mirada, lograba filtrarse por las hendiduras que dejaban los brazos a medio cruzar de una de ellas y los espacios vacíos, colados en la melena de otra de ellas. Pronto se fue relajando, pero sus amigas no dijeron nada.
Más atento parecía estar Marcus, con sus binoculares en la azotea del edificio B, que sus propias compinches y eso lo hacía aún más degradante.

Rachel le iso un gesto de desaprobación, desde su pupitre a lo que Marcus respondió con señas de beisbol que cortara rápido la comunicación, cosa que termino por espantar todavía más a la chica. Estaba sumida en sus pensamientos, cuando un impacto repentino, sobresaltó a todos y a ella en particular.

•¡Maldito profesor! – Exclamó la piloto.

Eso por supuesto, sus amigas si lo escucharon.

Alexander, todavía dormitaba en las hamacas de Afrodita. Difícilmente despertaría hasta el final de la clase.

El piloto aun despierto, no evitaba enseñar sus dudas con las expresiones de su rostro. Jonah, como todo buen delegado, debía explicarle el porqué, el maestro de turno, caía como un sonámbulo sobre su escritorio y emitía sonidos cacofónicos, muy similares a eso que llamamos ronquidos.

•El profesor Benley… Seguro te hablaron mucho de Stocker y de su alto índice académico, ingreso masivo a universidades y becas; pero también estoy seguro, que de todos los profesores, nadie te hablo de Stanley Benley.

El piloto, solo negó con la cabeza.

•Ya te puedes ir acostumbrando, siempre hace lo mismo. Pero no te preocupes, nuestros libros de física, son nuestros mejores profesores.

•¡Concuerdo contigo!

•Total, para manejar una de esas cosas, hay que saber mucha física, ¿No?

Suena la campana, 8:15.

Si pudiésemos sustituir los gruñidos de nuestro estómago, por otro sonido en particular, ese sería la campana del desayuno. Misericordiosa como ella sola. Ha liberado del yugo de la trivialidad y el aburrimiento a más de uno, y Stocker, con todo y su alto performance, no estaba exenta de ello.

El comedor, era como cualquiera de nosotros lo imaginaríamos. Amplio, con un gran bufé hacia el fondo y espacio suficiente para que los cocineros y meseras, pudiesen desplazarse con comodidad. Centenares de asientos, ocupados por diversos grupos de amigos y compañeros, unidos por diversas índoles, todas sustentadas en base a una idea: Cosas en común y cosas en desacuerdo.

Rachel caminaba de rutina, junto a sus amigas, llevando consigo un bosquejo mental ya más que memorizado, pero contemplando palabras que todavía ahora, no creyó escuchar tan rápido, aun viniendo de una persona tan cordial y desentendida de banalidades, como lo era Michael.

Flashback, salón de clases, 7:55.

Ya las chicas acomodaban sus útiles y arreglaban sus asientos. Rachel, estaba en una situación parecida, pero a diferencia de sus “compinches”, ella no recibía la visita espontánea, de un compañero de guerra.

•Rachel – Dice serio - ¿Vendrías a desayunar con nosotros?

La chica de cabellos castaños, hecho una mirada por detrás de Michael, al delegado Jonah. Ya lo conocía de bastante tiempo atrás y no le caía mal, ni nada por el estilo. Tampoco tenía nada contra Alexander, aunque su comportamiento tan extraño, se ganaran la atención del cuatro ojos, quien lo toqueteaba con un dedo para ver si despertaba.

Los observó por tres segundos más y luego miró a Michael. No era una mirada de odio, era más… De comparecencia.

•¡Lo siento!, pero no desayuno con raros. Prefiero hacerlo con mis amigas.

•Como quieras – Contestó el.

Ya se daba la espalda para retirarse, pero se notaba que el joven Bidden, aún tenía al más que decir.

•Pero sabes… Tú… No eres muy diferente a nosotros.

Rachel detuvo el movimiento de sus brazos y dejo los cuadernos sobre el escritorio. Razonó y siguió escuchando.

•¡Salvo por el sexo, claro! – Michael reía.

Fue una de las pocas veces que lo vio reír, desde que lo conoció y a la joven Barret le gustó.
Fin del flashback.

Ella se sentó y los quiso observar comer. Por un rato, le pareció tener la premonición de que algo particular, pero ya conocido por ella, sucedería.

•¿Qué ves Rachel? – Preguntó una de las chicas.

•El menú – Contestó sistemática – Hoy no hay pizza, ¡Qué mal!

Los muchachos comían amenos, nada parecía poder perturbarlos. Jonah no dejaba de sorprenderse por ver como dos pilotos de Patriots, en tiempos de guerra y sin llevar mucho tiempo de conocerse, podían llevarse tan bien. Por otro lado, parecía que el delegado de la clase, o no hablaba muy a menudo o no tenía muchos amigos, ya que prácticamente, era una conversación de uno.

Aunque eso, a los pilotos, no les molestaba. Total, Jonah, era gracioso.

Gracioso no fue, cuando en un despabilamiento, Michael tuvo la suerte de verlo venir y esquivar la charola de comida que ya parecía destinada a impactarlo de frente.

Notablemente contrariado y extrañado. Michael juntó las cejas y volteó a ver la charola equivocadamente, buscando respuestas en ella.

Alexander se le adelantó. Ya estaba parado y de camino al mesón del busca pleitos, cuando su compañero se había dado cuenta.

¿El artífice?, un típico estúpido, con el ego incorrectamente inflado y el suéter del equipo de fútbol americano. Su cabello rubio y en forma de agujas, hacían equipo con el infaltable mentón para calificarlo de tal.

Alexander, se le plantó de frente. El idiota, lo superaba notablemente en tamaño y musculatura, pero eso, más que intimidarlo lo molestó más.

Jonah veía la escena y se paró ipsofacto para intentar detenerla. Michael lo tomó del brazo que todavía se apoyaba a la mesa y con un gesto recomendó no gestar la acción del delegado. En lugar de eso, le aconsejo sentarse a mirar.

El caso es que Jonah, no pudo sentirse muy incómodo, cuando vio y escuchó a Michael claramente contar con los dedos mientras observaba muy pendiente a Alexander. El latino, se aprovechaba de la situación para pasar desapercibido de sus gesticulaciones.

•Es mi primer día – Dijo Alexander – Y ya tengo que encontrarme con idiotas como tú.

•En esta escuela, no hay homosexuales.

Todos los compañeros de la mesa del matón, rieron al unísono. Alexander parpadeó su ojo derecho sin dejar de prestarle atención.

•Eres su novio y como él es el más mariquita, tú te paraste a defenderlo, ¿Verdad?, porque esa es la misión del novio marica: Defender a su novio, ¡Jajajajajaja!

•¡Qué idiota! Ni siquiera merece la pena que te golpee.

Continuaron riéndose, ¿Y el detonador?

•¡Ustedes los maricas, son tan aberrantes y asquerosos como los cerdos!

El detonador desde luego, se activó.

Michael sonreía, porque eso era lo que esperaba y Rachel lo había escuchado muy claro. Sus pupilas se contrajeron y sus labios se abrieron de par en par, dejando al descubierto sus herméticos dientes.

El matón pasó a ser historia. Michael no contó más allá de tres dedos, cuando se levantó apresurado y puso las manos para intervenir el impacto de la silla, sobre el matón, quien ya se encontraba en un aspecto que daba lástima.

El resto fue un silencio sepulcral. El que Alexander sintiera la mano salvadora de Michael deteniéndolo, de alguna manera, lo tranquilizaba. Los profesores no tardaron en llegar y tomar al chico como un convicto que va detenido y con un destino más que profetizado hacia los cubículos con barrotes de metal, en lugar de puertas.

Por alguna extraña razón, nunca se trataba al que respondía como aquel que exigía sus derechos, sino como el loco o el psicópata; aunque bien Alexander, podía llegar a masacrar una etnia solo de idiotas, solo con escuchar la palabra cerdo.

Michael lo veía salir a través de las puertas de par en par, igual que aquella última vez. Ahora, podía sentarse y terminar su desayuno.

Jonah apenas y podía voltear a verle. Michael, tendría una conversación muy larga con el delegado de la clase, antes y durante la hora de educación física.

•Ya sabes – Recalcaba Michael – Como nunca debes llamarlo.

Oficina del director, 8:30.

El viejo, sin pelo en su superficie, revoleteaba y reordenaba sus papeles una y otra vez, buscando nada. En realidad solo quería hacer tiempo, ya que posiblemente, esa era la manera más molesta de castigar a Alexander.

El alemán, notó que la hora ya se le había pasado y eso fue motivo suficiente para llamar la atención del director.

•Señor… Ya comenzó mi clase.

•Lo sé.

•Entonces, si me disculpa…

•No.

Era difícil de creer. ¡De verdad lo iba a dejar ahí, esperando, sin decirle nada! Solo abrió una gaveta para sacar una hoja de papel, muy burocrática que leyó no más de cinco segundos y luego pasó a Alexander con naturalidad.

•¿Qué?...

•No te molestes en completar la frase. Por favor, tu firma aquí – Le indicó el área subrayada con un bolígrafo.

Atónito, buscó reclamar, pero antes de poder decir “pero”, un azote leve a la puerta, se manifestó de pronto en la habitación.

Un bien uniformado Marcus Kenneth, como no había salido de aquella mañana, se presentaba ante ambos personajes, interpretando el papel de cualquier cosa que no fuese un guardaespaldas infiltrado.

El director ya lo sabía, pero Marcus, con una sonrisa sarcástica, se lo haría recordar.

•Mi representado, tiene clase de educación física, así que con su permiso.
La pistola apuntando a la cabeza del director, (Estaba literalmente pegada, a la cabeza del director), era un aliciente tan característico, como también lo era el tartamudeo incesante del ejecutivo escolar y la cara petrificada del rebelde alemán.

Un minuto después, ya estaban por los pasillos caminando. El silencio no duró más de diez segundos.

•Esa pistola – Preguntó Alexander – ¿También la utilizaste con la secretaria?

•No hubo necesidad, Doris (La secretaria, no le presten mucha atención), ya me conoce como el coordinador de seguridad del plantel.

•¿Coordinador de seguridad?, ¡Ese puesto!...

•A mí no me preguntes; todo fue idea de Richter.

•¡Ah!...

Continuaron su caminata habitual por el pasillo, hasta llegar al vestidor de hombres. Ahí, representante y representado, debían separarse.

•Bueno… Aunque me parece difícil que una organización como ADVENT, consienta medidas como esta para solucionar las cosas y más aún cuando vienen de Dr. Crazy (Mote de Richter, si han prestado atención), te agradezco que te hayas tomado la molestia de sacarme de este apuro – Alexander le extiende la mano, a la vez que su cara, refleja el sentimiento de una persona agradecida.

•¡No hay de qué!, yo también vi lo que sucedió y francamente, hubiera hecho lo mismo – Corresponde al gesto.

Hubo un momento de silencio. Marcus tenía que decir algo, pero le incomodaba.

De alguna manera, lo terminó diciendo.

•Por cierto… Si alguno de ustedes tiene problemas de nuevo y no los pueden controlar, pues… ¡Hay un código clave para que acuda de inmediato a donde están!

•¿Un código? – Pregunto Alexander - ¿Cuál código?

•PIKACHU…

Silencio sepulcral.

•¿Idea de Richter?

•Sí…

El alemán reventó a reír, su compañero Sargento no pudo evitar imitarlo, aunque de una manera mucho más comedida. Luego de volver en sí (La risa duró más de tres minutos), ya Alexander podía recordar lo siguiente que tenía que hacer.

Alexander abrió la puerta del vestidor y volteó a ver por última vez a Marcus.

•¡Gracias, amigo!

Campo deportivo, 8:55.

El uniforme masculino de deportes, era bastante simple: Una franela blanca con un logotipo del lado derecho y pantaloncillos negros que llegaban hasta la media luna de las rodillas. El sol era intenso, aunque no tanto como para poder llamarlo sofocante. La brisa compensaba la calidez de la estrella para ofrecer a los chicos un clima tibio, perfecto para cualquier deporte, pero en especial uno, que había cobrado notable popularidad en los Estados Unidos, luego de que la selección, se alzara con el campeonato mundial en 2018.

¡Sí!, los rusos dejaron a Norteamérica participar. La resaca por las celebraciones anglosajonas, luego de quedarse con la copa, han sido uno de los escollos que los comunistas, todavía toleran, hasta el día de hoy.

Los balones, no han cambiado ni cambiarán su fisionomía, hasta que el deporte deje de existir. Seguirá siendo redondo y tendrá manchas negras y blancas, como característica principal. La diversión, como siempre ha dicho MasterCard, no tiene precio.

Jugaron separados. Michael y Alexander, eran compañeros en el campo de batalla, pero no así, en el campo de juego, sus miradas desafiantes, y la bola de paja rodando cerca de donde reposaba el balón, era complementado con la encasillación de película hollywoodense de pistoleros. A Alexander y Michael, solo les faltaba sacarse la franela con violencia y revelar la camiseta de su equipo favorito.

El Real Madrid (Alexander) y el Barcelona (Michael), cuando no. La rivalidad de los gigantes españoles, seguía con o sin guerra.

Alguien pitó, jamás se supo quién y el partido comenzó. Diputaron el balón sin dejar posibilidades a un saque inicial, como en el Hockey y tal vez, el Baloncesto.

Hacían alarde de su gran habilidad, soltando la pelota con pases cortos, que eran devueltos con precisión y prontitud. Nunca perdían el balón y si pasaba a posesión del contrario, era por una falla de sus compañeros.

Llegó el momento, uno de los equipos se acercó lo suficiente a la portería como para poder rematar con peligro. Corrió a cuenta de Alexander. El alemán podía hacer alarde de que su país natal, tenía un talento empírico para el fútbol.

Su mirada, provocó en Michael sentimientos de revancha y el latino no esperó. Golpeó al balón con tal fuerza desde la media cancha, que apenas se podía decir que lo iso. Ya para cuando Alexander había bajado los brazos de su cintura, el balón estaba en su portería.

•¡EL REAL MADRID ES MEJOR!

•¡El BARCELONA ES EL CAMPEÓN!

Truenos, relámpagos, el cielo se nublo, la leve brisa, pasó a transformarse en una fuerte ventisca. Casi un huracán. Fueron a disputar el balón al medio campo con tal peligrosidad, que el resto de sus compañeros, se habían tomado la molestia de abandonar el campo de juego.

Un pitazo, el pitazo del árbitro. Ahora sabemos quién era, porque el chute, no fue perfecto, el desvarío de fuerzas, provocó que el balón saliese despejado y quién lo detendría, no sería otro más que el entrenador.

Justo después del blanco y el negro, el uniformado solo vio estrellas y pequeños remolinos a su alrededor.

Era evidente, que el juego había terminado.

Base de ADVENT, 11:45.

•¡Doctor, Doctor!

Las cucharas sostenidas sobre la nariz de Richter, ya estaban en perfecto equilibrio. Su concentración, era consecuencia directa de las largas horas que invertía tomando clases de meditación por internet. Se podía decir que estuvo a punto de levitar, de entrar en contacto con su alma y el universo, de darle la mano a Dios.

Pero…

•¡Déjate de juegos! – Dijo Connors con un carpetazo – Milly te está llamando y es muy importante.

Richter suspiró.

•Tienes que respirar hermano… - Dijo haciendo un gesto hippie, bastante atemporal.

•Díselo a ellos.

Con su brazo izquierdo, tomó el monitor de la pequeña Milly, quién todavía escribía.

Lo puso casi al nivel de su rostro, a punto de pegar plasma con carne. Las imágenes, no eran más que estática y sombras raras, pero la intuición, al buen Richter, nunca le fallaba. Ese era el desierto de Nevada y las sombras que a través de él se desplazaban, tampoco eran desconocidos para el atípico Doctor.

•Kazelnu – Dijo Richter, (Lo cual significa Perro del viento) - son Kazelnu. Prototipos antropomórficos de la Unión de Asia. Seguramente entraron al territorio por medio de comerciantes informales o el mercado negro. La buena noticia, es que ya sabemos, donde se localizan esos “comerciantes”

•Hay que llamar a Marcus – Respondió Connors.

•Sí – Contestó elocuente Richter – El también debería ir.

•¿Ir?, Marcus es uno de mis mejores sargentos, tengo que preservarlo en la ciudad, en caso de que esto se trate de una coartada.

•Para eso tenemos tres pilotos y en misiones así, podemos disponer de uno de ellos.

•Tu no entiendes – Recrimina molestó Connors - ¡Necesitamos tres pilotos!

•¡Y los tendremos!, pero uno, se quedará aquí.

•¿De qué hablas?

Richter nunca pudo estar más confiado. Cuando le iso el ademán con la cara a Milly, quien asintió con la cabeza y quitó con fuerza el monitor de las manos del Capitán, todo quedo muy claro.

Las ventanas, que proyectaban la imagen holográfica de la ciudad para hacer el ambiente de trabajo, más agradable, fueron difuminando la imagen, hasta revelar los hangares de los Patriots.

•Los Patriots, ¡Vaya sorpresa!

•Milly – Responde Richter sin dejar de mirar al capitán – Abre el compartimiento número cinco.

El botón presionado con delicadeza y el hangar abriéndose a manera de una flor en la primavera.

Un prototipo nuevo, hasta ahora desconocido. Su color azul oscuro y aspecto notablemente más grueso de lo normal, despejaron las dudas de Connors.

El Capitán quiso cerrar la boca para devolverle la mirada a Ricther, quien todavía sonreía.

•Entonces Marcus…

•¿En serio te creíste lo del guardaespaldas?

Entrada al instituto Stocker, 12:05.

Charlas entre amigos a la salida después de clases, en la entrada del instituto. Clásico para muchos.

Lo que no era costumbre (O bueno, tal vez sí), es que una camioneta, con un matón idéntico al anterior, pero más grande, se atravesase en el estacionamiento, ocupando tres puestos del mismo, por haberse estacionado de manera horizontal.

El hombre no dijo una sola palabra, fue directo a Alexander. Parece que el “idiota” dio una muy buena descripción de su “agresor”. Pero después de todo, quien iba a olvidar una cara como la de Alexander, luego de haber recibido una paliza semejante de su parte.

Rachel también caminaba cerca y espero escuchar de nuevo al detonador activarse, pero no fue así.

En lugar de eso, escuchó algo, que estaba vinculado a ella. No sabía porque, solo sabía que estaba vinculado a ella y ya.

•¡PIKACHU!

Acto seguido una gran explosión, de la que el equipo Rocket, hubiera estado orgulloso.
Sobra decir, que la camioneta, salió volando por los cielos. Su dueño por supuesto, se desentendió del pleito y corrió tratando de perseguirla. Solo Dios sabe, hasta donde llegaría.

•Eso… - Dijo inconcluso Michael.

•¡Que Marcus te lo explique! – Le interrumpió Alexander.

Rachel, desesperada, ya caminaba dispuesta a pedir una explicación, ¡Peeeeeero!, otra camioneta se estacionó en el mismo puesto y de igual manera que la anterior; solo que esta, bajó el vidrio antes de provocar otra explosión.

Se trataba de Marcus, ¿Cuándo demonios, había bajado de la azotea?, se preguntó Rachel.

•Ustedes tres, ¡Suban!

Obedecieron como soldados que NO eran. De camino a la base, Marcus parafraseaba y se enredaba explicando el porqué de la abrupta salida, el propósito de la misión y el volante del automóvil; hasta convertir sus explicaciones en trabalenguas.

Todo eso amalgamado, fue motivo suficiente para que los chicos desearan estar con Milly de conductora, luego de pasar por el puente de New York y estar a punto de caer al mar, tres veces.

Era el mar o el desierto, pero no ambos.

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Especial de San Valentín

El alba de la mañana era tan resplandeciente como en otros días, pero esta vez, el sol quería mandar un mensaje.

Alexander, que apenas podía lidiar con las lagañas vespertinas que suele adquirir, después de una larga noche de animé y mangas; percibe la luz colarse por su ventana e impactar con el afiche de Ichigo Kurosaki, como todas las mañanas. Esta luz y esta mañana, sin embargo, lo siente diferente.

Para comenzar, siente un peso. Hay algo sobre su pecho. Puesto con recelo y cuidado por encima de las sábanas de satén que todavía le cubrían. Las lagañas, se han amilanado ya un poco más.

Extiende su brazo al descubierto de las sábanas, el cual siempre tiene apoyado sobre el escritorio, en caso de querer prender la lámpara o tomar agua. Lo posiciona lentamente sobre el objeto y comienza a palparlo. De a poco, va conociendo su fisionomía, sus características…

De pronto, se da cuenta que es una caja y la caja, tiene un lazo. Semi - dormido, no podrá abrirla.

Han pasado diez segundos y Alexander, comienza a relacionar la caja con un órgano primario muy conocido y popular entre los de su clase y con clase, no me refiero a otakus, sino adolescentes.

Las lagañas terminan por derretirse y Alexander ahora puede abrir bien los ojos. Ni ellos y tampoco sus brazos, pueden mentirle.

Lo que tiene sobre su entrepierna, con forma de órgano primario y un lazo, no es otra cosa más que una caja de bombones.

Y ese día, no era otro que el 14 de Febrero de 2017

Habitación de Rachel, 7:10.

•¿Los entregaste a la dirección que te pedí?

•“Sí. Ninguno se despertó, como usted dijo. Tampoco tuve problemas, con burlar la seguridad, gracias a los tips y al bosquejo de la casa, que me proporcionó”

•Entonces… ¿Misión cumplida?

•“¡Misión cumplida! Señorita.”

Rachel (Era obvio, ¿No?) esboza una sonrisa de complicidad. Con su plan habiéndose ejecutado a la perfección, ahora podía darse el gusto de sentarse, ver por la ventana el alba y esperar… ¡No todo el día, claro!, solo hasta la noche.

Pero… ¿Por qué hasta la noche?

La bella chica, tomó la carta entre sus manos y la observó por unos eternos cinco segundos. El blanquecino material que resguardaba el papel, se camuflajeaba con facilidad con la luz del sol.

El sobre, se hallaba abierto. Rachel solo tuvo que ajustar la intención de sus manos, a la fuerza exacta que estas debían ejercer para abrir el contenedor y extraer la epístola sin tribular.

Leyó el mensaje de nuevo y sonrió como pocas veces. PAZ, era una palabra que no solía ir de la mano con la egocéntrica piloto de Patriot, pero esa mañana, su alma irradiaba paz. Inclusive más que el propio sol.

“Si no quisiera decirte lo que siento, seguramente no te habría enviado la caja de bombones, que tanto tiempo invertí pensando en si debía enviarte.

Puede parecer precipitado, pero si piensas un poco como yo: Estamos en guerra y no quiero ser pesimista, pero prefiero que sea ya, antes de que alguien pueda decir “demasiado tarde”

Te espero ESTA NOCHE, a las 19:00, el traje que humildemente sé, no tienes, es un regalo de mi parte, añadido al confite y la hermosa velada que planeó pasar contigo. Espero verte vestido con él, esta noche.

Descuida. Marcus y Milly, estarán todo el día en la Base, celebrando con los demás la fiesta de San Valentín. Me tomé la molestia de contratar a un modesto mesero y la comida, será enviada a domicilio. También soy de gustos callejeros.
¡No faltes!”

Quería empezar a reír. La triquiñuela, obviamente era de ella.

Aunque bien, si ella no era la diosa de las probabilidades. Pocas o ninguna, abrían apuntado a que alguien, la acompañaría en su risa.

La suya, era comedida y alegre. La otra… La que venía desde otra habitación, era más empalagosa, de hecho, no parecía una risa. Más bien se trataba de alguien atragantándose.

Atragantándose… Por comer chocolates.

Comedor, 8:10.

Michael, se hallaba como siempre, desayunando un plato de cereal con leche. Las noticias, eran un acompañamiento típico. Raro sería que alguien más las escuchara, pero ese no era el caso de
Michael. Él estaba ¡Concentradooooouuu! (Mirada y pose ridícula del narrador)

¡Ejem!... Como decía. El escuchaba las noticias. No podía darse el lujo de andar desactualizado. Al menos no en los tiempos que corrían.

La compañía no tardaría en llegar. Sus colegas pilotos, llegaban en situaciones que ameritaron acciones diferentes, pero sentimientos muy parecidos.

Rachel, arrastrando su pijama de fina tela blanca, como una novia poseída por el hechizo del AMOR y Alexander, por algo mucho más simple y efectivo: Los chocolates.

Si leyeron la conversación por celular, la carta y la mirada de algarabía de hace tan solo diez minutos, entonces pensarían que la chica, es muy inteligente y tiene un talento nato para esgrimir planes.

Posiblemente algún día, sería una gran confabuladora.

Pero eso pueden irlo descartando ya. Rachel, no fue capaz de reconocer los pequeños trozos de chocolate, que reposaban alrededor de los labios de su otaku compañero y lo confundió con algo… ¡Más escatológico!

•¿¡Pero qué!?... ¿Cómo llegó esa asquerosidad a tu cara?

•Me lo dejalon eshta manana. Esdaba soble mi sádana y me lo tomí pala no tened qe deslunar – Respondió Alexander con la boca repleta de chocolates.

Se fue alejando con cautela. El pánico invadió la habitación, cuando uno de los pedazos que Alexander, todavía masticaba con holgura, cayeron sobre la pijama de Rachel. Lo siguiente fue un maratón de una sola persona, que la chica corría de manera muy similar, a como lo hace un estúpido cuando se da cuenta que se está quemando.

•¡Aaaaaaah! ¡SOY COMPAÑERA DE UN CROPROFAGOOOOOO!

Luego de diez segundos, el sonido del locutor de noticias, fue lo único permanente en la cocina. Eso y la mala costumbre “Michalesca” de tomar la comida de la cuchara, masticando él utensilio de cocina.
Alexander tragó y después habló.

•¿Qué es un coprófago? – Pregunta Alexander.

•¿En serio quieres saberlo?

Base de ADVENT, 10:00.

¡Cómo ha pasado el tiempo!, ¿No?, ahora estamos en la base de ADVENT y han pasado casi ¡Tres horas!, ¡Vengan conmigo!, indaguemos un poco…

¡Oh!, ponche, tentempiés, globos y una gran esfera disco. Si estuviera en una escuela preparatoria, diría que es la fiesta de fin de curso (De los años setenta), pero en realidad, es mucho más simple.

Se trata del Día de San Valentín y nuestro estimado Dr. Maxwell Richter es, extrañamente, el encargado de la decoración.

El Capitán Connors, lo mira tácito desde el suelo. La gran escalera hace sentir a Richter poderoso. El cree que nadie le escucha, pero todos le escuchan y el cree que escucha a todos, pero en realidad no escucha a nadie.

De hecho, nadie le está ayudando.

¡La Dra. Elizabeth y su consabido don del oportunismo! El querer hacerle compañía a Connors, no es obra de la casualidad. Se trata del día de San Valentín, ¿Recuerdan?

•¿No te parece que lo está haciendo bien?

La Dra. Morristown, puede decir lo que quiera con un tono que jamás saldrá del adjetivo “SEDUCTOR”, espero, la haya descrito lo suficientemente bien como para que los lectores, se den una idea de lo que quiero decir.

•Sí. Me parece que sí. Al menos no ha puesto a los Patriots a dar un espectáculo extraño o algo peor.

•¿A qué te refieres exactamente?

•Pues… Esta mañana vi como vestían al Falcon de DJ y pintaban al Fox con colores muy vivos. ¡No sé!... Ya no sé qué esperar de Richter.

•Bueno…

•En caso tal de que quieras evadir esta “fiesta” conozco un restaurante excelente al final de la calle Maines.

Connors se retiró, dejando una muy buena impresión en la Doctora. Lo miró por detrás cuando se alejaba y él se detuvo para hacer lo mismo.

¡Lástima!, Richter poseía el don del importunísimo.

•¡Fuera abajoooooooo! – Gritó desde la cima de la escalinata.

•¿Ah?

¿Han visto a las mascotas de los parques de Mini Golf?, en ese momento, Connors parecía una. La esfera de disco, suplantaba muy bien a la pelota del sofisticado juego blanco.

Habitación de Rachel, 12:00.

“¡Toc – toc!”, se escuchó. De inmediato Rachel, preguntó:

•¿Quién es?

•Michael…

•“¿Será conveniente dejarlo pasar?, ¡Diablos!, no se me ocurrió una excusa para esta ocasión. Bueno…” - ¡Adelante!

El picaporte giró normalmente. Giró con la tranquilidad y serenidad con la que un chico como Michael, haría girar un picaporte.

Lo que sus ojos vieron, fue inaudito. Todo hombre en su vida, querría ver algo así. A cualquier hora del día.

El vestido rojo, relleno de lentejuelas, sacado y pagado, de quién sabe dónde y quién sabe cómo (¡Esperen!, la tarjeta de crédito); le quedaba a la medida. A Michael, ya no le quedaban dudas de que Rachel, había sido la artífice de esa seguidilla de cartas.

¡Esperen! (De nuevo), ¿Cómo es que Michael lo sabe?

•¿Qué opinas?

•Podría decirte muchas cosas, pero temo quedarme corto…

•Dime lo primero que se te venga a la mente.

•¡Te ves muy bella!

La chica, poseía un porte natural para el modelaje. Se notaba a simple vista. Michael no pasaba el pórtico de la habitación. Se sostenía al marco de la puerta con ambos codos colocados en diez y cinco, respectivamente.

¿Pero a qué había venido?

•¡Cierto!, ¿Qué es lo que deseas?

•Tengo una duda con respecto a la carta que me mandaste.

•“¡Lo sabe!... Igual, tendré que seguir con el plan, no quiero desperdiciar esta ocasión” - ¿Cuál es tu duda?

•Me dice que debo llegar cerca de las 18:00, pero “cerca”, no me convence, ¿A qué hora te gustaría que llegase?

•Bueno… Siempre que no sea después de mí, estará bien. Ya sabes que a las damas no se les deja esperar.

•Sí – Michael ríe - ¡Tienes razón!, entonces a las 18:30, estaré ahí.

•¡Ok!

Luego de la despedida a Rachel le llega el mal augurio, ¿No se supone que la carta que ella había mandado, decía muy claramente a las 19:00?

De hecho, lo que había dicho Michael, sonaba muy parecido a la carta que ella había remitido al que sería él…

•¡No!, ¡Deben ser imaginaciones mías! – Dice para sí misma – Creo que se me ve bien este vestido.

El parabán compuesto por espejos, le daba la razón. Se veía muy bien con el vestido.

Pronto pasaremos a las 19:00, antes de llegar, les aconsejaría releerse el episodio, en caso de que no hayan entendido algo o estén perdidos. Recuerden, este es un ESPECIAL y no tiene nada que ver con el tópico original.

Así, sin más dudas, pasemos al momento cumbre: ¡La cena!

Comedor, 19:00.

Una mano plácida y experta, encendía las velas con un yesquero clásico y muy elegante.

Seguramente aportado por la anfitriona de la cena en cuestión.

La contextura física, hablaba de una persona alta y bien vestida, pero no tanto como para asistir a una comida de noche. Más bien, como para asistirla.

Esa misma persona, colocó las finas bandejas de plata sobre los platos redondos de porcelana y dio por finalizada su tarea previa. Ahora, solo debía coger el gran pañuelo blanco y colgarlo de su brazo izquierdo, como si de un perchero se tratara. No tuvo que esperar mucho. Las puertas se abrieron dos minutos luego.

La entrada triunfal de Rachel Barret. La diva, la más elegante, la más bella y talentosa; la que tuvo el gran ingenio de crear la velada que impulsaría su ego hasta las nubes. Aquella con la que estaba segura, atraparía al único chico que ella había considerado lo suficientemente “No idiota”, como para andar con ella, tomados de la mano.

¡La Gran Rachel Barret!, sin embargo, la Gran Rachel Barret, olvidó un detalle importante. Un detalle de esos, que ganan campeonatos.

•¡Michael!, ¿Por qué estás vestido como un esmoquin?

•Es lo que decía tu carta: “Requiero tus servicios para esta noche y bla, bla, bla…”

•¡Pero!... ¡No puede ser!, ¡Esa no era la carta que yo!...

La Gran… ¡Bah!

¡Rachel fue interrumpida por Alexander, que llegó vestido con un kimono y oliendo a pollo frito!, ¡He dicho!

•¿¡Pero qué demonios!?

•¡Perdón por llegar tarde!, pero accidentalmente, se me cayó un poco de chocolate sobre el traje, luego de que me quedara congelado leyendo en internet el significado de: Coprofilia, y el repuesto más parecido que tenía, era este kimono… El traje, está en la lavandería.

La ya no tan grande, Rachel Barret, había quedado estupefacta. Posiblemente, su figura, ahora era lo más parecido a un monolito sin petrificar, que se pudiese imitar en estos tiempos. Una precisión y tacto, que hasta un mimo envidiaría.

Espabiló, luego de que Michael rozará una de las patas de la silla, a propósito para llamar la atención de la bella chica.

Michael todavía, la consideraba bella.

Por eso hecho hacia atrás el asiento para que ella notara su caballerosidad y la aceptará, sentándose con la elegancia con que lo haría, una dama… O simplemente porque era el trabajo del mesero, ¡Qué sé yo de meseros!

La cena transcurrió con lo que se podría decir, una relativa normalidad. El silencio, era sepulcral y Alexander parecía prestarle más atención al Bife de Chorizo delante de él, que a Rachel, quién apenas pinchaba su trozo de carne con la punta del tenedor.

El alemán no dejaba de preguntar una y otra vez: “¿Cuánto falta para el postre?”, ¿Y quién no lo haría?, si Rachel prácticamente no hablaba.

De brazos cruzados y apoyado a una de las mesas, Michael los observaba. Sus expresiones faciales, apenas y lograban disimular los inmensos celos que sentía hacia su compañero, aunque lo peor estaba todavía por llegar.

•¡Esa música! – Pensaba Michael – Esa música yo la conozco.

•-¡Entonces tú también! – Exclama Alexander.

•¿A qué te refieres? – Pregunta Rachel

Todo eso es para que no queden dudas de quien es quien.

•Luego de pasar la sorpresa por descubrir el significado de Coprofilia en internet…

•¡Podrías dejar de traer esa palabra a la mesa!

•¡Cómo sea!, luego de descubrirlo, me puse a indagar sobre música romántica para veladas y decidí llamar a un cuarteto de mariachis y una cantante.

El mesero viró treinta grados la cabeza y miró con cara de “¿¡Qué diablos!?”, a su colega.

¿Música de mariachis?, ¿En serio?

Cuando la música se detuvo y lo que se comenzó a escuchar fue los gritos desesperados de los servidores públicos; entonces las cosas, quedaron más que claras.

•¿Les dijiste de las trampas en el pasillo? – Preguntó Rachel.

•…

Vereda, 21:00.

•¡Señor!, el contrato de nuestros trabajadores, no contempla un seguro médico. Si desea no ser demandado, entonces le recomiendo que pague los daños personales.

•¿¡Qué!?

•¡Le digo que nuestros trabajadores, no tienen seguro médico!

•¿¡Seguro qué!?

El que Alexander, sepa alemán e inglés, lo hace bilingüe. Posiblemente, hubiese sido una buena idea que contratase personas a las que si entendiera, puesto que los mariachis, hablaban enteramente español.

Al final de cuentas, tuvieron que llamar por teléfono a la agencia y solicitar a un traductor. Alexander se desembolsó con quinientos mil grandes, se despidió con un típico: “¡Sayonara!” y una sonrisa típica de la persona, que no sabe ni entiende lo que acaba de hacer.

En el umbral de la puerta, se encontraban unos Rachel y Michael, muy cerca el uno del otro, pero no lo notarían, hasta que el alemán, se retirara. No sin antes, preguntar por el postre.

•¿Hay postre?

•La bandeja que quedó sobre la mesa, tiene flan – Le responde Michael.

La diva y el mesero. La noche, vista desde los suburbios era maravillosa. Posiblemente, lo más rescatable de la velada.

•¡Bien! Yo ya me voy.

•¡Rachel!

La piloto jamás hará oídos sordos, cuando escucha su nombre proveniente de la boca de Michael.

•El aspersor no está prendido, ¿Qué dices?, ¿Me acompañas?

La Gran Rachel Barret, asintió con la cabeza.

Charlaron y contemplaron la gran ciudad bastante rato. Si la velada había sido un desastre y su desenlace algo todavía peor; entonces, al menos, se podía rescatar ese momento. Momento aderezado, con otra sorpresa inesperada.

•Mira, ¡Fuegos artificiales!

En efecto y no estaban a diez metros de ellos, ni salían despedidos desde alguna de las habitaciones.

Eran reales y provenían de muy lejos.

El origen... Los fuegos artificiales eran despedidos desde una aurora, muy parecida a la que dejan los incendios. ¡Se trataba de fuegos pirotécnicos, activados por un incendio!

De hecho, ahora que los pilotos lo pensaban, venían de enserio muy lejos. Tan lejos, como se encuentra localizada la base de…

•¡ADVENT!

Y la siguiente palabra que se les vino a la mente a ambos, fue:

•Richter…

Risas y una mirada de catorce segundos, como catorce de febrero es el día de los enamorados.

Al menos, mal, ellos dos no se habían llevado.

•¡Feliz San Valentín, Michael!

•¡Feliz San Valentín, Rachel!

Al día siguiente…

Hangares de los Patriots, 14:00.

Los tres pilotos no podían concebir mayor vergüenza.

Sus Unidades y principales armas de combate, se encontraban en condiciones realmente deplorables y no a causa del incendio, sino de la fiesta en sí.

El personaje responsable, está demás mencionarlo. Ellos solo entraron a la base y procuraron ignorar a los trabajadores pasados de tragos, que se hallaban desparramados por el suelo.

Si los Patriots pudiesen beber, serían uno más de ellos. Pero eso no iso falta.

•¡Ya qué! – Expresó resignada Rachel.

•¡Alex!

•¿Nani ga okoru no ka? (¿Qué sucede?, en japonés)

¡Y sí!... Michael lo entendió.

•La cabeza de tu Eagle, tiene un enorme lazo encima.

El que voltearan a ver a Rachel, ya tenía que ser una reacción instintiva. La diva, solo se dignó a negar repetidas veces con la cabeza y esto solo aumentó la curiosidad de los pilotos.

Michael se trepó hasta la cabina del piloto y con el seguro manual, consiguió abrirla. Dentro, se hallaba una caja de bombones.

Desde las alturas, el piloto de origen latino, arrojó el obsequio con forma de corazón; el cual traía una nota adherida a la cobertura del lazo.

La carta, solo tenía una gran “K” en el centro de la hoja.

Ante la inercia, duda y misterio; nuestro héroe de origen alemán, solo podía hacer una cosa.

•¡Chokorēto o taberu tame ni! (¡A comer chocolate!)

¡Ha dicho!
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.
Viejo 02-16-2011, 09:16 PM   #8 (permalink)
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.

estaba interesante pero solo lo ley hasta la mitad,..,,.aunke le falta algo comico talvez.,,.,.
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.
Viejo 02-22-2011, 01:19 PM   #9 (permalink)
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.

CODE 06: Desert Brawl

Mucho extrañaban los pilotos, aquellos viajes tranquilos donde podían disfrutar de un paisaje esclarecedor, que hiciese agradable el periplo, fuese cual fuese, ¡Especialmente uno por los Estados Unidos y a través del puente de New York!

Pero no resulta agradable, cuando han estado, decenas de veces a punto de caer del mismo.

Base de ADVENT, 15:00.

Los televisores eran muchos, pero ninguno pasaba un canal diferente. El mejor prólogo de una misión, era estar informado de antemano. Para eso, una de las técnicas del irreverente Doctor, consistía en la introspección mental por medio de enlaces tecnológicos eficientes y por demás populares. Dígase: Televisión, internet, internet, internet…

Lo curioso del caso, es que no había una sola computadora con acceso a la red en toda la base, o un solo piloto, que se supiese, consultara las noticias en la red.

Los vestidores ya tenían su pasillo particular. Extraño le pareció a los chicos, que en “su pasillo”, tuvieran un acompañante. Ellos estaban claros, aunque ahora no tanto.

¿El cartel que colgaba firmemente de la puerta, no decía que solo los pilotos podían entrar?,

¿Entonces por qué entraba Marcus con ellos?

La mano sobre el hombro y ¡Silencio!

Silencio de una persona que se detiene de haber estado caminando por una ruta predestinada.
La mano en efecto, era de Alexander y la persona que se paraba, Marcus… Marcus Kenneth (Tenía que hacerle un guiño a James Bond)

•Disculpa, pero creó que tu pasillo está por allá – El chico de cabellos rubios señala la puerta por donde entraron y curvea el dedo índice ejemplificando la ruta del Sargento.

•¡Sí!, con respecto a eso…

Pero, ¿Y esa voz?, ¿Escucharon esa voz?, venía de un televisor y estaba en el pasillo. Las vibraciones en forma de onda, viajaban por el mismo lugar en donde ahora mismo se hallaban. Y la confusión, crecía y crecía…

•¡Lo siento!, no debí hablar de la misión mientras iba conduciendo. Michael, no irá con nosotros a Nevada.

¡Momento!, ¿Había dicho “nosotros”?

Los compañeros de Michael se inquietaron, se inquietaron mucho. Comprendía que alguien tenía que quedarse para resguardar a la ciudad de una posible amenaza, ¿Pero por qué tenía que venir Marcus?

•¡Hey!, ¿¡Me van a seguir ignorando!?

Richter llevaba no menos de cinco minutos hablando de manera ininterrumpida. Suficiente para un discurso corto. Lo particular, es que el narrador de esta historia, escuchó con lujo de detalles, la explicación más clara y lacónica, que el Doctor había podido dar, seguramente en años, sin parecer extravagante o fuera de lugar.

Pero eso, lo guardaré conmigo. Excusa suficiente para hacer más largo el episodio (Risilla maquiavélica)

Helipuerto de ADVENT, 15:30.

Los cinco Jets, tenían un arquetipo, que imitaba bastante bien la letra “V” de vaca y para hacerlo todavía más pintoresco, también se apartaban, por los cielos de la gran ciudad en formación “V”

El Capitán, el Doctor y el piloto remplazado; eran los únicos autorizados por ellos mismos para encontrarse en el sitio de despegue y dar las últimas indicaciones a los responsables de llevar a cabo, tan importante misión. Pero a todo esto, ¿Qué hacía Michael ahí, entonces?

El chico de origen latino, presenció el cielo y los residuos de humo tan perfectos que dejaban los aviones en el mismo.

¿Había sido esto, una posible advertencia de lo que vendría después?, ¿Lo cambiarían a él por Marcus?

•Quién sabe, quién sabe…

Connors y Richter, voltearon inmediatamente. Michael, simplemente hiso como si no hubiera dicho nada.

Desierto de Nevada, 14:15.

¡Eran rápidos, los Jets!

El viento, soplaba tiernamente, acariciando las dunas y pequeños domos de arena. De pronto pensó Alexander.

•“La arena… La arena nos puede afectar”

El entrecerrar de su boca, fue captado por las cámaras de ADVENT. Un dato como este, no escaparía nunca de aquellos ojos verdes, protegidos por finos anteojos de oficina.

Anotaba con sobriedad lo que veía en su libreta. La pluma zigzagueaba de izquierda a derecha y el roce de la punta con el papel desconcentraba al excéntrico doctor.

Él meditaba… Le gustaba hacerlo con los ojos cerrados. Estar en contacto con el universo.

Una vez, solo una vez más… Escuchaba a Connors, pero este estaba lo suficientemente lejos y ocupado, como para interrumpirlo.

Oía todo, sentía todo, saboreaba todo y veía todo (Con los ojos cerrados); lo único que no vio, fue a Michael.

El roce de los dedos, que produce un súbito viaje de ondas cuyo sinónimo en el diccionario, se encuentra relacionado directamente con la palabra “chasquido”. Eso Richter, no lo vio venir.

Aun cuando escuchó el roce de la pluma contra el papel. Al latino, que se hallaba parado a escasos metros de él, no lo vio venir.

Abrió su ojo izquierdo con lentitud y dejó el derecho cerrado. Jamás cambio de postura. Quería contestar, con la mayor de las calmas. Aun cuando Michael, le había hecho bajar por la frente, una que otra gota de sudor.

•¿Me vas a preguntar por qué lleve a Marcus en lugar de a ti?

•No.

¡No!, eso tampoco lo vio venir.

Su postura, estaba entrenada para recibir solo una pregunta. Aquella que jamás se le cuestionó.

•Esos bocetos que están ahí – Señaló una de las pizarras en el laboratorio – Me tomé la libertad de leerlos y me di cuenta de que pertenecen a los Kazelnu.

•¿Qué quieres saber de ellos?

•Algo básico.

•¡Algo básico!, no puedo hablarte, de tan magníficas máquinas de batalla, sin omitir cientos de
detalles. ¿Qué te pasa, Michael?, ¡Creí que eras más astuto!

•Entonces omitamos lo técnico y hablemos de lo que pasó.

•¿Lo qué pasó?

•¿Cómo una quincena de androides, entró en nuestro territorio y se infiltró hasta Nevada?

Silencio de cinco segundos…

Connors ya había dejado las instrucciones y las constantes preguntas a Milly. Ahora cuestionaba la credibilidad de Richter, sin apartar la mirada.

Pero el Doctor, si estaba preparado para eso.

•Los Kazelnu, se infiltraron con submarinos, el mismo día que se anunció la invasión de los
Potemkin a New York. Los radares los detectaron, pero no había nadie detrás de los radares.

•¿Por qué?

•¿Cómo?

•¿Por qué el día, que esperamos el ataque de un enemigo potencialmente peligroso, no hay nadie detrás de los radares?

Richter sonreía delante del joven piloto. Nada incrédulo, esperaba una respuesta, que satisficiere su curiosidad para nada cuestionable.

•Porque todos estaban celebrando su victoria. ¿No lo recuerdas?, la batalla duró menos de cinco minutos.

Volviendo al desierto de Nevada…

La orden para la batalla, era lo siguiente: Armar un triángulo perfecto, cuyos vértices (Osease, los Patriot), no tuvieran una distancia de más de un kilómetro de separación.

La posición de Alexander, era particular, puesto que su ángulo de visión, era el único que tenía a disposición los magníficos edificios y torres de la ciudad de Las Vegas.

Y es que a pesar de las raíces tan propias de un país, nada similar al que ahora habitaba. Las ganas de pasársela bien, tal cual veía en las películas. No le faltaban.

Ganas que debió emplear, prestando atención.

Un temblor. Producto de un impacto y como consecuencia de la guerra, la batalla había comenzado.

Le atacaron por la espalda y lo volvieron a hacer una y otra y otra vez… Alexander tardaba para reincorporarse en sí. Los constantes saltos de los antropomórficos androides, formaban dunas a su alrededor, que antes no estaban.

Ya cubrían al Patriot, los montículos de arena. Los chasquidos metálicos, los engranajes mezclándose con la arena. Lo podía escuchar todo. Alexander meditaba…

Con su brazo mecánico de coloso, toco con acierto la espalda de su unidad y sonreía. Sonreía porque había encontrado lo que buscaba.

EMP-RG Cannon: Cañón de combate con forma de rifle. Versión a escala Patriot, que dispara balas resultantes de una aleación de Níquel con Hierro, con Uranio en su interior. De alto calibre, capaz de acertar a blancos, a más de 10 Km de distancia. Posee un misil especial de pulso magnético, cómo último recurso, capaz de quemar casi cualquier cosa, que se encuentre en un radio de 50 metros, incluyendo a los Patriots mismos. El misil, está diseñado de tal manera, que la radiación se propague, de los lados del epicentro hasta los radios de alcance.

Pero las especificaciones técnicas, quedan de lado cuando se trata, de la parte del rifle, que a Alexander, más le gustaba: La Bayoneta.

Con un pisotón se vinieron abajo los montículos de arena y quedaron al descubierto dos de aquellos a los que llamaban “Kazelnu”

Oía los disparos y supo que no era el único.

El alemán se alegró, de que su bayoneta, fuese lo suficientemente extensa como para empalar a un androide de esas longitudes. Le preocupó no obstante, lo fácil que fue.

No pensó mucho más. El Kazelnu que acompañaba al empalado, se había abalanzado hacia su pierna izquierda y con sus fauces de acero, perjurio las capas primarias de armazón.

El botón rojo, ¡El dichoso botón rojo! Lo apretó y mini cañones le provinieron de las extremidades. El Kazelnu, no hiso caso de esto. Razón de sobra para que Alexander afirmase que no había piloto en su interior.

Pulsó el otro botón rojo, el que era más grande, y los cañones hicieron ¡Bum!

La escena, decorada con el líquido negro, que simbolizaba la sangre de los soldados de acero, fue rematada por el destello cacofónico, proveniente de la boquilla del particular rifle. Fueron dos destellos, porque eran dos androides y ambos tiros, fueron a la cabeza.

Alexander se durmió por otros cinco segundos... Era tarde. Cuando quiso reaccionar, se enteró de que los Kazelnu, poseían propiedades notables, como la de alargar sus extremidades para adherirse con facilidad al enemigo.

Así que tenía la pata izquierda de un androide canino, posicionado a veinte metros de distancia de él y cuando intentó reaccionar, otros dos se aprovecharon de su guardia baja y saltaron a su espalda, cayendo con fuerza.

La Unidad cayó y los Canes, empezaban a devorar el armazón. La espalda, era una de las zonas más desprotegidas por el piloto, por lo cual también era de las más recubiertas con acero y una capa de polímeros flexibles.

Pero los Kazelnu, eran rápidos. Devoraron el porta rifles y con sus garras de acero, rasgaron tanto como pudieron.

Uno de ellos, se desentendió del proceso y arremetió contra el brazo derecho de la Unidad 2. La fuerza con la que sujeto la extremidad entre aquellas fauces, fue suficiente para que la computadora alertara al piloto. Su Patriot, literalmente, había quedado lisiado.

Por suerte, Alexander compensó la astucia, que no había tenido segundos antes y oprimió de nuevo el dichoso botón rojo. Los tornillos, salieron volando por los aires, junto con algunos cables y una pieza brillante de color dorado, que seguramente pertenecía a una de las patinas del ojo.

El Can, no se distrajo y continuó con su mórbida tarea. Pero el piloto de ascendencia alemana, ya tenía fuerzas y espacio suficiente para realizar su maniobra.

Con el impulso de su brazo izquierdo, dio una vuelta quedando de cara al cielo. Su enemigo, de a poco iba soltando chispas por la coalición y la fuerza que ejercía el peso del coloso sobre él.

El rifle reposaba de manera hermosa sobre los montículos de arena. La distancia, era la ideal para tomarlo y acabar con el sufrimiento de la criatura.

Sin pena ni remordimientos. Kazelnu había sido diseñado por los hombres y debía ser destruido por los mismos.

La bayoneta, sirvió para cortar de manera efectiva, el lazo que unía a la última mascota japonesa y el soldado de hierro.

Todavía se oían disparos, cada vez menos.

Rachel…

Rachel ya tenía a sus espaldas, cadáveres que se contaban en un triste par. No veía sombras pero si anomalías. Eran como bases en un campo de béisbol.

Paulatinamente, fue ajustando su rifle. Podía hacerlo con seguridad, su radar no le indicaba que hubiese otra unidad, en los alrededores. Pero…

El casco le mostraba un punto naranja y un círculo cuyo diámetro, hacía encajar perfectamente a la pequeña circunferencia en su centro. Cuando así fue, Rachel apretó el gatillo…

Y los Kazelnu, libres del yugo balístico, saltaron para aprovechar su oportunidad. Esperanzados de que sacrificaron una unidad, víctima del proyectil para ganar otras dos.

El problema fue, que el salto no era perfecto y tenían que tocar suelo.

Una de las armas más populares y utilizadas con regularidad en la guerra, eran las minas. Cuando alguien tocaba las minas en la Segunda Guerra Mundial, era raro que viviese para contarlo. En este caso, la memoria de los canes japoneses, no podría almacenar esa información.

Alguna que otra parte, minúscula en tamaño, rebotó en la extremidad más importante de la egocéntrica piloto. Pero a ella no le importó. Podía dar testimonio de cómo se mataban a tres pájaros de un tiro y medio.

“Pero…” El radar no funcionaba bien por la arena.

Un sexto Kazelnu le saltó por la espalda. Se trepó y le tapó la visibilidad. De pronto, todo era oscuro dentro del cubículo de la piloto. Los gritos de desesperación y los nombres “Marcus y Alex”, invadieron el pequeño recinto, que no podía producir ecos.

Sentía como le arrancaban, o como intentaban, arrancarle la cabeza.

No importaba lo que la computadora dijese, lo que IGNOS recomendará o lo que RAFAEL notificara.

Rachel lo sentía. Los cables despegándose uno a uno, como si quisieran decapitarla, despegando su cabeza de a poco.

El método tenía sus fallas, la más importante de ellas, era el tiempo.

No era prudente infringir dolor, en el campo de batalla. Hay que acabar ¡YA!

Por eso el Kazelnu, no perduró el tiempo que requería para dejar a la araña, sin cabeza. El misil, que todavía le quedaba de repuesto a la Unidad Eagle, se lo había hecho saber.

Y como una persona que recibía un tiro por la espalda, justo antes de ejecutar su plan maestro. El Androide, cayó al suelo arenoso, como todo un guerrero.

La cabina de Rachel, se hallaba inundada en un rojo pálido que titilaba. Junto con las constantes advertencias de “PELIGRO”, la bella chica suspiró.

•¡Llegué justo a tiempo! – Dijo Alexander entre risas sarcásticas.

•Sí… Te lo agradezco.

•¡Oh!, ¡La Gran Rachel, me lo agradece! Espero que el Doctor, haya grabado esto.

•¡Idiota!

El desierto, fue invadido por las pisadas y las pisadas, fueron complementadas con el ruido que producían los casquillos de bala al caer. Sonaba así, porque había un gigante, entre gigantes en él. Uno de color verde oliva. Los brazos y piernas, extremadamente gruesos, eran el complemento perfecto para acompañar lo que cargaba entre manos.

Marcus. Él piloteaba la Unidad Hunter o Patriot Hunter, como le gustaba llamarle. Y disparaba la ametralladora gatling, más imponente y rápida, que seguramente se habría visto hasta la fecha.

Siguió avanzando y disparando, a lo que sus compañeros creían, era nada, pero se trataba de algo.

Y ese algo, despidió líquido negro, por entre la tierra. Marcus y su Unidad Hunter, tenían que asegurarse de terminar el trabajo.

De esa manera, soltó la ametralladora, que rodo metros abajo por una de las dunas y cogió una granada. Sí, una granada, solo una necesitaba.

La única fuerza que hiso, fue la que requería para arrojarla. Voló por los aires hasta donde se formaban las lagunas de sangre negra y luego de diez segundos, ahí mismo explotó.

Fue un final satisfactorio, que Alexander y Marcus no tardaron en festejar. Pero en medio de risas y agasajos, un gritó despavorido de la joven Barret, cortó de súbito las pretensiones e ínfulas americanas.

¿Era otro enemigo?, ¿Una bomba o acaso se trataba de un alarido por el dolor?

No. Muy tarde, la desafortunada piloto descubrió, que ella y sus compañeros, habían hecho honor a una de las cosas, que hacía tan horrible a la guerra.

•¿¡Rachel!? – Exclamó Alexander.

•¡Esos!... ¡Esos perros!... ¡Esos perros!... Estaban tripulados.

Desde el Patriot, no se podía notar la fina sangre roja, que lograba colarse con los galones de aceite desparramados.

No hubo sobrevivientes.

Todo era silencio en la base. Los grillos no podían entrar ahí, aunque Connors desease que así fuese, no pudo. No lo pudo soportar.

¿Cómo se le había escapado ese detalle?, ¿Cómo pudo ser tan ingenuo?

Richter no lo lamentaba. Él comprendía los costos de la guerra y con su mano posándose nuevamente sobre el hombro de Connors, le quiso hacer comprender que así era.

New York, residencia ADVENT, día siguiente, 6:30.

El lugar es la cocina…

Un Michael, de traje y corbata. Se hallaba devorando un sándwich. En realidad era el segundo de ellos; Michael, no poseía un estómago fácil de complacer.

La mitad superior de su cuerpo, no permanecía erguida. Inclinado se hallaba para morder por encima del plato y prevenir una avalancha de migas de pan, sobre su pantalón impecable.

La voz del locutor de noticias, complementaba un silencio que ni siquiera se inmutó por el pasar de Rachel a la habitación.

No hubo un saludo. El saludo, era siempre emitido por la persona que llegaba al lugar en cuestión, pero fue así y Michael lo comprendió.

Ella se sentó a su lado y coloco su bolso sobre la pasarela de porcelana, donde reposaba también el plato de Michael. Ya estaba vestida, con chaleco, corbata y falda; lista para salir…

Quiso meter unos cuadernos adentró, pero tuvo que cerrar el bolso pronto. Sus lágrimas, empezaban a caer por sus mejillas con rapidez. Algunas, habían logrado mezclarse con las hojas.

Michael pasó la servilleta por sus labios y dejó la mezcla de pan con carne a medio devorar para tomar entre brazos a Rachel.

El locutor seguía hablando, pero cuando sus labios inspiraron la palabra “Desierto de Nevada”, el latino de nacimiento, apagó el televisor.

Hubo otros pasos, esos si los escuchó.

Alexander no estaba de traje. Bastante informal se veía y trataba de disimular una sonrisa. Michael asintió con la cabeza suavemente para no incomodar a Rachel, quién seguía acurrucada a su pecho.

Notó que su cabello, no andaba desordenado como de costumbre. Michael lo señaló a medias y el alemán, risueño, le explicó.

•Me metí en la ducha esta mañana, pero ¡ALGUIEN!, cambió mi shampoo por crema y…

•Entiendo.

Michael reía, era una de las pocas veces que Alexander, lo había visto reír. Rachel, siguió llorando.

La puerta se abrió. El llanto de la piloto no lo pudo ocultar. La alfombra, ayudó a disimular un poco las pisadas que invadían el ambiente, pero no mucho. La Doctora Elisabeth, con blusa escotada y pantalón de cuero, ingresaba a la cocina, muy seria de perfil.

Se miró con la única persona, que se le parecía fenotípicamente. Se podría decir, que se comunicó tan pronto la Doctora, pisó el suelo de aquel lugar. Fue una comunicación, que solo se podía dar entre ellas.

Rachel no quiso despegarse del pecho de su compañero y Elisabeth lo comprendió. Solo se acercó para con mucho tacto, apartarle aquellas gotas que caían de sus ojos y recorrían el camino, de sus bellas mejillas maquilladas.

Le dio un beso en la frente y dijo:

•Vámonos Alexander.

Alexander afirmó la orden asintiendo con la cabeza.

El chico que de todo estaba pendiente merecía una explicación. La cual recibió sin ni siquiera preguntar por ella.

•Vayan a la base tan pronto salgan del instituto. Marcus los llevará.

•¿Marcus lo sabía?

Elisabeth, no quiso compensar con más dudas el lugar.

•No.

•Bien.

Atravesaron el umbral de la puerta y la cerraron. Rachel dejó de llorar segundos después y quedó como evidencia, de víctimas no fallecidas en la Tercera Guerra Mundial.
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.
Viejo 02-22-2011, 01:19 PM   #10 (permalink)
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Re: [OF]PATRIOTS: Battles of Liberty.

CODE 06: Desert Brawl

Mucho extrañaban los pilotos, aquellos viajes tranquilos donde podían disfrutar de un paisaje esclarecedor, que hiciese agradable el periplo, fuese cual fuese, ¡Especialmente uno por los Estados Unidos y a través del puente de New York!

Pero no resulta agradable, cuando han estado, decenas de veces a punto de caer del mismo.

Base de ADVENT, 15:00.

Los televisores eran muchos, pero ninguno pasaba un canal diferente. El mejor prólogo de una misión, era estar informado de antemano. Para eso, una de las técnicas del irreverente Doctor, consistía en la introspección mental por medio de enlaces tecnológicos eficientes y por demás populares. Dígase: Televisión, internet, internet, internet…

Lo curioso del caso, es que no había una sola computadora con acceso a la red en toda la base, o un solo piloto, que se supiese, consultara las noticias en la red.

Los vestidores ya tenían su pasillo particular. Extraño le pareció a los chicos, que en “su pasillo”, tuvieran un acompañante. Ellos estaban claros, aunque ahora no tanto.

¿El cartel que colgaba firmemente de la puerta, no decía que solo los pilotos podían entrar?,

¿Entonces por qué entraba Marcus con ellos?

La mano sobre el hombro y ¡Silencio!

Silencio de una persona que se detiene de haber estado caminando por una ruta predestinada.
La mano en efecto, era de Alexander y la persona que se paraba, Marcus… Marcus Kenneth (Tenía que hacerle un guiño a James Bond)

•Disculpa, pero creó que tu pasillo está por allá – El chico de cabellos rubios señala la puerta por donde entraron y curvea el dedo índice ejemplificando la ruta del Sargento.

•¡Sí!, con respecto a eso…

Pero, ¿Y esa voz?, ¿Escucharon esa voz?, venía de un televisor y estaba en el pasillo. Las vibraciones en forma de onda, viajaban por el mismo lugar en donde ahora mismo se hallaban. Y la confusión, crecía y crecía…

•¡Lo siento!, no debí hablar de la misión mientras iba conduciendo. Michael, no irá con nosotros a Nevada.

¡Momento!, ¿Había dicho “nosotros”?

Los compañeros de Michael se inquietaron, se inquietaron mucho. Comprendía que alguien tenía que quedarse para resguardar a la ciudad de una posible amenaza, ¿Pero por qué tenía que venir Marcus?

•¡Hey!, ¿¡Me van a seguir ignorando!?

Richter llevaba no menos de cinco minutos hablando de manera ininterrumpida. Suficiente para un discurso corto. Lo particular, es que el narrador de esta historia, escuchó con lujo de detalles, la explicación más clara y lacónica, que el Doctor había podido dar, seguramente en años, sin parecer extravagante o fuera de lugar.

Pero eso, lo guardaré conmigo. Excusa suficiente para hacer más largo el episodio (Risilla maquiavélica)

Helipuerto de ADVENT, 15:30.

Los cinco Jets, tenían un arquetipo, que imitaba bastante bien la letra “V” de vaca y para hacerlo todavía más pintoresco, también se apartaban, por los cielos de la gran ciudad en formación “V”

El Capitán, el Doctor y el piloto remplazado; eran los únicos autorizados por ellos mismos para encontrarse en el sitio de despegue y dar las últimas indicaciones a los responsables de llevar a cabo, tan importante misión. Pero a todo esto, ¿Qué hacía Michael ahí, entonces?

El chico de origen latino, presenció el cielo y los residuos de humo tan perfectos que dejaban los aviones en el mismo.

¿Había sido esto, una posible advertencia de lo que vendría después?, ¿Lo cambiarían a él por Marcus?

•Quién sabe, quién sabe…

Connors y Richter, voltearon inmediatamente. Michael, simplemente hiso como si no hubiera dicho nada.

Desierto de Nevada, 14:15.

¡Eran rápidos, los Jets!

El viento, soplaba tiernamente, acariciando las dunas y pequeños domos de arena. De pronto pensó Alexander.

•“La arena… La arena nos puede afectar”

El entrecerrar de su boca, fue captado por las cámaras de ADVENT. Un dato como este, no escaparía nunca de aquellos ojos verdes, protegidos por finos anteojos de oficina.

Anotaba con sobriedad lo que veía en su libreta. La pluma zigzagueaba de izquierda a derecha y el roce de la punta con el papel desconcentraba al excéntrico doctor.

Él meditaba… Le gustaba hacerlo con los ojos cerrados. Estar en contacto con el universo.

Una vez, solo una vez más… Escuchaba a Connors, pero este estaba lo suficientemente lejos y ocupado, como para interrumpirlo.

Oía todo, sentía todo, saboreaba todo y veía todo (Con los ojos cerrados); lo único que no vio, fue a Michael.

El roce de los dedos, que produce un súbito viaje de ondas cuyo sinónimo en el diccionario, se encuentra relacionado directamente con la palabra “chasquido”. Eso Richter, no lo vio venir.

Aun cuando escuchó el roce de la pluma contra el papel. Al latino, que se hallaba parado a escasos metros de él, no lo vio venir.

Abrió su ojo izquierdo con lentitud y dejó el derecho cerrado. Jamás cambio de postura. Quería contestar, con la mayor de las calmas. Aun cuando Michael, le había hecho bajar por la frente, una que otra gota de sudor.

•¿Me vas a preguntar por qué lleve a Marcus en lugar de a ti?

•No.

¡No!, eso tampoco lo vio venir.

Su postura, estaba entrenada para recibir solo una pregunta. Aquella que jamás se le cuestionó.

•Esos bocetos que están ahí – Señaló una de las pizarras en el laboratorio – Me tomé la libertad de leerlos y me di cuenta de que pertenecen a los Kazelnu.

•¿Qué quieres saber de ellos?

•Algo básico.

•¡Algo básico!, no puedo hablarte, de tan magníficas máquinas de batalla, sin omitir cientos de
detalles. ¿Qué te pasa, Michael?, ¡Creí que eras más astuto!

•Entonces omitamos lo técnico y hablemos de lo que pasó.

•¿Lo qué pasó?

•¿Cómo una quincena de androides, entró en nuestro territorio y se infiltró hasta Nevada?

Silencio de cinco segundos…

Connors ya había dejado las instrucciones y las constantes preguntas a Milly. Ahora cuestionaba la credibilidad de Richter, sin apartar la mirada.

Pero el Doctor, si estaba preparado para eso.

•Los Kazelnu, se infiltraron con submarinos, el mismo día que se anunció la invasión de los
Potemkin a New York. Los radares los detectaron, pero no había nadie detrás de los radares.

•¿Por qué?

•¿Cómo?

•¿Por qué el día, que esperamos el ataque de un enemigo potencialmente peligroso, no hay nadie detrás de los radares?

Richter sonreía delante del joven piloto. Nada incrédulo, esperaba una respuesta, que satisficiere su curiosidad para nada cuestionable.

•Porque todos estaban celebrando su victoria. ¿No lo recuerdas?, la batalla duró menos de cinco minutos.

Volviendo al desierto de Nevada…

La orden para la batalla, era lo siguiente: Armar un triángulo perfecto, cuyos vértices (Osease, los Patriot), no tuvieran una distancia de más de un kilómetro de separación.

La posición de Alexander, era particular, puesto que su ángulo de visión, era el único que tenía a disposición los magníficos edificios y torres de la ciudad de Las Vegas.

Y es que a pesar de las raíces tan propias de un país, nada similar al que ahora habitaba. Las ganas de pasársela bien, tal cual veía en las películas. No le faltaban.

Ganas que debió emplear, prestando atención.

Un temblor. Producto de un impacto y como consecuencia de la guerra, la batalla había comenzado.

Le atacaron por la espalda y lo volvieron a hacer una y otra y otra vez… Alexander tardaba para reincorporarse en sí. Los constantes saltos de los antropomórficos androides, formaban dunas a su alrededor, que antes no estaban.

Ya cubrían al Patriot, los montículos de arena. Los chasquidos metálicos, los engranajes mezclándose con la arena. Lo podía escuchar todo. Alexander meditaba…

Con su brazo mecánico de coloso, toco con acierto la espalda de su unidad y sonreía. Sonreía porque había encontrado lo que buscaba.

EMP-RG Cannon: Cañón de combate con forma de rifle. Versión a escala Patriot, que dispara balas resultantes de una aleación de Níquel con Hierro, con Uranio en su interior. De alto calibre, capaz de acertar a blancos, a más de 10 Km de distancia. Posee un misil especial de pulso magnético, cómo último recurso, capaz de quemar casi cualquier cosa, que se encuentre en un radio de 50 metros, incluyendo a los Patriots mismos. El misil, está diseñado de tal manera, que la radiación se propague, de los lados del epicentro hasta los radios de alcance.

Pero las especificaciones técnicas, quedan de lado cuando se trata, de la parte del rifle, que a Alexander, más le gustaba: La Bayoneta.

Con un pisotón se vinieron abajo los montículos de arena y quedaron al descubierto dos de aquellos a los que llamaban “Kazelnu”

Oía los disparos y supo que no era el único.

El alemán se alegró, de que su bayoneta, fuese lo suficientemente extensa como para empalar a un androide de esas longitudes. Le preocupó no obstante, lo fácil que fue.

No pensó mucho más. El Kazelnu que acompañaba al empalado, se había abalanzado hacia su pierna izquierda y con sus fauces de acero, perjurio las capas primarias de armazón.

El botón rojo, ¡El dichoso botón rojo! Lo apretó y mini cañones le provinieron de las extremidades. El Kazelnu, no hiso caso de esto. Razón de sobra para que Alexander afirmase que no había piloto en su interior.

Pulsó el otro botón rojo, el que era más grande, y los cañones hicieron ¡Bum!

La escena, decorada con el líquido negro, que simbolizaba la sangre de los soldados de acero, fue rematada por el destello cacofónico, proveniente de la boquilla del particular rifle. Fueron dos destellos, porque eran dos androides y ambos tiros, fueron a la cabeza.

Alexander se durmió por otros cinco segundos... Era tarde. Cuando quiso reaccionar, se enteró de que los Kazelnu, poseían propiedades notables, como la de alargar sus extremidades para adherirse con facilidad al enemigo.

Así que tenía la pata izquierda de un androide canino, posicionado a veinte metros de distancia de él y cuando intentó reaccionar, otros dos se aprovecharon de su guardia baja y saltaron a su espalda, cayendo con fuerza.

La Unidad cayó y los Canes, empezaban a devorar el armazón. La espalda, era una de las zonas más desprotegidas por el piloto, por lo cual también era de las más recubiertas con acero y una capa de polímeros flexibles.

Pero los Kazelnu, eran rápidos. Devoraron el porta rifles y con sus garras de acero, rasgaron tanto como pudieron.

Uno de ellos, se desentendió del proceso y arremetió contra el brazo derecho de la Unidad 2. La fuerza con la que sujeto la extremidad entre aquellas fauces, fue suficiente para que la computadora alertara al piloto. Su Patriot, literalmente, había quedado lisiado.

Por suerte, Alexander compensó la astucia, que no había tenido segundos antes y oprimió de nuevo el dichoso botón rojo. Los tornillos, salieron volando por los aires, junto con algunos cables y una pieza brillante de color dorado, que seguramente pertenecía a una de las patinas del ojo.

El Can, no se distrajo y continuó con su mórbida tarea. Pero el piloto de ascendencia alemana, ya tenía fuerzas y espacio suficiente para realizar su maniobra.

Con el impulso de su brazo izquierdo, dio una vuelta quedando de cara al cielo. Su enemigo, de a poco iba soltando chispas por la coalición y la fuerza que ejercía el peso del coloso sobre él.

El rifle reposaba de manera hermosa sobre los montículos de arena. La distancia, era la ideal para tomarlo y acabar con el sufrimiento de la criatura.

Sin pena ni remordimientos. Kazelnu había sido diseñado por los hombres y debía ser destruido por los mismos.

La bayoneta, sirvió para cortar de manera efectiva, el lazo que unía a la última mascota japonesa y el soldado de hierro.

Todavía se oían disparos, cada vez menos.

Rachel…

Rachel ya tenía a sus espaldas, cadáveres que se contaban en un triste par. No veía sombras pero si anomalías. Eran como bases en un campo de béisbol.

Paulatinamente, fue ajustando su rifle. Podía hacerlo con seguridad, su radar no le indicaba que hubiese otra unidad, en los alrededores. Pero…

El casco le mostraba un punto naranja y un círculo cuyo diámetro, hacía encajar perfectamente a la pequeña circunferencia en su centro. Cuando así fue, Rachel apretó el gatillo…

Y los Kazelnu, libres del yugo balístico, saltaron para aprovechar su oportunidad. Esperanzados de que sacrificaron una unidad, víctima del proyectil para ganar otras dos.

El problema fue, que el salto no era perfecto y tenían que tocar suelo.

Una de las armas más populares y utilizadas con regularidad en la guerra, eran las minas. Cuando alguien tocaba las minas en la Segunda Guerra Mundial, era raro que viviese para contarlo. En este caso, la memoria de los canes japoneses, no podría almacenar esa información.

Alguna que otra parte, minúscula en tamaño, rebotó en la extremidad más importante de la egocéntrica piloto. Pero a ella no le importó. Podía dar testimonio de cómo se mataban a tres pájaros de un tiro y medio.

“Pero…” El radar no funcionaba bien por la arena.

Un sexto Kazelnu le saltó por la espalda. Se trepó y le tapó la visibilidad. De pronto, todo era oscuro dentro del cubículo de la piloto. Los gritos de desesperación y los nombres “Marcus y Alex”, invadieron el pequeño recinto, que no podía producir ecos.

Sentía como le arrancaban, o como intentaban, arrancarle la cabeza.

No importaba lo que la computadora dijese, lo que IGNOS recomendará o lo que RAFAEL notificara.

Rachel lo sentía. Los cables despegándose uno a uno, como si quisieran decapitarla, despegando su cabeza de a poco.

El método tenía sus fallas, la más importante de ellas, era el tiempo.

No era prudente infringir dolor, en el campo de batalla. Hay que acabar ¡YA!

Por eso el Kazelnu, no perduró el tiempo que requería para dejar a la araña, sin cabeza. El misil, que todavía le quedaba de repuesto a la Unidad Eagle, se lo había hecho saber.

Y como una persona que recibía un tiro por la espalda, justo antes de ejecutar su plan maestro. El Androide, cayó al suelo arenoso, como todo un guerrero.

La cabina de Rachel, se hallaba inundada en un rojo pálido que titilaba. Junto con las constantes advertencias de “PELIGRO”, la bella chica suspiró.

•¡Llegué justo a tiempo! – Dijo Alexander entre risas sarcásticas.

•Sí… Te lo agradezco.

•¡Oh!, ¡La Gran Rachel, me lo agradece! Espero que el Doctor, haya grabado esto.

•¡Idiota!

El desierto, fue invadido por las pisadas y las pisadas, fueron complementadas con el ruido que producían los casquillos de bala al caer. Sonaba así, porque había un gigante, entre gigantes en él. Uno de color verde oliva. Los brazos y piernas, extremadamente gruesos, eran el complemento perfecto para acompañar lo que cargaba entre manos.

Marcus. Él piloteaba la Unidad Hunter o Patriot Hunter, como le gustaba llamarle. Y disparaba la ametralladora gatling, más imponente y rápida, que seguramente se habría visto hasta la fecha.

Siguió avanzando y disparando, a lo que sus compañeros creían, era nada, pero se trataba de algo.

Y ese algo, despidió líquido negro, por entre la tierra. Marcus y su Unidad Hunter, tenían que asegurarse de terminar el trabajo.

De esa manera, soltó la ametralladora, que rodo metros abajo por una de las dunas y cogió una granada. Sí, una granada, solo una necesitaba.

La única fuerza que hiso, fue la que requería para arrojarla. Voló por los aires hasta donde se formaban las lagunas de sangre negra y luego de diez segundos, ahí mismo explotó.

Fue un final satisfactorio, que Alexander y Marcus no tardaron en festejar. Pero en medio de risas y agasajos, un gritó despavorido de la joven Barret, cortó de súbito las pretensiones e ínfulas americanas.

¿Era otro enemigo?, ¿Una bomba o acaso se trataba de un alarido por el dolor?

No. Muy tarde, la desafortunada piloto descubrió, que ella y sus compañeros, habían hecho honor a una de las cosas, que hacía tan horrible a la guerra.

•¿¡Rachel!? – Exclamó Alexander.

•¡Esos!... ¡Esos perros!... ¡Esos perros!... Estaban tripulados.

Desde el Patriot, no se podía notar la fina sangre roja, que lograba colarse con los galones de aceite desparramados.

No hubo sobrevivientes.

Todo era silencio en la base. Los grillos no podían entrar ahí, aunque Connors desease que así fuese, no pudo. No lo pudo soportar.

¿Cómo se le había escapado ese detalle?, ¿Cómo pudo ser tan ingenuo?

Richter no lo lamentaba. Él comprendía los costos de la guerra y con su mano posándose nuevamente sobre el hombro de Connors, le quiso hacer comprender que así era.

New York, residencia ADVENT, día siguiente, 6:30.

El lugar es la cocina…

Un Michael, de traje y corbata. Se hallaba devorando un sándwich. En realidad era el segundo de ellos; Michael, no poseía un estómago fácil de complacer.

La mitad superior de su cuerpo, no permanecía erguida. Inclinado se hallaba para morder por encima del plato y prevenir una avalancha de migas de pan, sobre su pantalón impecable.

La voz del locutor de noticias, complementaba un silencio que ni siquiera se inmutó por el pasar de Rachel a la habitación.

No hubo un saludo. El saludo, era siempre emitido por la persona que llegaba al lugar en cuestión, pero fue así y Michael lo comprendió.

Ella se sentó a su lado y coloco su bolso sobre la pasarela de porcelana, donde reposaba también el plato de Michael. Ya estaba vestida, con chaleco, corbata y falda; lista para salir…

Quiso meter unos cuadernos adentró, pero tuvo que cerrar el bolso pronto. Sus lágrimas, empezaban a caer por sus mejillas con rapidez. Algunas, habían logrado mezclarse con las hojas.

Michael pasó la servilleta por sus labios y dejó la mezcla de pan con carne a medio devorar para tomar entre brazos a Rachel.

El locutor seguía hablando, pero cuando sus labios inspiraron la palabra “Desierto de Nevada”, el latino de nacimiento, apagó el televisor.

Hubo otros pasos, esos si los escuchó.

Alexander no estaba de traje. Bastante informal se veía y trataba de disimular una sonrisa. Michael asintió con la cabeza suavemente para no incomodar a Rachel, quién seguía acurrucada a su pecho.

Notó que su cabello, no andaba desordenado como de costumbre. Michael lo señaló a medias y el alemán, risueño, le explicó.

•Me metí en la ducha esta mañana, pero ¡ALGUIEN!, cambió mi shampoo por crema y…

•Entiendo.

Michael reía, era una de las pocas veces que Alexander, lo había visto reír. Rachel, siguió llorando.

La puerta se abrió. El llanto de la piloto no lo pudo ocultar. La alfombra, ayudó a disimular un poco las pisadas que invadían el ambiente, pero no mucho. La Doctora Elisabeth, con blusa escotada y pantalón de cuero, ingresaba a la cocina, muy seria de perfil.

Se miró con la única persona, que se le parecía fenotípicamente. Se podría decir, que se comunicó tan pronto la Doctora, pisó el suelo de aquel lugar. Fue una comunicación, que solo se podía dar entre ellas.

Rachel no quiso despegarse del pecho de su compañero y Elisabeth lo comprendió. Solo se acercó para con mucho tacto, apartarle aquellas gotas que caían de sus ojos y recorrían el camino, de sus bellas mejillas maquilladas.

Le dio un beso en la frente y dijo:

•Vámonos Alexander.

Alexander afirmó la orden asintiendo con la cabeza.

El chico que de todo estaba pendiente merecía una explicación. La cual recibió sin ni siquiera preguntar por ella.

•Vayan a la base tan pronto salgan del instituto. Marcus los llevará.

•¿Marcus lo sabía?

Elisabeth, no quiso compensar con más dudas el lugar.

•No.

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Atravesaron el umbral de la puerta y la cerraron. Rachel dejó de llorar segundos después y quedó como evidencia, de víctimas no fallecidas en la Tercera Guerra Mundial.
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